domingo, 23 de enero de 2011

Problemas y Soluciones

La oscuridad se había apoderado de su mente, la joven no sabía qué hacer o qué había hecho. Regresó a su casa, no había nadie, miró el reloj y al ver la hora supuso que su hermano ya se había ido a la escuela.
Subió las escaleras, se dirigió al baño y entonces cuando iba a cerrar la puerta vio como una mano se lo impedía. La chica gritó del susto y esa personas entró al baño tomándola de la remera, su expresión era de alguien enojado, confundido.

_ ¡Ephan! -dijo intentando sacarlo del pequeño cuarto- ¿Qué te sucede? -preguntó asustada mientras sentía el frío de los azulejos contra la piel descubierta de su espalda-.

_ Ya me cansé que me ocultes cosas, dime la verdad...¿Por qué hiciste eso ayer? -le dijo con voz recia y sosteniéndola de la ropa, sin notar la cara de confusión que tenía su hermana-

_ No se de que hablas, en serio, suéltame por favor..-rogó por lo bajo hablando con verdad-

_ ¿No te acuerdas de lo que pasó ayer? -buscó a tientas la mano de ella y se la colocó en el rostro de él- Masha, estás cada vez más rara.

_ -esa palabra la había herido, él nunca le decía así, al sentir la piel de él rozar con su mano sintió un gran dolor. Pudo ver por un instante lo que Livia le había hecho, no a Vladimir, sino a Ephan. El corte en su cuello parecía arder más al recordarlo.- Lo siento hermano, lo siento.

Cerró los ojos y sin medirse lo empujó con fuerza y salió corriendo de allí. Salió a la calle corriendo lejos de allí. Su hermano intentó seguirla pero era imposible, no veía por donde se había ido, suspiró preocupado mientras se culpaba amargamente.
La rubia corrió unas cuantas cuadras, ya no, no permitiría que Livia lastimara a Ephan, aunque significara que debía escapar de él. Llegó a su cueva de las sombras, y pese a que era de día, el guardia le permitió pasar.
Fue a la habitación que Nubia tenía como trabajadora, era pequeña pero tenía todo, no le sorprendía que viviera más allí que en su "casa". Revisó el lugar, vio un diminuto baño y decidió que se quedaría hasta ver cómo solucionaría las cosas. Habló con los encargados, por la muy conocida relación que ambas llevaban, decidieron aceptarla al menos hasta que Nubia se recuperara.
Se bañó y tomó algunas prendas de Nubia, igual sabía no le molestaría, sintió nostalgia. Al ponerse la ropa sintió en ella el inconfundible olor a rosas que siempre llevaba su amiga. Se sentó en el suelo y se puso a meditar un rato, necesitaba arreglar las cosas antes de que empeorara. El problema ocurrió cuando intentó conectarse con los recuerdos de Livia, quien esta vez, se negó a compartirlos con su nueva personalidad.
Masha insistió e insistió, el cuerpo y la vida eran de ella ahora y tenía derecho a saber que había hecho esa alma tan fúrica que vivía dentro de ella.

------------------------------------------------------------------------

En medio de aquella prisión de cristal, la joven no gritaba ya más, su pobre alma estaba muriendo lentamente.  De pronto siente un golpe en su espalda, se levanta del suelo y mira a su alrededor, una sombra en el cristal. Intentó ver con más detenimiento pero le era difícil, el cristal era muy borroso donde esta figura se hallaba. De pronto la persona o lo que fuera le habló con una voz profunda.

_ ¿Quieres salir de allí? -parecía más bien una afirmación que una pregunta-

_ Claro que quiero, estoy atrapada. ¿Puedes ayudarme? -le decía ilusionada mientras aplastaba la palma de sus manos sobre la gruesa pared que la encerraba-.

_ Puedo hacerte salir, pero no tendrás control de tu cuerpo, Cynthia es más fuerte que tú. Y además tendría un precio. -suspiró y más amable acotó- Aunque si tu aceptas, yo podré asegurarte que te ayudaré desde la realidad.

_-lo pensó un instante nada más, no quería seguir así, no importaba que siguiera en ese lugar solo quería salir de esa prisión- Si, lo haré, no me importa pero ya no soporto más estar así.

_ Como desees, a cambio de llevar mi lazo podrás divagar todo lo que quieras, aunque te doy mi palabra de encontrar una solución. -Hace unos gestos con sus manos y el cristal se convierte en nieve dejando libre a la pelirroja-

Está sale a disfrutar nuevamente de una "casi" libertad, mientras no nota que la extraña desaparece, en la muñeca de la joven aparece un lazo de color rojo. No lo notó de la alegría pero eso significaba estar atada a ese mundo hasta que se pudiera revertir el conjuro.

--------------------------------------------------------------------------

Masha tomó un gorro y pasando inadvertida por la multitud llegó al hospital. Caminó por lo fríos pasillos, ese olor particular de clínica la ponía nerviosa y a la vez la asqueaba. Hasta que llegó a su destino, la habitación 69, suspiró resignada y entró sin mucha emoción.
Abrió los ojos, allí estaba, como siempre. Acostada, con el cabello hacía atrás, los ojos cerrados y esa expresión serena en su rostro. Apenas sonrió y se acercó a ella, le acarició el rostro y mirándola con dulzura le dijo:

_ Hola Kesha, he venido a verte, como lo prometí ayer. -su voz era cálida, pero su semblante cambió a preocupación- No tienes idea de cuánto te necesito. -se sentó en la silla a su lado mientras todos sus pensamientos la llenaban de dudas y temores. Apoyó su rostro sobre el borde de la cama y mirándola le confesó- Quiero volver a oír tu voz, eres la única que sabe qué decir para hacerme sentir mejor, aunque odie admitirlo...eres la única que puede comprenderme, aún más que mi hermano.

Cerró los ojos, se quedó descansando un rato, mirando el blanco inmaculado de las sábanas que tenia debajo. Se sentía una inútil por no poder ayudar en nada y encima empeorarlo. Sus pensamiento se oscurecían, no, otra vez no. Pasó su mano por la herida de su nuca, un corte en limpio, aún no recordaba nada y le daba una mala sensación. Otra vez ese dolor que le penetraba las ideas, comenzó a sentirse mareada, no se movía. Creía que perdería el control en cualquier momento cuando de pronto...sintió a alguien acariciarle el cabello.
Esperanzada abrió los ojos pero al mirar alrededor vio algo que no le gustó en lo absoluto. Eran sus padres y Ephan. Sobresaltada se levantó y avergonzada les dijo:

_ ¿Qué hacen aquí?¿Qué escucharon? -miró hacía todos lados, no podía huir de allí.-

_ Venimos a buscarte.-dijo su padre muy serio como siempre- Stephan nos aviso que te escapaste, ¿Te parece prudente dejarlo solo en la casa? Estás castigada señorita, y ni se te ocurra decir nada.

_-miró a su hermano, estaba con los brazos cruzados, la había acusado. Sintió enojo y a la vez sabía que o había nada que pudiera hacer.-

_ Ya deja de estar parada allí y vámonos. -exclamó su madre tomándola del brazo con brusquedad-

_ ¡Ya iré sola en todo caso! -dijo y se la quitó de encima, pero antes de ir a la puerta se acercó nuevamente a Kesha y le susurró- Yo volveré.

Con su mejor expresión de ofendida cruzó la puerta, ella afrontaría lo que venía, sabía que sus padres jamás le creerían si les dijera la verdad. Tendría que inventar una buena historia, y en cuanto a su hermano, debía hablar con él antes de que arruinara todo.

-----------------------------------------------------------------------------

La noche de ese mismo día, algo sucedió, unos ojos llenos de terror brillaban en la oscuridad. ¿Dónde estaba?¿Qué había pasado? Estaba atada, no veía nada.
En su interior se escuchó el grito de una mujer, Diana, se oía desesperada. ¿Qué le estaba ocurriendo?

------------------------------------------------------------------------------

Su mano se movió, su respiración se aceleraba, los monitores saltaban. Una enfermera escuchó el ruido de las máquinas, rápidamente en pocos minutos todo un equipo médico estaba intentando saber qué ocurría con aquella extraña paciente. De pronto su corazón también se disparó, en un segundo tenía taquicardia y al siguiente su corazón había parado súbitamente. En la fracción de minuto que tardaron en llevar el desfibrilador, la joven había abierto los ojos y sentado en la camilla. El monitor mostraba que estaba normal nuevamente. Todo el personal presente no lo podía creer, ella los miró y les dijo:

_ Perdón, no quise asustar a nadie. -sonrió apenas-

Una de las enfermeras se desmayó, mientras los demás revisaban a la chica, no era posible que después de una episodio así se hubiera despertado como si nada.
Unas horas después, Kesha estaba recostada y consciente. La harían quedar la noche para tenerla en observación, aunque la joven parecía estar mejor que los mismo doctores que la atendieron, la verdad le tomaron cierto temor. La chica de ojos oscuros miraba por la ventana, debía encontrar a Masha antes de que fuera tarde. En el mundo de sus almas predecesoras, había visto el encuentro de Livia con Alejandro.
Aquel trato, para vengarse de quienes los pusieron el ridículo no era algo normal. Se supone que el pasado no debe interferir en el presente actual, esto podía tener graves consecuencias...pero más que nada le preocupaba lo que hubieran hecho con Mildred...algo no se sentía bien.

------------------------------------------------------------------------------

La joven estaba castigada, miraba la luna por su pequeña ventana, la luna...la luna..la luna. Tenía que salir de allí, un fuerte impulso crecía en su pecho y le decía que saliera, que buscara en la noche las respuestas a su llamado de auxilio. Abrió la ventana, y sonrió de forma casi desquiciada. Se acercó a las ramas del árbol que tenía enfrente y empezó a colgarse de la ramas con una gran agilidad.
Se bajó con cuidado y comenzó a caminar, las calles, iba con tan precisión y sin saber a dónde se dirigía. Tan solo sabía que debía estar en un lugar en ese momento. De pronto, en un terreno baldío donde no habitaba ni un alma, fijo su atención en la pequeña casa que aún, a duras penas, seguía en pie en medio de los pastos crecidos y la basura. Entró en la misma y lo que encontró la dejó sin palabras...lastima que antes de reaccionar su otra parte se apoderó de ella antes de que pudiera hacer nada.

_ ¿Estás cómoda Diana? -dijo con algo de malicia en la voz- Igual no me interesa, al que quiero herir es a Vladimir, y créeme lo lograré. -se acercó a ella y le susurró- Nadie podrá ayudarte, no está vez.

CONTINUARÁ

lunes, 17 de enero de 2011

Posesión

El tiempo pasó, las cosas parecían algo estancadas, y a nadie parecía gustarle.
Nubia en el hospital, Masha con culpa, Mildred más despierta que nunca pero sin certeza sobre qué hacer y Stephan intentando ignorar lo que su interior le decía...pero mientras esto ocurre...¿Qué pasa con los otros dos?

---------------------------------------------------------

Anael estaba en su habitación, revisó la hora, 15:45. Tomó su celular, empezó a escribir pero luego borró todo.

_ Mily no me creerá. -se dijo para sí- Se ha enojado mucho esta vez.

Se sienta en frente de la mesa que tenía para estudiar o dibujar y se apoya con ambos brazos en ella. Apoya la cabeza, no tenía mucho que decir al respecto, últimamente no se sentía él mismo. Desde que vio a Mildred algo en él había cambiado, o más bien, algo había aparecido.
En su interior Anael no deseaba hacerle daño, aún la quería, pero no sabía porqué actuaba como un imbécil cada vez que Lucía se le aparecía. Era un buen chico antes de conocerla, y quería seguir siéndolo. Cerró los ojos, los reabrió y entonces alguien estaba sentado del otro lado de la mesa, un hombre de cabello enrulado y largo atado en una coleta.

_ Así que eres tu, no pareces parte de mí en lo absoluto. -le dice con una voz penetrante- Pensé que tendrías más cerebro, pero eres muy ingenuo y tonto. -lo mira con soberbia-

_ ¿Quién eres tu? -le dijo sin levantar la voz e ignorando los insultos- Me haces ver como un idiota cuando apareces.

_ ¿Qué quién soy? Deberías saberlo, es más me sorprende que no lo veas. -sonríe con malicia- Soy Alejandro, la parte de tí que piensa de vez en cuando.

_ Yo puedo pensar por mi cuenta, tu eres el imbécil. -se levanta y lo mira con furia- ¡Quiero que desaparezcas!

_ -con un gesto de la mano le ordena que se vuelva a sentar y el joven sin poder controlarse obedece- No me iré, no aún. Necesito tenerte para cumplir mi cometido, e íbamos bien hasta que Cynthia regresó con sus encantos, vaya cuerpo que le tocó esta vez...

_ ¡No digas eso de Lucía! -le dice furioso- ¡No pienso ayudarte! Solo me has dado problemas.. -nota que no se puede mover- ¿Pero que suced..

_ Ves, eres MI sirviente, soy más fuerte que tu. -se levanta y camina con tranquilidad por el cuarto- Y es evidente que tu amiguita también es más débil que mi bella amante. -dice con seriedad-

_ ¿Amante? -dice sorprendido- Eso no puede ser...Diana y tú estaban..

_ De verdad eres tonto niño. ¿Tu crees en los cuentos? Por favor, ve la realidad. -clava sus mismo ojos verdes en él- Yo nunca quise a Diana, a diferencia de ti que si sientes algo por Mildred. -entonces piensa un momento- Tampoco quiero a Cynthia pero es más divertido estar con ella.. -en su voz había un tono desagradable-

_ ¡Deja de decir cosas sobre ellas! -le gritaba con indignación- Jamás haría algo así con Lucía, yo nunca..lo haría... -entonces unos recuerdos olvidados invaden su mente, para deleite de su alter ego, él quería que viera lo que era capaz de hacer con él-

_ Niños, nunca aprender cuando cerrar la boca. -dice por lo bajo- Pero yo te enseñaré a ser más cordial. -ríe con malicia-

Anael levanta la mirada, no lo podía creer, todas esas noches que pensaba estar soñando habían ocurrido en realidad. Quedó paralizado un momento, Mildred tenía derecho a odiarlo por aquello, pero no había querido hacerlo solo...que Alejandro lo había dominado.
Al despertar, sus ojos no se veían iguales, tomó una campera y salió del cuarto con determinación.

--------------------------------------------------------------------------------------

En un cuarto rosa, las cortinas blancas se movían al copas de la suave brisa que entraba desde afuera. Parecía ser una chica normal, pero en su interior no estaba todo en orden. Su misma imagen se encontraba atrapada en un especie de caja de cristal, ella gritaba pero nadie la escuchaba, solo había una sombra que se regocijaba con su desesperación.
En un momento la dejó completamente sola, en ese mundo tan extraño, nada parecía cambiar. Lucía ya no tenía control de nada, desde que había visto esa sombra en su mente ya no había podido volver a actuar por su cuenta. Estaba en una pesadilla, ya no quería estar así.
Era Cynthia tan fuerte que la había confinado, exenta de voluntad o poder, se pudriría en aquella prisión. De pronto la presencia volvió, esa que la había despertado por primera vez...Alejandro.
Ambos amantes se dejaron llevan por la lujuria una vez más, era lo que siempre hicieron y claramente no cambiarían. Pero esta vez, él tenía una idea más comprometedora, quería venganza, de toda la humillación que le había causado. Entonces la aprisionó contra la pared y la tomó del cuello de forma que parecía querer ahorcarla. La joven sintió como apretaba sus manos cada vez con más fuerza, el aire se le escapaba. Puso sus manos sobre las de él y con un hilo de voz preguntó:

_ ¿Por qué lo haces? Fue Diana quien te traicionó, no yo. -clavó sus ojos claros en él, sabía que tenía razón, siempre la tenía.-

La soltó y aún encima de ella la miró con atención, debía buscar la forma de saciar su sed de compensación. Muerte más humillante que la de él nunca se había visto en su país, miles se rieron y mofaron por siglos. Entonces la pelirroja comenzó a  besarlo con intensidad, ponía sus manos en su cuello nuevamente y un gemido salió de su boca.

_ Sé bueno conmigo y te diré como herirla. -la acarició con una sonrisa torcida-

_-apenas presionó su cuello y con la misma sonrisa preguntó- ¿Te gusta que te trate así?

_ Si...me encanta. -dijo y sus manos descendieron a su pecho- Y creo que a ti también. -sintió algo rozando con su vestido- Hazme feliz Alejandro. -susurró a su oído haciéndolo estremecer-.

_ Lo que desees, pero recuerda nuestro trato. -la tomó de la cintura y la tiró a la cama de ella- Debes decirme como...-es interrumpido por un beso inesperado-

_ Ya cállate, nunca te he fallado. -le reclama y lo acerca a ella-.

--------------------------------------------------------------------------------------

Ella leía, leía y leía. La bronca se acumulaba con cada hoja que pasaba, todo era su culpa. De repente se cansó y tiró el libro contra la pared, se tiró en el respaldar de su cama y con la mano en la frente intentó despejar su mente, no podía encontrar como salvarla.
De pronto, sintió un perfume, las rosas. No, no podía en ese momento ¡No! Se sostuvo la cabeza, tenía que mantener el control de ella misma. Cerró la puerta de su cuarto con traba y se escondió entre las sábanas de su cama, Livia no podía aparecerse de esa forma. Poco a poco el dolor fue pasando, creyó que volvería a la normalidad...pero eso no ocurrió. Alguien tocó la puerta, era Ephan que le preguntaba si iba a cenar con él o más tarde. Masha intentaba responderle pero no podía concentrarse, se levantó pero entonces todo le parecía confuso y terminó por tropezarse con un mueble emitiendo un grito de dolor al sentir la dureza del suelo en su cara. Al escuchar esto, su hermano comenzó a golpear la puerta, nadie respondía y no le gustaba lo que había oído.
La joven rogaba que no entrara, su voz solo parecía empeorar todo. Sintió como la traba cedía por los golpes y cuando todo cesó al levantar apenas la vista lo vio... perdió el control.

_ ¿Masha estás bien? -la buscaba con su bastón cuando sintió un tirón del pantalón. Cayó al suelo y sintió como alguien lo tomaba del brazo- ¿Mash? -dijo con duda-

La joven lo miraba, era él no había duda, las emociones en su interior se perturbaron. Primero cariño, luego lástima, al final enojo. Tomó su rostro y levantó una mano dándole un cachetazo que quedó marcado por un buen tiempo, el joven no sabía porqué había hecho eso, se puso la mano en la mejilla sintiendo un leve ardor.
Se levantó del piso y la dejó sola, Livia estaba furiosa, tomó unos abrigos y salió por la ventana de la habitación...
De pronto al salir, una chico de ojos verdes la estaba esperando, ella lo ignoró y tomo otro camino. Pero él no se rendiría tan fácilmente, la siguió unas cuadras y la tomó por la espalda. Ella se resistió pero luego no tuvo más opción que prestarle atención. En un callejón cercano, había otra mujer, una pelirroja, ambos se miraron.

_ A ti también te traicionaron, ¿No es así? -dijo Alejandro con soberbia-

_  Tu lo deberías saber, fue con su "querida" esposa. -le respondió con sarcasmo- ¿Qué hace ella aquí? -señala a Cynthia, su horrenda forma de  no pasar de ser perciba no había cambiado-

 _ Ella puede ayudarnos, Livia, yo era malo pero tu....tu no te merecías aquello. -si voz era muy convencedora- Tu sabes eso, por eso estámos aquí, queremos proponerte algo.

_ ¿Qué quieren? -sus ojos celestes reflejaban desconfianza, no los conocía demasiado, pero parecían que aún no olvidaban.-

_ Hacer un poco de justicia. -la pelirroja le dijo y se acercó a ella, sabía que era débil ante las mujeres, en muchos sentidos. - Livia, es hora de que Vladimir pague por lo que te hizo. -mostró su sonrisa más seductora-  Solo se esconde bajo la cara de ese joven, en realidad Vladimir es tan consciente como tu y yo. Le gusta que te sientas mal al atacar un inocente, ese cuerpo no es suyo al igual que este no es mio. -pasó su mano sutilmente por su cadera, ya estaba más atenta.-  Toma venganza con nosotros, se que lo deseas tanto como yo.

La rubia la observaba con atención, su enojo persistía, ¿Y si tenían razón? ¿Si Vladimir la tomaba de tonta? Ya lo hizo una vez, entonces porqué no lo haría de nuevo.
No era mujer de dejarse burlar por un imbécil. Su peor pecado, la ira, la incitó a aceptar. Estiró la mano y cerró el trato, ella les ayudaría.

--------------------------------------------------------------------------------------------------

Masha despertó, estaba en un banco de la plaza, qué había ocurrido no sabía pero algo le decía que no había sido nada bueno. Se levantó y se dirigió a su casa, miró el celular, ningún mensaje. Era extraño, ya había amanecido y Ephan no la había llamado ni nada.
Sentía un dolor punzante en el cuello, se pasó los dedos en la nuca y sintió algo. Se miró y tenía sangre, era un corte en limpió. ¿Qué demonio había pasado esa noche? Apuró el paso, sería mejor que llegara antes de que alguien lo notara. En su mente imágenes borrosas, preocupantes y sin sentido. Una medalla de oro colgaba de su cuello....en él un nombre...Diana.


--------------
Ya se que es corto, no critiquen eso....hoy no :P . Este....algo pasa, pasó, no puedo dar adelantos...soy mala!!! xD

domingo, 2 de enero de 2011

Cueva del Mar Rojo

Lilith, la primera esposa de Adán, anterior a Eva abandonó el Edén por propia iniciativa y se instaló junto al Mar Rojo, uniéndose allí con Asmodeo, que sería su amante, con quien procreó miles de demonios, los Lilim, quienes salieron de su encierro a enfrentar aquel mundo...o más bien para que el mundo los enfrentara a ellos...

Y allí estaba, frente a un edificio oscuro y lúgubre, estaba insegura. Una compañera le había aconsejado ese lugar, según lo que había escuchado "Allí encontraras lo que sea", eso le basto como motivo.
Mildred se acercó a la puerta, había dos guardias con cara de pocos amigos, la miraron algo sobrando y le preguntaron:

_ ¿Quién te ha invitado? -la voz era recia.-

_ Nadie, yo solo vine porque me dijeron que me pueden ayudar par encontrar algo. -dijo la joven algo nerviosa-

_ Lo lamento, pero aquí nadie entra si no es por invitación de un miembro, además seguramente ni siquiera debes saber a dónde quieres ir y por tanto no puedes entrar. -el gran hombre se colocó delante de la puerta y no se movió-

_ -Mildred suspiró, no tenía idea de qué haría, pero era claro que no se arriesgaría a desafiar a aquellos gorilas. Se volteó algo desilusionada y fue entonces que la vio, la joven de los ojos oscuros.-

_ Buenas noches Mildred. -dijo con su cortesía habitual, la tomó del hombro y se dirigieron juntas a la puertas del club- Ella viene conmigo, aunque está noche estaré en la sección P avísenle a Livia cuando llegue.

_ Nombre. -dijo el guardia mirándome-

_ Diana. -le contestó como invento y entonces entraron. La castaña solo veía a su compañera, la seguía sin omitir palabra. Livia ese nombre resonaba en su cabeza, el lugar era oscuro seguro tendría que tener cuidado de no perderse. Llegaron a una puerta con la letra P y entraron, era un pasillo con muchas puertas, la mayoría tenía un letrero rojo, al encontrar una en verde la joven morocho entró y la invitó a pasar, claro antes de eso puso su nombre en la placa.-

Era una habitación vacía, de paredes negras y en un pequeño mueble había varios libros y objetos extraños. La joven miró a la desconocida.

_ No se quien eres, pero creo que puedes ayudarme. -le dijo calmada-

_ Tienes razón, yo quiero ayudarte, pero primero debes saber que quizás no eres la única en este problema. -la miró con ojos compasivos- Me llamo Nubia y si me explicas que sucede veré que puedo hacer. -apenas sonrió-

_ Tengo sueños, dormida o despierta, sobre una de mis vidas pasadas. Una mujer llamada Diana. -entonces su voz se tornó seria- pero no solo me pasa cuando estoy sola también con ciertas personas...algo me está pasando y quiero que se detenga.

_ Entiendo, respóndeme. ¿Tiene idea de por qué Diana te muestra sus recuerdos? -le pregunta seria mientras toma uno de los libros y comienza a ojearlo-

_ No, pero creo que algo le pasó estando viva...algo malo y por eso no puede descansar. -miró el piso- Y también creo saber quien se lo provocó. -recordó a Anael, aquel momento en que sus ojos cambiaron, Alejandro no era como ella creía.-

_ -notó la expresión triste de la joven y se le acercó- Tranquila, veremos como arreglarlo pero no puedo comenzar sin mi ayudante. -la invita a sentarse en una silla- ¿Por qué viniste a este lugar?

_ Según lo que me han contado en este lugar se puede encontrar lo que sea. -miró a la joven a su lado- ¿Por qué me ayudas?

