La oscuridad se había apoderado de su mente, la joven no sabía qué hacer o qué había hecho. Regresó a su casa, no había nadie, miró el reloj y al ver la hora supuso que su hermano ya se había ido a la escuela.
Subió las escaleras, se dirigió al baño y entonces cuando iba a cerrar la puerta vio como una mano se lo impedía. La chica gritó del susto y esa personas entró al baño tomándola de la remera, su expresión era de alguien enojado, confundido.
_ ¡Ephan! -dijo intentando sacarlo del pequeño cuarto- ¿Qué te sucede? -preguntó asustada mientras sentía el frío de los azulejos contra la piel descubierta de su espalda-.
_ Ya me cansé que me ocultes cosas, dime la verdad...¿Por qué hiciste eso ayer? -le dijo con voz recia y sosteniéndola de la ropa, sin notar la cara de confusión que tenía su hermana-
_ No se de que hablas, en serio, suéltame por favor..-rogó por lo bajo hablando con verdad-
_ ¿No te acuerdas de lo que pasó ayer? -buscó a tientas la mano de ella y se la colocó en el rostro de él- Masha, estás cada vez más rara.
_ -esa palabra la había herido, él nunca le decía así, al sentir la piel de él rozar con su mano sintió un gran dolor. Pudo ver por un instante lo que Livia le había hecho, no a Vladimir, sino a Ephan. El corte en su cuello parecía arder más al recordarlo.- Lo siento hermano, lo siento.
Cerró los ojos y sin medirse lo empujó con fuerza y salió corriendo de allí. Salió a la calle corriendo lejos de allí. Su hermano intentó seguirla pero era imposible, no veía por donde se había ido, suspiró preocupado mientras se culpaba amargamente.
La rubia corrió unas cuantas cuadras, ya no, no permitiría que Livia lastimara a Ephan, aunque significara que debía escapar de él. Llegó a su cueva de las sombras, y pese a que era de día, el guardia le permitió pasar.
Fue a la habitación que Nubia tenía como trabajadora, era pequeña pero tenía todo, no le sorprendía que viviera más allí que en su "casa". Revisó el lugar, vio un diminuto baño y decidió que se quedaría hasta ver cómo solucionaría las cosas. Habló con los encargados, por la muy conocida relación que ambas llevaban, decidieron aceptarla al menos hasta que Nubia se recuperara.
Se bañó y tomó algunas prendas de Nubia, igual sabía no le molestaría, sintió nostalgia. Al ponerse la ropa sintió en ella el inconfundible olor a rosas que siempre llevaba su amiga. Se sentó en el suelo y se puso a meditar un rato, necesitaba arreglar las cosas antes de que empeorara. El problema ocurrió cuando intentó conectarse con los recuerdos de Livia, quien esta vez, se negó a compartirlos con su nueva personalidad.
Masha insistió e insistió, el cuerpo y la vida eran de ella ahora y tenía derecho a saber que había hecho esa alma tan fúrica que vivía dentro de ella.
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En medio de aquella prisión de cristal, la joven no gritaba ya más, su pobre alma estaba muriendo lentamente. De pronto siente un golpe en su espalda, se levanta del suelo y mira a su alrededor, una sombra en el cristal. Intentó ver con más detenimiento pero le era difícil, el cristal era muy borroso donde esta figura se hallaba. De pronto la persona o lo que fuera le habló con una voz profunda.
_ ¿Quieres salir de allí? -parecía más bien una afirmación que una pregunta-
_ Claro que quiero, estoy atrapada. ¿Puedes ayudarme? -le decía ilusionada mientras aplastaba la palma de sus manos sobre la gruesa pared que la encerraba-.
_ Puedo hacerte salir, pero no tendrás control de tu cuerpo, Cynthia es más fuerte que tú. Y además tendría un precio. -suspiró y más amable acotó- Aunque si tu aceptas, yo podré asegurarte que te ayudaré desde la realidad.
_-lo pensó un instante nada más, no quería seguir así, no importaba que siguiera en ese lugar solo quería salir de esa prisión- Si, lo haré, no me importa pero ya no soporto más estar así.
_ Como desees, a cambio de llevar mi lazo podrás divagar todo lo que quieras, aunque te doy mi palabra de encontrar una solución. -Hace unos gestos con sus manos y el cristal se convierte en nieve dejando libre a la pelirroja-
Está sale a disfrutar nuevamente de una "casi" libertad, mientras no nota que la extraña desaparece, en la muñeca de la joven aparece un lazo de color rojo. No lo notó de la alegría pero eso significaba estar atada a ese mundo hasta que se pudiera revertir el conjuro.
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Masha tomó un gorro y pasando inadvertida por la multitud llegó al hospital. Caminó por lo fríos pasillos, ese olor particular de clínica la ponía nerviosa y a la vez la asqueaba. Hasta que llegó a su destino, la habitación 69, suspiró resignada y entró sin mucha emoción.
Abrió los ojos, allí estaba, como siempre. Acostada, con el cabello hacía atrás, los ojos cerrados y esa expresión serena en su rostro. Apenas sonrió y se acercó a ella, le acarició el rostro y mirándola con dulzura le dijo:
_ Hola Kesha, he venido a verte, como lo prometí ayer. -su voz era cálida, pero su semblante cambió a preocupación- No tienes idea de cuánto te necesito. -se sentó en la silla a su lado mientras todos sus pensamientos la llenaban de dudas y temores. Apoyó su rostro sobre el borde de la cama y mirándola le confesó- Quiero volver a oír tu voz, eres la única que sabe qué decir para hacerme sentir mejor, aunque odie admitirlo...eres la única que puede comprenderme, aún más que mi hermano.