_ Así lo quiero, además, también es parte de mi este problema. -respiró profundo y continuó- Al igual que Diana es para tí, yo soy para Kesha. -no le diría su nombre solo lo cambiaría para evitar ciertos inconvenientes.-

Se quedaron en silencio, Nubia sacó varias velas libros y cosas raras para su acompañante. Mildred solo la miraba a menos. En medio de un silencio no incómodo pero si un tanto aburrido entró la tan extraña ayudante de la joven. Tenía el pelo parado, varios tatuajes y un maquillaje gótico que en parte daban miedo. Pero al verla bien le pareció familiar. Entonces se levantó para saludarla y le dijo:

_ Hola yo soy Mildred...-entonces abrió bien los ojos mostrando una clara expresión de sorpresa.- ¡Eres M---- -fue interrumpida por un fuerte manotazo en la boca-

_ ¡No digas eso aquí idiota! -Nubia las separó y saludó a Livia con un suave beso en la mejilla, La rubia se tranquilizó y luego se dirigió a la castaña susurrándole- No está permitido usar tu nombre real, ni siquiera las preguntas directas, aunque en está sección es una excepción.

_ P-pero t-u te ves...¿Livia?...- al ver la mirada asesina de su compañera de clase solo pudo hacer silencio.-

_ Ya cálmate Livia, vino porque yo lo quise. -le dijo con dulzura y entonces miró a Mildred- Ella quiere saber lo que pasó con Diana, quizás sea lo mejor a seguir ocultándole la verdad...

_ Mmm si quizas tengas razón linda. -pasa su mano disimuladamente al hombro de su compañera y la mira.- Aunque no se si podrá con eso. -su mirada era de preocupación-

_ -Mildred las observó, eran raras, pero fuera de eso...- ¿Qué verdad? ¿Tú sabías lo de Diana? -su voz sonaba algo histérica, no tenía idea de qué pensar, tan solo se dejó caer en la silla a su costado-.

_ No hagas aspamento, ya eres grande M--Diana. -la reta Livia y entonces suelta a Nubia pero no se aleja- Ves a lo que me refiero, es muy emotiva, además de pend..-Nubia le tapa la boca y solo responde sonriendo de forma nerviosa-

_ Si ya entendí. -ella conocía los riesgos pero no existe casualidad, el hecho de encontrarse a Mildred en aquel momento era por algo. En todo su pensamiento aún no sacaba su mano de la boca de su amiga, cosa que cambió al sentir un lenguetazo- ¡Livia! ¡No hagas eso! -le dice casi gritando mientras se limpia la baba y se sonroja.-

_ ¿Ustedes son más raras que mis sueños? -dijo con cara de wtf ante lo que acababa de presenciar- Hablemos en serio, ¿Qué saben sobre Diana?

_ -Nubia se pone seria y le explica- Aquí ser como nosotras es normal, numero uno y numero dos, sé que Diana fue tu vida pasada y sé el motivo de porqué se manifiesta en tu vida presente. Ahora el problemas es que quizás no solo sea un problema de Diana, sino también de muchos más...-voltea los ojos, quizás hasta eso tendría que explicarle.-

_ Si lo sé. -ambas jóvenes la miran sorprendidas- Se que Anael mi nov-amigo se llamaba Alejandro y era el esposo de Diana, Lucía mi ex mejor amiga era Cynthia...y creería que tú también Mas- Livia. -las mira esperando respuestas.-

_-Masha se voltea- Creo que te das cuenta que no solo yo te odio entonces, verás es complicado, Livia odia a Diana. -cierra los ojos- Ella fue la razón de que fuera abandonada...

Mildred y Kesha callan por un momento, era claro que la tristeza estaba plasmada en esos recuerdos. La rubia tardó unos minutos en poder volver a verlas.

_ Mejor será que sepa, esto está saliéndose de control. Livia está tomando mi cuerpo de formas abruptas a veces y temo que llegué a hacerle algo a ... tu sabes. -se dirigió a Nubia-

_ Comprendo, ya hablaremos de eso después. -intentó aplacar el ambiente y se sentó entre las cosas del piso, los libros y varios elementos- Vengan siéntense.

Mildred y Masha hicieron lo que la morocha les pedía, esta se levantó y dibujó un círculo de sal alrededor de ellas. A lo bajo susurró:

_ Este círculo es cerrado y nunca violado. -se sentó dentro y cerró los ojos-

_ Nubia es una wicca, ella conoce el poder la magia y al trazar el círculo abre un portal entre nosotras, debe concentrarse para que funcione. -le explicaba la gótica- Si esto resulta, podrás conocer la vida de Diana con todo detalle. -entonces le toma una mano- Debes hacer todo lo que nosotras, de lo contrario no podrás verlo.

_-Mildred tomó la mano con algo de duda, ella no creía en la magia o las brujas pero no tenía muchas otras alternativas- Bien, como digas.

La morocha las mira entonces las toma a las dos formando un círculo de tres. Recita por lo bajo las misma palabras de cuando lo había hecho con Livia y entonces mira a su ahora "ayudante".

_ Cierra los ojos Diana. -le pide- No puedo ir contigo, tu verás las cosas por ti sola pero debes estar tranquila no te pasará nada. Livia escribirá todo lo que relates por si lo olvidas al regresar...-entonces en medio de aquellas oraciones, la castaña terminó por dormirse sin darse cuenta. Había entrado en trance.-

Nubia la sostuvo y recostó en medio del círculo, Livia fue al otro lado. Mientras la joven de ojos oscuros posaba sus manos encima del pecho de la chica, su ayudante tenía a mano un cuaderno y una lapicera. La regresión había comenzado.

_ Mily. -dijo muy bajo y solo como apodo- Dime ¿Qué ves? -preguntó la wicca con un tono amable-

_ Veo un campo, una casa muy grande y un lago en frente, esto ya lo he visto en un sueño. -respondía con un tono bajo y parecía totalmente ajena a cuestionar-

_ Estamos en buen camino entonces. Ahora quiero que entres a la casa y me digas quién vive allí.

La joven se veía como un espectro, no podía hacer nada solo obedecer y observar. Entro a la lujosa casa, todo estaba ordenado, algunos tejidos por allí y uno que otro juguete en el suelo. Nada fuera de lo común. Un retrato, una familia, todos felices.

_ Vive una familia, la madre, el padre y el hijo. -respondió y continuó- pero al parecer hay más gente, muchas mujeres pasan a mi lado...

_ Son las sirvientas Mily. -le responde su guía- Tranquila, necesito que encuentres a la madre, ¿Podrás hacerlo?

_ Claro, creo que es por aquí...-de pronto la chica se asusta- ¡Es Diana! Ella es la madre. -su respiración se alteraba-

_ No te asustes, ella está fuera de ti ahora, tu solo veras como era. Respira y escúchame. -seguía tranquila, debía terminar bien la sesión.-

_ -tardó unos segundos y luego con voz insegura exclamó- Ella no es felíz en ese lugar, está sola, ¿Por qué está sola?

_ No lo se. -mintió, no podía revelar nada por su cuenta- Deberíamos averiguarlo.

_ Si, tienes razón. -parecía un zombie pero sería mejor así-

Mildred recorrió el lugar, había un hermoso jardín y una mujer lo cuidaba con devoción absoluta, alguien más estaba allí pero no era una sirvienta, sino una doncella de larga cabellera. Estás miraron a la joven y le sonrieron.

_ ¿Pueden verme? -preguntó sorprendida-

_ Claro que podemos, somos Livia y Nubia. -dice la rubia- también estuvimos aquí, solo que de otra forma.

_ Ya veo, ustedes también están solas...no me gusta este lugar. -sonaba desanimada, antes de decir nada más Diana apareció detrás suyo-

Habló con los jóvenes, al parecer las conocía, una trabaja para ella y la otra solo era una acompañante en los días que su esposo pasaba por el valle para ayudarle con algunas cosas de la casa. A la castaña no le pareció importante, pero al ver como Diana miraba a Livia sintió culpa en sí misma. Había algo en la mirada de la rubia, odio o quizás rencor. ¿Qué había hecho ella para que la mirase de esa forma?
Diana terminó y volvió a la casa, estaba sola casi todo el tiempo, recorriendo los pasillos y viendo antiguas fotos. Al parecer algo la afectaba. Su esposo, Alejandro, no era el mismo desde que había hecho aquel viaje hacía la ciudad vecina. Estaba alejado, desconsiderado y su la forma de tratarla se había vuelto algo hostil. Ella le temía, varios recuerdos comenzaron a azotar su mente.
Él la golpeaba, tiraba y rompía todo en sus ataques de furia. Diana nunca gritaba, solo se callaba por temor a empeorarlo, aún así en su interior el miedo la llenaba por completo. ¿En qué se había convertido?
Varias eran las noches en que se dormía de cansancio a causa de varias horas llorando en medio de la oscuridad de la sala. Muchas de sus sirvientas lo sabía, ellas mismas arreglaban los desastres que causaba su "señor", pero no era su asunto entonces no intervenían.
Aunque las marcas se iban en unos días, el dolor dentro de Diana crecía.

_ Tengo miedo. -dijo de repente he intentó levantarse, asustada por lo que veía-

_ -la recostaron nuevamente- Aún no, tienes que ver, quizás las cosas mejoren...-la animó Nubia-

_ -Livia la miró con el ceño fruncido, algo preocupada.- Nubia, creo que esta..

_ Relájate, tan solo concéntrate. -estaba preocupada, las cosas se verían complicadas desde allí- Mily ¿Ella quiere a alguien?

_ Si, a Alejandro, aún cuando la lastima. Está enferma. -opina desde su punto de vista- Nadie debería dejar que la traten así.

_ Tienes razón. -debería formular mejor la pregunta- ¿Ves que alguien la ayude?

_ ¿La ayude? -piensa un momento y regresa a su silencioso recorrido-

Había desaparecido, no estaba en la casa. Salió afuera, era de noche, algo en el ambiente se sentía mejor. Mildred paseó por el lugar, estaba vacío todos dormían, entonces en el pequeño jardín se veía una distante luz. Había dos personas viéndose en secreto...una era Diana y el otro era un hombre muy diferente a Alejandro. Este la contenía y consolaba, ella solo le contaba lo sucedido y lloraba mientras lo abrazaba, feliz de verlo nuevamente.

_ ¡Si! Alguien la ayuda. -dijo más animada- un hombre muy amable está con ella. -se dedicó a ver la triste pero a la vez dulce escena-.

El hombre y ella se sentaron en un pequeño banco, ambos tenían los ojos brillantes. De repente él le susurró algo, ella se sonrojó y su expresión se tornó preocupante.

_ No deberíamos estar aquí, está mal...-él coloca uno de sus dedos sobre los labios de ella-

_ Él no está esta noche, no podrá hacerte daño si te ve conmigo. -le dice con voz serena-

_ Tu sabes que no es eso a lo que me refiero. -mira por lo bajo- ¿Qué dirá tu esposa si se da cuenta que te escapas de esta forma?

_ No me importa, al menos no ahora. -le sube suavemente el rostro.- Diana, ven conmigo. -entonces acerca su boca deliberadamente y la besa.-

Mildred quedó en shock y se negó a ver más. Se levantó de golpe y no lograba ver nada, como si aún siguiera en el pasado. Algo malo pasaba, alguien gritaba, el frío de nuevo...
En el presente Nubia intentaba calmarla, pero ya no podía escucharla, entonces no solo Mildred se puso difícil ahora también Masha se veía mal, se había puesto pálida.

_ ¡Livia! -gritó mientras aún sostenía a la joven que luchaba por salir de aquel trance- ¡Respóndeme! -los ojos de Nubia se llenaron de miedo cuando vio que Masha se desvanecía hasta caer y romper el círculo con un movimiento de su mano.-

Soltó a Mildred he intentó componerlo pero era demasiado tarde. Tendría que sacarla rápido o podría quedarse atrapada. Entonces colocó su mano en medio de la frente de ella y recitó cuando rezos y conjuros sabía, debía actuar rápido.
La castaña veía la furia de Alejandro atentar contra Diana, los había descubierto. Pero no terminaba allí, algo más...Vladimir...la nieve...todo desaparecía frente a sus ojos. En medio de la oscuridad escuchó una voz, alguien la llamaba. Abrió los ojos y el rostro de Nubia se hizo presente, miró a un lado Masha estaba inconsciente.

_ ¿Qué le sucedió? -se levantó y vio como las manos de la morocha temblaban-

_ Cálmate, ya pasó. -la soltó dejándola y dirigiéndose hacia Masha-

La miró con atención, no estaba herida, pero su cuerpo se sentía frío. Le levantó la cabeza y le acarició el cabello, la abrazó con cuidado. Debió haber sido el espíritu de Livia, se había alterado con el relato de Mildred.
La joven solo la miró, no sabía porque le daba la impresión que había sido su culpa. Se acercó y le ofreció su ayuda. Entre las dos, la sacaron de esa parte y al otro extremo de la habitación Nubia se sentó en el piso y recostó la cabeza de Livia encima de sus piernas. La miraba y suspiraba, no debió haberla involucrado.

_ La quieres mucho ¿Verdad? - le dijo Mildred cautivada por el trato dulce que le tenía-

_ Si...mucho. -le responde y sonríe. Entonces la miró y le dijo.- ¿Recuerdas lo que pasó?

_ Algunas cosas, pero en cuando abrí los ojos todo se mezcló. -se sentía algo deprimida-

_ Ve y lee lo que Livia anotó. -le ordena señalando las hojas tiraba en medio de la sal dispersa-

La chica fue y las juntó, se sentó cerca de Nubia y comenzó a analizar las cosas con cuidado. Al leer las notas todo fue más claro, hasta la parte del "engaño" y entonces tuvo que parar.

_ Diana estaba casada, pero engañaba a Alejandro. -dijo algo desilusionada-

_ Depende como lo mires, quizás el término no es el correcto. Ella sufría mucho a su lado. -le dice la morocha aún con expresión preocupada- Piensa que antes se casaban por conveniencia y no les importaba si se amaban o no.

_ Creo que si, pero aún así, Vladimir -hizo una pequeña pausa por el eco que le hacía mencionarlo- él también engañaba a su esposa, eso me hace pensar que él era como Alejandro. Porque él también lo hacía con Diana. -su inconsciente estaba hablando-

_ Tan solo tómate un tiempo y cuando estés tranquila intenta recordar, no pienso volver a hacer una regresión. -le dijo seria- el problema es que la historia es propensa a repentirse, debemos evitar que eso pase. Es muy doloroso que lo diga así, pero...el final de esa historia es trágica.

_ ¿Quieres decir que alguien... -calló por un momento-

_ Si, alguien murió. -mira por lo bajo y luego con más fuerza en su rostro le dice- Por eso, si lo logramos, estoy segura que Diana estará en paz. Es por ella que todos nosotros hemos despertado.

_ Anael no es como Alejandro. -le dice de la nada- Él nunca me haría daño, no es así.

_ Quizás él no, pero su alma si...no te ha pasado que Diana te controla, por encima del cuerpo, su alma te domina. -le dice con frustración- Eso le puede pasar a cualquiera de nosotros porque nuestras almas están perturbadas, no deberíamos recordar el pasado de esa forma.

Piensa un rato bastante largo, era por eso que él se comportaba tan raro...incluso ella misma olvidaba lo que hacía, ¿Diana se estaba apoderando de ella?¿Qué quería?
Todo tenía más sentido, pero si se estaba repitiendo, si Anael hacía lo mismo que Alejandro eso querría decir que él...
Cerró los ojos resignada, Lucía...
El silencio reinaba en la habitación, todo se había tornado melancólico y las caras reflejaban dudas. Media hora estuvieron así, entonces una de ellas dijo:

_ ¿No te parece raro que Livia no haya despertado aún? -como un niño con una pregunta inteligente, esas palabras resonaron en la mente de su compañera.

_-abrió los ojos sorprendida.¡Cómo no lo había notado! El tiempo pasaba pero su mente estaba tan dispersa que se había olvidado de Livia.- ... -no tenía fuerza para emitir palabra alguna-

Mildred se levantó y sacudió un poco a la morocha, el rostro de Livia seguía pálido. La tocó, estaba fría, entonces comenzó a desesperar. Nubia intenta entender, si fuera una posesión interrumpida debería haber despertado a los pocos minutos pero entonces eso debería ser que...

_ ¡Masha! -gritó con los ojos llenos de lágrimas. Tomó el rostro en sus manos e intentó despertarla- ¡Despierta!¡ Despierta! -la joven apenas abrió los ojos pero los tenía de color negro-

La wicca se asustó y comprendió. En la regresión, Livia intentó entrar al cuerpo de Masha, por eso estaba nerviosa. Al sacar a Mildred tan rápidamente dejó el portal abierto y entonces al ser Masha la única tranquila ella fue quien se quedó atrapada.
Se enderezó y comenzó a abrir cuanto libro de conjuros encontraba, nada, no encontraba nada. Estaba desesperada, Ephan la mataría, no podría sacarla de ese estado y todo estaría arruinado. Mildred la veía con preocupación, no sabía que pasaba, entonces le preguntó:

_ No se despierta, deberíamos llevarla a un hospital. -intenta acercarse a Nubia-

_ ¡No!¡No!¡No! ¡Es mi culpa! -dijo muy nerviosa y comenzó a llorar de furia, buscaba una solución pero no tenía nada. Ella no tenía a nadie, pero Masha en cambio si y ahora no sabía que hacer.-

_ Pero quizás... -tenía miedo, la joven lloraba en medio de todas esas hojas y ella no podía ayudar en nada. Maldecía el día en que conoció a Anael, de no ser por ello nada habría pasado.-

Nubia cortó una hoja y con rapidez fue hacía Masha, la castaña la siguió, ¿Había encontrado la solución? La morocha se sentó y le dijo a Mildred.

_ En cuanto despierte dile que estoy bien, llévenme a un hospital, aquí no podré quedarme. -entonces su voz se quebrantó- No tengo familia así que no importa, tan solo creerán que estoy en coma o algo así, pero no sospecharán de nada más...yo, tomaré el lugar de Livia. -comenzó a recitar unas palabras en latín, se acercó a Masha y entonces un humo blanco salió de su boca y entró al cuerpo de Nubia. Quien se desmayó al instante.

Mildred estaba muy confundida, primero una ahora otra, ¿Que debía hacer? Se preguntaba histérica, entonces se dirige a la puerta, iría por ayuda. Cuando un ruido detrás de ella le llama la atención.

_ Ayy mi cabeza...-dijo la rubia despertando perezosamente- ¿Qué demonios hago en el piso?

Entonces miró a Mildred, qué hacía en la puerta si la sesión aún no terminaba....esperen...ella se había desmayado. Sintió algo frío a su lado, se volteó y vio a Nubia tirada en el piso.

_ ¡¿Qué le hiciste?! -preguntó completamente asustada-

_ Ella lo hizo, fue para despertarte, yo no entiendo nada. -intentó defenderse pero la mirada de furia de la rubia la intimidaba- Dijo que deberíamos llevarla a un hospital.

_ -Masha se quedó un momento mirándola y entonces se levantó y la tomó de un hombro- ¡Entonces ayúdame imbécil!

La cargaron hasta la recepción y allí uno de los guardias se alarmó y llamó a una ambulancia. Ellas esperaron, nadie comprendía nada, pero aunque lo explicaran nadie les creería.
Los paramédicos la atendieron, parecía estar estable pero nada señala la causa de su desmayó. Le frotaron en el tórax, nada, de verdad estaba inconsciente. La cargaron con ellos y fueron al hospital.
Masha se quedó paralizada, mientras veía como el vehículo se alejaba. Entonces se tomó del pecho y una lágrima negra recorría su rostro. La ira la dominó, tomó a Mildred de la remera y la acorraló contra la pared.

_ Es tu culpa, de no ser por tí, nada de esto hubiera pasado. -no gritaba pero el tono de su voz era desgarrador, una mezcla de enojo con tristeza- No te acerques nunca más, ni a Nubia ni a Ephan, quizás ellos sean capaces de perdonarte pero yo no. -la tiró al suelo- No haz cambiado nada, tú merecías morir, solo causas dolor a quienes te rodean. Ahora y siempre. -salió caminando hacía su casa-.

_ ¡Espera! -le gritó Mildred he intentó alcanzarla-

La rubia solo se la sacó de encima y se alejó. Masha no quería que la viera así, porque bien sabía en su interior, que no había sido culpa de nadie.

------------------------------------------------------------------------------

La joven estaba deprimida, desde lo ocurrido aquella noche no tenía ánimos para nada. Tres semanas encerrada en su cuarto, no tenía escuela porque era época de vacaciones de verano, cosa que no ayudaba.
Su habitación la deprimía, su música la deprimía, ver la ventana la deprimía...era un tiempo difícil. Sus padres lo notaron, comenzaron a preocuparse pero la joven no hacía caso a sus sugerencias. Solo su hermana menor, y por persistente, logró que saliera de aquel lúgubre lugar que había convertido en su cuarto.
Caminaba por la calle, nada nuevo, nada que llamara su atención. Andaba cabizbaja, quería olvidar todo lo que había pasado, tan solo podría animarla.
Pasó una hora caminando y entonces optó por ir a ver a Lucía, si quería que la historia no se repitiera debería decirle lo ocurrido...y quizás volver a ser amigas. A fin de cuentas, Anael tenía razón ella no tenía pruebas de nada. ¿Habrá sido prejuiciosa?¿Se habría equivocado?
Llegó a la gran casa y fue recibida por el padre de la pelirroja.

_ Sube, está arriba con otra compañera. -dijo sin importancia-

_ Gracias, Sr. Devani. -le sonríe y entonces sube por la escalera en silencio. Se escuchaban voces desde la habitación, pero no parecía una voz femenina. Mildred se puso atenta, se quedó detrás de la puerta.-

_ Basta deja de jugar, que mi papá está debajo. -le dice riendo-

_ Si no fueras tan chillona...-la voz también reía- Ven aquí.

_ ¿Cómo resistirse a esos ojos? -le dice juguetona y entonces se hace silencio-

La castaña se asoma por la puerta, Lucía estaba besando a un chico, ambos parecían "divertirse" entonces ella se separa y la joven queda atónita con lo que vio...era Anael.
Se tapó la boca y corrió escaleras abajo, debía salir de allí. Nadie en esa casa se dio cuenta.

Corría por la calle, no tenía idea de a donde ir, solo quería escaparse y desaparecer de ese maldito lugar. Pasó por la casa de Ephan, quiso entrar, pero algo la detenía. Si Masha tenía razón, solo terminaría por lastimarlo a él también. No quería eso.
Dio media vuelta y sintió el frío nuevamente, la noche a su alrededor, todo se volvía borroso. Se sentó en el cordón de la calle y esperó a ver si se mejoraba. Se tomó de la cabeza, sentía algo moslesto. Se sacudió el cabello, algo blanco caía de él...no era caspa.

~La nieve, todo estaba blanco, la misma escena de siempre. Pero algo estaba distinto, Diana no estaba tirada, es más, solo admiraba el paisaje. De repente alguien la toma por la espalda y la voltea, Alejandro, la mira con furia y comienza a golpearla ferozmente.
Mildred intentaba evitarlo, era en vano, solo era un visión. De pronto la deja, tirada en la nieve, se aleja, la abandona.
Diana pedía por ayuda, nadie la escuchaba, como pudo se levantó he intentó caminar hacía la casa nuevamente. Todo era inútil, se cae, está sola. La sombra de la muerte se sienta a su lado, como esperando a oír su último suspiro. De pronto una mano se tiende a ella...los ojos azules aparecen en la mente de Mildred...~

_ ¿Quién está ahí? -pregunta una voz cálida-

_ -la castaña siente un golpecito en el braso. Despierta finalmente y entonces ve a Ephan allí, su mente se abrió y finalmente se dio cuenta- ¡Ephan! -grita emocionada y se levanta- ¡No fue Diana! -le dice eufórica, y lo abrasa con fuerza-

_ -él la recibe totalmente desorientado- Este...que bueno. -dice por decir, Diana, le sonaba el nombre-

_ No sabes cuanto. -se recuesta en su pecho- Después de todo no fui quien arruinó la vida de todos...

_ -quien la cara de WTF aumentó considerablemente, la aleja un poco y le sostiene el rostro- ¿Tomaste algo? Estas hablando muy raro. -apenas sonríe-

_ -Mildred lo mira, quizás él no sabía nada, sería mejor así.- No, pero no importa.

El joven solo la contuvo hasta que le pasó la ansiedad, de verdad que era una chica muy distinta a las que conocía y por eso le gustaba tanto...que demonios, ya casi no podía soportarlo más, quería decirle...

----------------------------------------------------

En una habitación blanca, frente a un cuerpo inmóvil se encontraba Masha, cuidando de Kesha. La miraba con una gran tristeza, quería escucharla hablar de nuevo, necesitaba hablar con ella.

_ Kesha...-toma su mano- debí habértelo dicho antes...-se arrepintió- Lo siento, todo es mi culpa, pero encontraré la solución. -la aprieta fuerte la mano, esperando en vano a que ella le respondiera.-

----------------------------------------------------
Debajo de unas sábanas rosas, una joven se despierta, se levanta con cuidado y susurra.

_ Él nunca me lo dirá, al menos no en serio. -Cynthia se apoya sobre la ventana- Él no me ama y solo me está usando, pero aún así...yo si lo amo.

-----------------------------------------------------

~Te quiero~

CONTINUARÁ

-Si alguien no entendió la última parte, por favor no tengan miedo de preguntar ^^-