Cerró los ojos, se quedó descansando un rato, mirando el blanco inmaculado de las sábanas que tenia debajo. Se sentía una inútil por no poder ayudar en nada y encima empeorarlo. Sus pensamiento se oscurecían, no, otra vez no. Pasó su mano por la herida de su nuca, un corte en limpio, aún no recordaba nada y le daba una mala sensación. Otra vez ese dolor que le penetraba las ideas, comenzó a sentirse mareada, no se movía. Creía que perdería el control en cualquier momento cuando de pronto...sintió a alguien acariciarle el cabello.
Esperanzada abrió los ojos pero al mirar alrededor vio algo que no le gustó en lo absoluto. Eran sus padres y Ephan. Sobresaltada se levantó y avergonzada les dijo:
_ ¿Qué hacen aquí?¿Qué escucharon? -miró hacía todos lados, no podía huir de allí.-
_ Venimos a buscarte.-dijo su padre muy serio como siempre- Stephan nos aviso que te escapaste, ¿Te parece prudente dejarlo solo en la casa? Estás castigada señorita, y ni se te ocurra decir nada.
_-miró a su hermano, estaba con los brazos cruzados, la había acusado. Sintió enojo y a la vez sabía que o había nada que pudiera hacer.-
_ Ya deja de estar parada allí y vámonos. -exclamó su madre tomándola del brazo con brusquedad-
_ ¡Ya iré sola en todo caso! -dijo y se la quitó de encima, pero antes de ir a la puerta se acercó nuevamente a Kesha y le susurró- Yo volveré.
Con su mejor expresión de ofendida cruzó la puerta, ella afrontaría lo que venía, sabía que sus padres jamás le creerían si les dijera la verdad. Tendría que inventar una buena historia, y en cuanto a su hermano, debía hablar con él antes de que arruinara todo.
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La noche de ese mismo día, algo sucedió, unos ojos llenos de terror brillaban en la oscuridad. ¿Dónde estaba?¿Qué había pasado? Estaba atada, no veía nada.
En su interior se escuchó el grito de una mujer, Diana, se oía desesperada. ¿Qué le estaba ocurriendo?
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Su mano se movió, su respiración se aceleraba, los monitores saltaban. Una enfermera escuchó el ruido de las máquinas, rápidamente en pocos minutos todo un equipo médico estaba intentando saber qué ocurría con aquella extraña paciente. De pronto su corazón también se disparó, en un segundo tenía taquicardia y al siguiente su corazón había parado súbitamente. En la fracción de minuto que tardaron en llevar el desfibrilador, la joven había abierto los ojos y sentado en la camilla. El monitor mostraba que estaba normal nuevamente. Todo el personal presente no lo podía creer, ella los miró y les dijo:
_ Perdón, no quise asustar a nadie. -sonrió apenas-
Una de las enfermeras se desmayó, mientras los demás revisaban a la chica, no era posible que después de una episodio así se hubiera despertado como si nada.
Unas horas después, Kesha estaba recostada y consciente. La harían quedar la noche para tenerla en observación, aunque la joven parecía estar mejor que los mismo doctores que la atendieron, la verdad le tomaron cierto temor. La chica de ojos oscuros miraba por la ventana, debía encontrar a Masha antes de que fuera tarde. En el mundo de sus almas predecesoras, había visto el encuentro de Livia con Alejandro.
Aquel trato, para vengarse de quienes los pusieron el ridículo no era algo normal. Se supone que el pasado no debe interferir en el presente actual, esto podía tener graves consecuencias...pero más que nada le preocupaba lo que hubieran hecho con Mildred...algo no se sentía bien.
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La joven estaba castigada, miraba la luna por su pequeña ventana, la luna...la luna..la luna. Tenía que salir de allí, un fuerte impulso crecía en su pecho y le decía que saliera, que buscara en la noche las respuestas a su llamado de auxilio. Abrió la ventana, y sonrió de forma casi desquiciada. Se acercó a las ramas del árbol que tenía enfrente y empezó a colgarse de la ramas con una gran agilidad.
Se bajó con cuidado y comenzó a caminar, las calles, iba con tan precisión y sin saber a dónde se dirigía. Tan solo sabía que debía estar en un lugar en ese momento. De pronto, en un terreno baldío donde no habitaba ni un alma, fijo su atención en la pequeña casa que aún, a duras penas, seguía en pie en medio de los pastos crecidos y la basura. Entró en la misma y lo que encontró la dejó sin palabras...lastima que antes de reaccionar su otra parte se apoderó de ella antes de que pudiera hacer nada.
_ ¿Estás cómoda Diana? -dijo con algo de malicia en la voz- Igual no me interesa, al que quiero herir es a Vladimir, y créeme lo lograré. -se acercó a ella y le susurró- Nadie podrá ayudarte, no está vez.
CONTINUARÁ
Oh No!!!!!!!!..
ResponderEliminarQué hizo?!?!..
Quiero saber! D: ..
Oh, Sa-chan, tus historias son tan viciosas!.. Debo esperar, debo esperar! D:.. Apurate con el proximo o, o le digo a Nuria (????..
Jaja, muy bueno el capitulo, saguí asi (: