lunes, 7 de marzo de 2011

El fin, el comienzo

"Y nadie recordará nuestra presencia, ni nuestra historia, ni cómo influimos en sus vidas. Porque esos eran nuestro deseo, no los suyos, el encontrarnos."

Y de los seis jóvenes, ninguno recordó nada. 

~El destino es gracioso~

Un mes después de un incidente bastante extraño, un joven invidente paseaba cerca del río escuchando el ruedo de la corriente. Alguien se sienta a su lado, un niño pequeño con ojos traviesos y el cabello castaño ondulado.

_ Hola. -dijo inocente dirigiéndose al chico-

_ Hola. -respondió él amable- ¿Estás solo? -era raro que un niño pequeño anduviera solo-.

_ Nop, estoy con mi prima, pero me perdí. -le dice sin preocupación alguna-.

_ Debe estar buscándote. -se levanta y le ofrece la mano- Ven te ayudaré a encontrarla, no deberías andar solo por esta parte del río, es peligroso. 

El niño le toma la mano y comienzan a caminar por entre los árboles, al preguntarle en nombre de su prima el niño respondió "Mildred". El joven de ojos azules comenzó a llamarla, el niño le suelta la mano y corre. Ephan intenta seguirlo pero sus pasos parecían desaparecer, entonces un impulso en su boca...

_ Mildred. -se quedó quieto en ese lugar-

Una chica de cabello largo se voltea, estaba sentada en un banco adelante, lo mira con desconcierto y se le acerca.

_ ¿Cómo supiste mi nombre? -le pregunta curiosa-

_ Ehh...este...yo...-no sabía porqué pero su voz lo puso nervioso- Soy Stephan. -dijo sonriendo como tonto-.
_ -ella rió por lo bajo al escucharlo así pero volvió a preguntar- Un gusto Stephan, pero..¿Cómo sabes que me llamo Mildred?

_ -piensa un momento, algo faltaba.- Emm...tu primo se perdió y bueno, lo ayudé a buscarte pero ahora no se donde se fue. -sonaba muy seguro-

_ ¿Primo? -dijo graciosa- Te debieron haber hecho una broma, yo no tengo primos. -se le acercó un poco más- Ven te invito una gaseosa por la molestia.

_ -algo desorientado por lo que había dicho- Claro, pero yo pago. -sonrió apenas y sintió como lo tomaba por la mano, él se sonrojó con intensidad-.

_ Eres muy tímido, no importa, te me haces conocido. -le dice de forma amable-

_ Tu también...

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Una joven de atuendo gótico caminaba por las calles, era de noche y sentía la necesidad de fumar. Mala costumbre que se le había dado desde una fiesta unas semanas antes. Sacó un paquete de cigarrillos pero entonces un niño pequeño corre y se los saca con astucia largándose a correr. La rubia le grita furiosa y comienza a seguirlo. 

_ Hey pequeñe demonio, ven aquí !! -decía con enojo-

_ Ven por ellos. -la desafió el niño mientras sonreía y dobló en la esquina-.

La chica también lo hizo pero entonces se chocó con otra que venía bastante despistada. Ambas en el suelo, la rubia encima de la morena se levantó con apuro y la ayudó.

_ Lo siento mucho, pero estaba siguiendo a un niño y no me di cuenta, perdón. -dice con pena y la mira para ver si le había hecho daño-

_ Está bien, yo tampoco me fijé por donde iba. -entonces se le acerca sonriendo y muestra un paquete de cigarrillos en su mano- Un niño me dijo que los guardara, pero creo que son tuyos. 

_ ehhh sii, son mios. -dijo con confusión, en qué momento? - Este, gracias.

_ Alguien tan joven no debería fumar.-le dice a broma y tira el paquete a un charco de agua- Me lo agradeceras...

_ ¡Hey! -entonces a punto de maldecirla la mira a los ojos y siente algo extraño-

_ Ya, no es para tanto.-le dice amable- Lo siento pero no me gustaría verte enfermándote por eso, soy Kesha por cierto. -le ofrece la mano como si nada-

_ Masha. -se sorprende, sus nombres se parecían, le toma la mano- ¿Nos hemos visto antes?

_ No lo creo. -sonríe- Me gusta como estas vestida, en el lugar donde trabajo hay mucha gente de ese estilo.

_ ¿En serio? Cuéntame más. -dice con un poco más de entusiasmo y comienzan a caminar juntas-.

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El pequeño angelito se paseaba por unas calles de poca confianza, cuando de repente un hombre comienza a acercarse a él con malas intenciones. A punto de tomarlo por la espalda un joven de ojos verdes lo golpea y este cae directo al suelo, entonces va con el niño y comienza a regañarlo. El hombre, que pese a estar aturdido no estaba inconsciente se levanta y apunto de golpear al joven nuevamente recibe un golpe en la nuca pero esta vez de algo mucho más pesado.

_ -el niño y el chico se quedan sorprendidos al escuchar el ruido del cuerpo cayendo-

_ Salgamos de aquí, este lugar es peligroso. -dice la joven de cabello enrulado y rojizo-

Ambos asienten y comienzan a caminar a su lado, una vez que estuvieron en un lugar menos sombrió el chico se animó a hablar.

_ ¿Cómo te llamas niño? -dijo mientras la chica lo miraba también-

_ Samuel. -dice muy seguro con un tono infantil muy dulce-

_ ¿Dónde están tus padres? -le dice la pelirroja-

_ Por allá... -entonces señala y los hace voltear-.

Luego se regresan al niño pero este había desaparecido. Entonces comienzan a buscarlo entre la gente pero no logran encontrarlo. El chico se ofrece a acompañarla hasta su casa y en mientras caminan le pregunta:

_ ¿Cómo fue que le hiciste frente a ese tipo? -la miró fijo-

_ Es que tengo mis trucos. -sonrió y le mostró en su bolso un ladrillo-

_ -con una sonrisa torcida- Recuérdame no hacerte enojar...ahh por cierto, soy Anael, un gusto.-le ofreció la mano-.

_ Lucía. -le estrecha la mano y luego lo mira con más atención- Eres el chico nuevo de la escuela, no me había dado cuenta. jajajjaja

Aún riéndose siguen juntos, y sin darse, con su encuentro, todo termina y todo comienza. Solo que está vez, tuvo un final feliz.


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Gracias a todos por leer, es corto pero justo el final que quería. ^^
Espero que les haya gustado y hayan disfrutado de cada capítulo de esta extraña historia.
Sa-chan

sábado, 26 de febrero de 2011

La oscuridad del olvido

Fue en medio de la oscuridad que comenzó, y sería allí donde debía terminar...


-Hace mucho, mucho tiempo-.


Yo lo conocí como un trabajador más de mi esposo, Vladimir, desde la primera vez en que lo vi no pude sacarlo de mi mente. Su presencia hacía los días más fáciles, verlos realizar sus tareas en silencio, escuchar su voz hacía mi personas, todo. Me sentía bien con él, como si de alguna forma pudiera sacar de mí la tristeza y soledad que la ausencia de Alejandro causaba en mi cuerpo.
Después de unas conversaciones, empecé a sentir mucho apego a su persona, deseaba verlo, deseaba que estuviera conmigo. Supe que era una locura, ambos estábamos casados, yo tenía un hijo pequeño, no eramos tan valientes para afrontar una aventura así... ¿O si?


Una noche, una tormenta de nieve se desató en el campo. Ayudé a todos a guardar los muebles del jardín, pero algo andaba mal, alguien faltaba. Todos estaban dando vueltas por la casa, pero sentía que me faltaba algo. Igual ante el apuro del momento, seguí ayudando a todos sin preocuparme por ello. 
Una vez que terminamos, y gracias a que la casa era grande hubo espacio suficiente para que todos hallaran un lugar en donde descansar. Entonces me acerco a la ventana, sentía que debía ver algo.
Tomé mi abrigo y sin apuro alguno salí, el viento era helado y todo estaba cubierto de nieve. Entonces un lamento llega a mis oídos.


_ ¡Madame!¡Madame! ¡Ayúdeme por favor! -la voz parecía desanevecerse-


_ ¿¡Dónde estáis!? -grité con desesperación buscando al afligido, me acerqué al jardín de rosas de mi hermana y lo vi. Eran él congelándose en medio de unos rosales muertos- ¡Vladimir! 


Corrí hasta él y lo sostuve en mis brazos, estaba helado, y apenas podía mantener los ojos abiertos. 


_ Por favor, levántate, te llevaré adentro. -le rogaba mientras lo levantaba sobre mi hombro-.


_ Oh...Diana...Madame...regrese, no se ponga en peligro por mi. -me rogó asentando los pies en la tierra- ¡Vállase o la tormenta podría atraparla a usted también! -sus ojos azules se posaron en los míos como una caricia.-


_-Ya estaba bastante lejos de la entrada, pero no lo dejaría, así que ignoré sus súplicas y comencé a caminar con él a paso lento- No te dejaré, Vladimir, si tu te quedas me quedaré a tu lado. 


_ Madame. -dijo mientras intentaba apresurar el paso, jamás había puesto en duda mis palabras, yo me sonrojé por lo bajo y continuamos-.


Abrí la puerta con esfuerzo y lo recosté en un sillón mientras le buscaba algo para calentarse. Pese a tener mis manos congeladas y mi rostro desgarrado por el frío que me había azotado, era él mi prioridad en ese momento. Volví con algunas colchas y unas tazas de té, en cuanto entré noté que estaba sentado. Tenía el rostro pálido, y por alguna razón estaba sonrojado, quizás la nieve lo había quemado.


_ ¿Cómo te sientes? -le pregunté mientras dejaba las tazas en la mesa frente al sillón y lo cubría con una de las mantas- ¿Vladimir?


_ ¿Por qué lo hizo? -me miró directo a los ojos y suavemente se levantó despacio y me cubrió con la manta también- Si algo le pasara nunca podría perdonármelo. 


_ -me sonrojé por completo y al mirarlo noté que aún temblaba. Lo recosté y me quedé a su lado, por alguna razón, estaba más cálido que yo entonces me acerqué un poco hasta apoyarme en su hombro- Porque sé que hubieras hecho lo mismo por mi, por favor no me avergüences por ello. Solo soy honesta.


_ -se sonroja aún más, era tan tímido. Me pasa el brazo por detrás de la espalda y me abraza- No lo vuelvas a hacer, te lo pido, yo no valgo esa clase de cariño.


_ ¿Qué dices? Tu eres el mejor hombre que he conocido. -le dije escuchando los acelerados latidos de su corazón- Pero si tanto lo deseas, soy capaz de jurarlo. No volveré a arriesgar mi vida. -


_ No merezco ni siquiera lo que acaba de hacer por mi, soy un mal hombre entienda. -hablaba con su rostro sobre mi hombro, era tan suave su voz- Se que mi esposa sufriría pero...-dudo un segundo y se separó de mí para verme a los ojos- usted es lo más importante, porque yo..yo..


_ Te amo. -aquellas palabras salieron de mis labios cuan suspiro- Yo tampoco merezco tu amor, pero aún así..lo deseo. Vladimir, di mi nombre, por favor. -le rogué, estaba cansada que aún me tratase de usted-.


_ Diana. -sonrió por lo bajo pero su mirada era triste- ¿Qué estamos haciendo? Estoy lastimando a la persona que amaba, y pese a ello, no quiero renunciar a us....a ti. 


_ -yo me sonrojé por lo bajo, sonaba tan lindo mi nombre de él. Volví a abrazarlo y le dije- Estamos amándonos, ¿No es eso suficiente para justificarnos?


_ -hizo silencio un momento y tomó mi rostro entre sus manos- Si, si lo es. -posó sus labios sobre los míos, besándolos con suavidad, como si fuese lo más delicado que alguna vez hubiese tocado- Te amo Diana.


Fue nuestro primer beso, mi primer beso de amor, algo solo él podía darme. En cuanto se separó de mi, pude ver la culpa asomarse en sus ojos lo atraje a mi cuerpo, quería que sintiera el calor que me invadía cada vez que él me amaba y le volví a besar de una forma apasionada y desesperada al mismo tiempo. Vladimir, al principio tímido, comenzó a llevarme hacía él, abriendo su corazón, su confianza hacía mi. En un momento la ropa comenzó a estorbar...y terminamos cayendo juntos en el pecado.
Lo amé, lo amo y lo amaré.


~ Tiempo pasó desde aquella noche~


Alejandro comenzaba a sospechar, claro le encantaba que mis ojos y esperanzas se depositaran en él. Al verme alegre y llena de vida nuevamente, se sintió amenazado, yo sabía bastante bien que el pensaba que no merecía sonreír si no era por su presencia. Pero me cansé, de esperar, de desilusionarme, de esperar una muestra de amor por su parte. En cierta forma acepté lo que por muchos años soporté, él nunca me amó solo quería poseerme y una vez que lo logró dejé de importarle.
Lo único que no pude ver fue el peligro al cual me exponía, una mujer haciéndole frente a su esposo no era bien visto y si se llegaba a divulgar era seguro que su nombre caería en humillación y chisme de todos. Mi confianza fue mi fuerza y a la vez mi perdición, cuando una noche, después de acostar a mi hijo cometí el mayor error de mi vida. 
Estábamos durmiendo y de repente me desperté algo desorientada, quizás fue un castigo de Dios por mis acciones, y aún sabiendo que Alejandro estaba a mi lado pronuncié las palabras que me condenarían para siempre.


_ Yo te amo Vladimir. -dije con voz clara y sin percatarme del resultado de ese descuido-


Él no exclamó palabra alguna, solo se levantó y estampó los puños contra la pared. Fue en ese instante que me desperté por completo, poniéndome pálida con solo verlo en la oscuridad. Entonces se volteó hacía mi. Me tomó el cuello y comenzó a asfixiarme.


_ Para...por..fa-favor..-le dije con un hilo de voz-


_ Te crees que soy un tonto, te enseñaré lo que hace un tonto. -me levantó y me tiró al piso-


Retomé el aire de a poco y con dolor, ahora mi mayor preocupación era que harían conmigo. Sentí sus puños sobre mi rostro y me retorcí de dolor al sentir una de sus patadas en mi estómago. La sangre comenzó a caer de mis heridas. Mis gritos no eran escuchados por nadie, él me sostuvo contra la pared y me obligó a caminar hacia afuera. En un momento vi a mi pequeño hijo en medio del pasillo.


_ Samuel, vete a tu cuarto. -le dije apenas y esbocé una pequeña sonrisa- Estaré bien.


Entró a su cuarto y en cuanto pasé por allí le puse traba, no quería que viera lo que su padre hacía. Lo escuché golpear un par de veces, gritando que no lo dejara, pero la mano de Alejandro en mi espalda no me lo permitía. Me hecho fuera de la casa y siguió golpeando. En un momento me tomó del camisón y con su rostro pegado al mio exclamó.


_ Entiende Diana, eres mía y si no lo puedes aceptar, entonces no serás de nadie más. No lo permitiré, nunca. -sonrió con malicia y me dejó tirada en el suelo-.


Estiré mi mano en busca de algo de compasión pero me había abandonado. Las lágrimas volvían a nacer en mis ojos, mi cuerpo de enfriaba a medida que el miedo también. No quería morir así, no quería dejar a mi hijo sin madre, no quería creer las palabras de Alejandro. Pero todo fue más fuerte y terminé llorando por horas. En un momento al abrir mis ojos vi otros azules mirándome fijo. ¿Cómo era posible que él estuviera allí?
La sombra de la muerte estaba sobre nosotros. Entonces pude notar que él me cargaba en sus brazos...


_ Vladimir...ya es tarde para mí. -continuaba caminando- Déjame.


_ No puedo hacer eso, yo no lo haré. -dijo con tristeza al verte desvanecerme de a poco frente a él- Por favor resiste un poco más. - cayó de rodillas, cansado de tanto divagar en medio de la oscuridad, su corazón afligido comenzaba a detenerse.- Diana.


_ Vladimir. -apenas lo rocé con mi gélida mano, él estaba frío también. Me levanté un poco y lo besé con miedo, sabía que era el final.- No olvides que te amo.


_ No lo haré, sus lágrimas caían sobre el rostro lastimado de ella, se acercó y la besó con el mismo sentimiento.- Perdóname, aunque yo nunca dejaré de amarte, lamento que te haya causado esto.


_ -ella sonrió y con la poco fuerza que le quedaba se apoyó en su pecho- Lo único que hiciste fue hacerme feliz...gracias...


Dio su último suspiró y murió.


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Despertó llorando e intentó gritar pero nada salía de su garganta. La morocha la tomó por el torso y la sostuvo, estaban fuera del escondite de Alejandro.

_ ¡Mildred! ¿Estás bien? -preguntaba algo obvio pero no le importaba- ¡Despierta Mildred eso no es real! ¡Lo que ves no es real!

_ -levantó la mirada, se paró firme, sus ojos estaban vacíos- Si fue real, y ahora volverá a pasar a menos que lo detenga. -la voz era profunda- No permitiré que Vladimir vuelva a sufrir por mi, Alejandro me quiere a mi y ya es hora de que lo acepte.-

_ ¿Diana? -dijo por lo bajo cuando la vio dirigirse al lugar sin preocupación alguna- ¡Espera! No es así, él no te posee, podemos salvarlo pero no pienso ponerte en riesgo, has sufrido mucho..

_ Ya niña, estoy muerta, yo quiero llevarme a Alejandro conmigo, así dejara a molestar a gente inocente como ese chico. -mira hacia el lugar, no tenía miedo, no tenía nada que perder-

_ Aún así, no te mereces caer al olvido por su culpa. Creo que se como detenerlo pero debes seguirme y dejar esas ideas. Salvaremos a Vladimir y a Ephan, solo debes confiar en mi. Soy la reencarnación de Nubia, la doncella de las rosas. -sonrió de forma amable mientras su otra parte se hacía presente a su lado-.

_ Nubia. -dice con real asombro y entonces ofrece la mano en señal de que lo intentaría-

Ambas caminaron hacía allí pero en cuanto estaban a un metro de distancia algo inesperado pasó. Una joven pelirroja, pasó al lado de ellas y entró súbitamente dejándolas al descubierto. De las tres personas allí dentro, dos de ellas voltearon mientras el tercero no tenía idea de lo que pasaba. Entonces Kesha dejó a Diana detrás de ella mientras al ver quien era la joven se quedó paralizada al no saber que hacer.

_ ¡Al fin llegas mujer! Ya estaba aburriéndome. -dice reprochando y mira por encima de ella- Veo que trajiste companía.- Pasen a menos que quieran que algo malo pase.-se acerca a Ephan con un cuchillo en su mano-.

Era inútil, estaba arruinado el plan de Kesha con el factor sorpresa, ahora tendría que obedecerlo. Entraron a duros pasos, la morocha aún permanecía adelante de su amiga, mirando a el ojiverde con desprecio y repugnancia.

_ Vamos Nubia, como si no te hubiera gustado con mi antiguo cuerpo. -le dice lascivo acercándose-

_ Ni aún después de muerta. -respondió con una doble voz- Eres un bastardo, y veo que lo sigues siendo.

_ No me gusta lo que dices. -dijo de una manera calma y perturbadora- Y tu..-miró a Diana- ¿Te estás haciendo la valiente? ¿Vienes por Vladimir?

_-sus manos temblaban levemente, aún podía sentir ese temor al escuchar su voz, aún así respondió- Déjalo, no tiene nada que ver, si a la que quieres es a mi ¿No? -su voz sonaba firme pese a que se sentía nerviosa-

_ En eso tienes razón...

_ Alejandro yo.. -lo interrumpió Cynthia pero al instante él la tomó de los brazos y tumbó contra la pared-

_ No me interrumpas, nunca. -le dijo sin agresión alguna, era algo tan común para él someter a las mujeres- Diana, yo solo te quiero a ti, porque en realidad escapaste pero como verás he sabido encontrarte.

_ Qué acaso nunca aprenderás a cerrar la boca Nubia. -dijo con sarcasmo- Creo que se quien me puede ayudar, ven aquí Livia.

_ -al escuchar el nombre la chica de ojos oscuros se quedó congelada, no, no podía ser que lo estuviera ayudando-.

De la oscuridad salió la figura de la rubia, su mirada perdida, Livia la controlaba pese a los intentos de Masha. Miró a su amiga y solo fue y la sostuvo con fuerza mientras no mencionaba palabra alguna. El joven solo sonrió con satisfacción, al parecer la chica había caído en su truco, la ira que compartían fue lo que logró que pudiera controlarla como una marioneta.


_ Livia. -exclama la joven castaña por lo bajo- ¿Qué le has hecho?

_ Solo digamos que ambos buscamos lo mismo. -se acercó a Diana y la tomó de los hombros- Es hora de que pagues.

_ Lo se..-miró por lo bajo y se dejó invadir por aquel hombre, como siempre-.

De pronto en la otra habitación de ese pequeño escondite un joven intentaba desatar los nudos de las sogas que lo ataban a una silla. Podía sentir las vueltas de los nudos y poco a poco fue aflojándolos, no tenía idea de donde estaba escuchaba unas voces cercanas pero no estaba muy seguro. Entonces escuchó un grito, esa voz....esa voz....la conocía.
Se movió torpemente por la habitación, tropezándose con todo a su paso pero intentando llegar a esa voz. De pronto sintió algo extraño en su mente, le comenzó a doler y se calló de rodillas. De pronto pareció haberse quedado dormido y abrió los ojos de golpe reincorporándose y corriendo hacía la joven que gritaba.

_ ¡Suéltala! -exclamó tirándose encima de Alejandro-

_ -quedó desconcertado por un instante- Pero tu no eras ciego....-entonces se dio cuenta- ahhh esto se pone cada vez más interesante. -lo tomó de los brazos tirándolo para atrás-.

_ -Diana se acercó a él y lo miró- Vladimir, ¿Qué haces? -dijo preocupada intentando levantarlo-

_ Lo prometiste, no volverías a ponerte en peligro. -le contestó con meláncolía sosteniéndose de su brazo, pero le costaba tener control de sí-.

_ Es la primera vez que lo posees ¿Cierto? -rió por lo bajo- Yo tengo práctica en este cuerpo, es inútil que intentes derrotarme. Vaya escena, los dos traidores juntos. -sonrió malicioso- ¿No crees que es lindo Livia?

La rubia seguía conteniendo a Kesha cuando al ver a Vladimir sus ojos se llenaron de lágrimas y furia. No podía desobedecer las órdenes de Alejandro, se había arrepentido, pero hasta que no perdonara a su esposo no podría salir de ese hechizo.

_ Livia...-dijo en un susurro el ojiazul mientras se levantaba, se abalanzó de nuevo hacía el joven de cabello ondulado pero sus movimiento eran lentos y los esquivaba fácilmente-

_ No eres rival para mi, estás indefenso en un cuerpo que no sabes usar. -lo golpeó en el estómago dejándolo sin aire- Lo ves..

_ ¡Vladimir! -exclamó Diana abrazándolo en el suelo- ¡Basta!¡Por favor! -miró a Alejandro con miedo-

_ Recién estoy comenzando mi Didi. -le dijo sonriendo con malicia mientras la tomaba del cabello y la levantaba- Deja de preocuparte por ese inútil, aún no termino contigo. -la tomó violentamente contra su cuerpo y la besó desesperado mientras sus manos recorría el cuerpo de ella sin restricción. Ella no podía hacer nada, era más fuerte y además se sentía muy avergonzada.

Mientras Kesha intentaba despertar a Masha.

_ Vamos, Mash, no puedes dejarlo hacerle eso a Diana. -le dice con un tono lastimero mirándola a los ojos- Tienes que dejar esa bronca atrás Livia, se que no quieres lastimar a Vladimir, lo se...porque..-su voz se quiebra- aun después de muerto lo seguías amando. -dejó salir a Nubia- Lo seguías amando, y nunca lo olvidaste, nunca. Yo estaba allí,  ¿Recuerdas?

_-la joven solo ignoró esos comentarios, pero al ver los ojos de su amigas sintió que podía decirle algo- Era distinto, yo no estaba bien, yo no lo amaba. -afirma un tanto dudosa-

_ Y si no lo amabas, entonces, a quien amabas. -dice penosa mientras intenta hacerla recordar- Debes estar mintiendo, tu amabas a Vladimir, si no tenías a nadie más.....o...quizás no era así. Livia, no puedes recordar lo que pasó después de su muerte, pero yo puedo ayudarte con eso. -acerca su rostro a ella- Me tenías a mi, ¿No recuerdas?

La mira con desconcierto, se sentía muy confundida, por alguna razón no podía recordar su relación con Nubia. Alejandro al verla de esa forma temió por que perdiera el control y entonces tomó a Nubia y la encerró en un armario. Esta comenzó a golpear la puerta gritando desesperada.
Diana aprovechó he intentó huir de allí, pedir por ayuda o lo que fuera. Pero el ojiverde se le adelantó y la tomó del brazo tirándola al piso. Se puso encima de ella y entonces recibe un golpe en la nuca que lo deja inconsciente y cae sobre la joven.

_ -con los ojos abiertos de sorpresa intenta sacar el cuerpo inmóvil de Alejandro de encima suyo-

_ Lo siento. -dijo la voz lastimera de la pelirroja- Pero no quiero ser la mala otra vez. -suspiró con pesadez y cayó de bruces al suelo- Vete Diana, y saca a los demás..

_ Cynthia. -dijo en voz baja e incrédula- ¿Por qué tu...

_ ¡ Váyanse! -grita con furia mientras lágrimas caían de sus mejillas- No puedo pedirles perdón, el destino de ambos ya está escrito y esta vez no voy a huir.

Livia se siente desconcertada, solo atina a abrir la puerta de donde estaba Nubia. Y al hacerlo está cae al suelo como si se hubiese desmayado. La rubia la sostiene en sus brazos.

_ ¡Nubia! ¡Nubia! ¿Qué sucede?

La morocha la toma por sorpresa, tras su actuación, y la besa con rapidez. La joven queda atónita y siente algo en su interior, algo que regresaba a ella.

_ Yo te amaba Livia. -dijo la morocha con los ojos vidriosos-

_-los recuerdos regresan a ella, no había sido Vladimir el motivo de su ira, sino ella misma. Por no poder haber admitido ese amor, y culpando a su esposo por todo.- Soy tan egoísta, lo siento tanto. Siento haberme olvidado de que lo mucho que te quería Nubia. -abraza a su amiga con fuerza-.

Diana y Vladimir las miraban sorprendidos, de un lado una escena confusa y triste, y del otro romántica y reconfortante. Entonces la castaña recordó las palabras de su antes amiga y ayudó a las demás a levantarse y las tres ayudaron al ojiazul. En un momento la morocha miró a Cynthia, esa expresión, sabía que significaba.

_ ¿No vas a detenerla? -susurró Diana al salir-

_ No, ya ha tomado la decisión, no puedo hacer nada. -un vez fuera cerraron la puerta pero siguieron viendo hacía la deplorable casa-

Un silencio los rodeaba, lo que había pasado en ese lugar jamás sería repetido. Todo debía terminar, en la oscuridad, para que todo ese odio y rencor fuera finalmente dejado atrás.
La melancolía de las seis almas se percibía en el ambiente, los perros comenzaron a ladrar a la luna para pedirle que supiera guiar a aquellos espíritus al descanso. Vladimir abrazó a Diana, Nubía a Livia. Era tiempo de despedirse. Los antes esposos se miraron con consentimiento hacia lo que ambos querían. Debían, querían, dejar el mundo terrenal con los mejores sentimiento posibles y así sería.
En el interior, la pelirroja acarició el cabello de su tan amado hombre, aún lloraba pero no de bronca o tristeza. Tomó la mano de Alejandro y la besó, se recostó en su pecho y comenzó a recitar una vieja oración.

_ Y en el carrusel nos encontraremos, para vivir por siempre, para ser felices.. -su voz se quebraba pero no se detenía- Los niños inmortales se recuestan, cansados de la Tierra, ambos los dos, se irán a descansar. Donde sus actos serán juzgados y sus corazones purificados. Allí donde nadie domina y todos buscan la luz. Ahí te esperaré...mi amor.

Lo besó, liberando todo lo que quedaba de aquellas sufridas vidas, acabando con todo el daño que habían hecho. Aquella noche, el pasado fue revelado, aceptado y los infaustos pidieron su redención.
Deshaciendo el dolor para volver a empezar, esta vez, como otras personas.
En la oscuridad de la noche, una luz se hizo presente, y de esa forma las tinieblas dejaron de aprisionarlos.
Fueron libres.

CONTINUARÁ

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Ya estamos, el próximo capítulo será el final.

domingo, 13 de febrero de 2011

Traición

Después de una noche tranquila, el joven de ojos azules se despierta con una sonrisa en el rostro. Fue hacía la ventana y subió la persiana para que entrara el sol ,al sentir el calor sobre su cuerpo se sintió ya más atento. Se vistió con tranquilidad y se dirigió a su escritorio por sus anotaciones y entonces tonó algo extraño en la mesa.
Había un papel que no era de él, la sostuvo y pasando sus dedos por encima del bordes y sintió que tenía algo escrito. Lo leyó con cuidado, tenía su nombre nada más.
Lo dio vuelta y comenzó a 'leer'.

Te veré en el parque, quiero hablar. Mildred

Era algo corto, pero no pudo evitar emocionarse al pensar en ella y sin darle mucha importante dejó el sobre y se retiró para desayunar. Pero debió haber puesto atención, de esa forma hubiera notado que no había forma de que Mildred le hubiera escrito esa carta, porque ella no conocía el sistema braille y mucho menos le había tenido oportunidad de entrar a su cuarto. El joven solo estaba distraído y perdidamente embobado con lo sucedido el día anterior.

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Masha caminaba a la escuela, estaba cabizbaja, su característica expresión de frialdad ahora era reemplazada por una de preocupación constante y eso era para preocuparse. Entonces siente que alguien la sostiene y entra a un callejón, una joven de ojos claros la mira con una sonrisa torcida y le pregunta:

_ ¿Se lo diste? -la suelta y espera-

_ -ella la mira con desconcierto y nuevamente cae, su mirada cambia y su voz se escucha firme- Claro que lo hice, estaba emocionado esta mañana así que debió haberlo creído.

_ Bien, entonces lo dejo en tus manos. -le dice maliciosa y la deja-

La rubia sale del callejón y se acomoda un poco la ropa, entonces retoma su camino repasando los pasos que tendría que seguir esa tarde. Cuando de forma súbita entre la multitud una chica le saluda con unos ojos llenos de cariño. Livia se confunde, no puede recordar quien es, aunque en su interior su corazón latía desesperado.
Una figura transparente se presente sobreponiéndose a la joven, la imagen de una vieja amiga...Livia logra emocionarse.

_ Nubia...-dice en un susurro y siente la necesidad de salir de allí-

Da media vuelta he intenta caminar como si nada, pero la joven la llamó por el nombre haciendo que esta se congelara. Sintió como la sostenía del brazo y al mirarla no pudo evitar poner una expresión de tensión. Sus ojos celestes no podían evitar sentirse atraídos por los de aquella chica. Kesha nota que no era su amiga, entonces por única vez deja salir a Nubia de su interior.

_ ¿Qué te sucede Livia? -le pregunta con su dulce voz-

_ ...-se queda sin palabras por un instante- Nubia...¿Cómo es que?¿Tú también?..-jamás se la había encontrado en las veces que había poseído ese cuerpo-.

_ No te asustes..-nota cierta inquietud en ella- ¿Por qué le haces?

_ -'sigue siendo asertiva' piensa y responde- Solo pasó, ya la dejaré yo solo..

_ No me mientas.-le pide con una mira de preocupación hacia ella- Ya no me recuerdas.

_ Es que estoy confundida, solo recuerdo algunas cosas. -responde sin darle importancia-

_ ¿No me recuerdas? -le pregunta con cierta angustia en la voz-

_ Este...solo un poco. -dice con temor, parecía que Nubia le ocultara algo- ¿Pasa algo con eso?

_ No. -dice sombría y la suelta- Sabes será mejor que me valla.

Da media vuelta y se apresura por dejar ese lugar, la joven a su espalda la mira con extrañeza. La morocha solo desaparece y vuelve a su lugar mientras su alma llora ante la respuesta de su amiga. Kesha despierta pero ya era tarde, había subido al colectivo y no podía volver. Solo podía rezar porque Masha volviera a tomar el control antes de que cometiera otra locura como antes.

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Mildred había salido de la escuela, sonreía como una idiota pero no le importaba. Solo caminaba ansiosa por llegar a la pasarela. Pasó por entre los árboles y al correr con emoción por verlo, se encontró algo que la dejó paralizada.

_ Hola amor, ¿Pensaste que te había olvidado? -sonríe con malicia mientras se acerca a ella con lentitud- Me parece o estabas esperando a alguien más...quizás alguien que yo también conozco, y Masha, y Lucia...-decía con picardía-

_ Ya déjame tranquila, se perfectamente quien eres..-lo mira de reojo y da la vuelta para irse de allí-.

_ No querrás irte Didi, ¿O acaso no te importe que le pase a Ephan? -su mirada era oscura y su voz desafiante-

_ -lo mira con intensidad y con enojo le pregunta- ¿Qué has hecho con él?

_ Digamos que ambos son igual de ingenuos, no me sorprende que engañaras a Anael con él. -le dice con frialdad- Eres la viva imagen de Diana, y se que ella puede escucharme, ¿Te parece bien llevar a esta niña por el mal camino?

_-se le abalanza tomándolo bruscamente de la remera- Yo se lo que le hiciste, tu eres un monstruo, ¿Dónde está Ephan? -tenía su puño en frente de su rostro-

_ Ya no tienes porque ponerte así. -la toma de los brazos y la arrincona contra un árbol- Todo tiene solución Mily, si vienes conmigo podríamos llegar a un acuerdo. -sonríe por lo bajo-

_ -sabía que no debía confiar en él, pero no se arriesgaría que le hiciera algo a Ephan- Con una condición: nada de trampas.

_ Como quieras. -la suelta y comienza a caminar a sabiendas que lo seguiría-.

La joven lo siguió, no tenía otra opción, suspiró y se puso el celular en la mano. No estaba segura de que pasaría, ya no podía confiar en él, entonces sería mejor estar atenta. Tenía un mal presentimiento, pensó en que deseaba que Kesha estuviera con ella, pero ni siquiera tenía un teléfono o algo para encontrarla.

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Se estaba bañando, tenía muchos clientes esa noche, su talento era más un problema que una ventaja últimamente. El agua la relajaba, dejando de pensar en todo y a la vez sintiendo todo. Se enjuaga el cabello y se queda un rato apoyada sobre la canilla mientras mira el azulejo como si fuera lo más interesante del mundo, algo no estaba bien. No podía sacarse esa sensación desde que se encontró con Masha, era más frecuente y no veía forma de acabar con ese problema.
De pronto un sonido la saca de su laguna mental, al principio le costó reconocerlo pero después se dio cuenta que era su celular. Cerró el agua y salió apenas con tiempo para tomar la toalla, corrió hasta su cama donde estaba su campera y con apuro atendió.

_ ¿Hola? -dice mientras se coloca la toalla alrededor del torso-

_ ¡Debes ayudarme!¡Ya no hay tiempo! Por favor Kesha, te necesito, Livia se ha salido de control...y Alejandro la ha convencido para tomar venganza. -su voz se volvió angustiada- Tiene a Ephan y es mi culpa, por favor, ven rápido estamos en...-súbitamente se corta la comunicación-.

_ -se queda unos segundos sin entender y después reacciona- ¡Masha! ¡Masha contesta! ....demonios...

Tira el teléfono a un lado y comienza a buscar ropa, se viste lo más rápido que pudo y tomando algunas cosas se dirige a la puerta. Sale del edificio y le dice a uno de los guardias.

_ No me importa quien venga, estoy ocupada, ¿Entendido? -lo miró desafiante-

_ Como digas. -dijo con un hilo de voz, nunca la había visto así.-

Comienza a caminar con mucho enojo en su rostro, ya estaba cansada de ese inútil, bastardo, hijo de...Se detiene en seco, esa no era ella. Nubia estaba furiosa y ahora Kesha lo sentía, ahora si que Alejandro vería con quien se había metido.

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_ Estoy cansada de esto. -decía con tristeza frente al espejo- Ya no quiero ser así, ni siquiera por él...ya me cansé...

Intenta volver a su lugar pero no puede, algo se lo impedía, entonces siente pánico. No quería estar en ese cuerpo, no quería afrontar que había ido muy lejos, solo quería huir como siempre lo hacía. Al notar que no podía, corrió hacía la mente de la joven y la vio libre de su trampa pero atada a ese mundo, no podía estar pasando justo en ese momento. Volvió a la realidad, en su reflejo había temor y dudas. No, no podía hacerlo,  que Alejandro se las arreglara solo....ella ya no quería problemas, más aún después de la culpa que la agobiaba cada días más.

_ Quiero salir de aquí, debería...-mira hacia la puerta pero luego se arrepiente- Me mataría si llegara a delatarlo.

La joven pelirroja estaba en una encrucijada, podía hacer lo correcto o solo dejar que las cosas pasaran...como antes. Si se redimía de lo pasado lo más seguro era que terminaría pagando su traición, pero si no hacía nada era lo mismo que haberlo ayudado. Antes había sido la amiga de Diana y la había engañado, aún cuando supo lo que Alejandro le haría no tuvo el valor de detenerlo y mucho menos de advertirle. Era una vergüenza, una desagraciada, débil ante los encantos de ese cruel hombre.
Debía haber una solución, aunque era seguro que los resultados no le gustarían....

CONTINUARÁ

Está re-cortó, lo sé u.u es que pienso hacer un final de dos parte, quizás tres....pero tranquilos, la próxima será bien largo x] lol


viernes, 4 de febrero de 2011

Atrapadas

Kesha tenía un mal presentimiento, en cuanto dejó el hospital todo tenía un tono agresivo, como si algo malo hubiera o estuviese por pasar. Tenía un nudo en el estómago, ¿Qué era eso?
Se encaminó a su pequeño escondite y al llegar el guardia le contó que su amiga había pasado un tiempo allí, le sorprendió, ella nunca le interesó ese lugar a menos que se haya metido en problemas. Algo que no le sorprendería, aunque le llamaba la atención igual, tendría que ir a verla. Se cambió de ropa y se duchó, el agua le aclaraba las ideas pero esa ocasión estaba más confundida que antes, su despertar no había sido el mejor de todos.

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Ephan se había decidido finalmente, tras un sueño bastante raro pero al final agradable. Quería hablar con Mildred, quería decirle lo que le pasaba, lo bien que le hacías estar con ella. Desde bien temprano de la tarde fue a la costanera y se quedó cerca de la pasarela, ella pasaría por allí, estaba seguro de ello.
Pese a sus problemas, a todo lo pasado los días anteriores, necesitaba sentirse acompañado y solo con Mildred conseguía eso. Puso una sonrisa en su rostro y solo se dignó a esperar....y esperó y esperó..pero la joven nunca apareció. Ni ese día, ni el siguiente, ni el siguiente..
A la semana, Ephan se había llenado de tristeza, ¿Qué le había pasado a Mildred?
Escondió su mirada en su tan desordenado cabello y se alejó con pesadumbre.

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La joven de ojos oscuros estaba frente a la puerta de la casa de su amiga, respiró el aire, estaba turbio. Acercó su mano a la perilla de la puerta y antes de tocarla sintió un leve cosquilleo, no le dio importancia y tocó. A los pocos minutos, Ephan le abrió, jamás lo había visto tan decaído.

_ Hola, Stephan, vengo a ver a Masha si se encuentra. -le dijo cortes como siempre-

_ Ella no puede salir, lo siento. -entrecierra la puerta, su voz era lúgubre- Está castigada. -estaba a punto de cerrar la puerta cuando sintió la mano de la joven sobre la suya.-

_ -Siente el dolor de él sobre su piel- Mildred..-susurra y luego aclara- Por favor, debo hablar con Masha. -le ruega.-

_ No puedo, tengo cosas que hacer, lo lamento. -le cierra la puerta en la cara.

Kesha mira la puerta con tristeza, pero no podía permitir rendirse tan rápido, desvió la mirada y vio un árbol...la ventana de Masha...una idea descarada pasó por su mente y no dudó en llevarla a cabo.
Entre medio de las ramas, comenzaba a notar la altura que había tomado, mejor no pensar en ello. Tenía gran destreza por suerte y en cuanto logró llegar al borde de su ventana la golpeó con cuidado, la cortina no le permitía ver si ella estaba dentro. De pronto vio los ojos celestes asomarse y verla con sorpresa, siente ruido y cosas cayendo. La rubia se había caído del susto, pensando en cómo demonios era que Kesha había llegado allí. Rápidamente se levantó entre las miles de cosas en el piso y abrió la ventana para hacerla entrar. La morena pasó la mitad del cuerpo pero después se le hizo complicado y terminó por caerse encima de Masha sin aviso.

_ Ayy...eso me duele. -le dice mientras la mira encima de su pecho- ¡Kesha! -la abrasa con fuerza y emoción-.

_ -ella corresponde el abrazo y se acerca a su rostro apenas levantándose- Te extrañé tanto que pen...-al verle los ojos se sintió asustada y se alejó un poco-.

_ Ya lo notaste. -le dice su amiga desganada- Lo siento, me es más difícil cada vez, por eso estoy encerrada aquí. -se levanta y la mira con culpa- Lo que pasó....fue mi culpa..por favor, perdóname. -bajó la cabeza, cómo había despertado no tenía idea pero aún así se sentía culpable-.

_ Ohh.. Mash...¿Qué te sucede? - le preguntó mientras se paraba y se sentaba en la cama de ella- Ven hablemos, primero lo que pasó no fue tu culpa...solo pasó y segundo, debes decirme que hace Livia contigo.

_ -se sentó a su lado pero recostó su cabeza en sus piernas- Tengo miedo Kesha, creo que hice algo malo...muy malo... -cerró los ojos, aún cuando se sentía tranquila, sabía que debía mantenerse concentrada o Livia la escucharía- La otra noche, salí de aquí y vi un lugar...allí estaba Mildred. Está en problemas, pero no puedo recordar nada más. Por favor dime que no estoy loca. -abrió los ojos en espera de su respuesta-.

_ No, no lo estas, yo también siento eso. Algo le pasó a Mildred, y temo que si fuiste tu. -se recuesta sobre la rubia- Pero no te preocupes lo arreglaremos, solo debo pedirte un favor...

_ ¿Qué cosa? -le pregunta sin ánimos-

_ No grites...-la sostiene rápido de la herida en su nuca y le ejerce algo de fuerza. Hace una mueca de dolor- Los siento, pero es la única forma.

_ -la joven sintió el dolor punzante y agarrándose de la piernas de Kesha intentó soportarlo-

_ -al abrir la herida dejó que la sangre manchara su mano y muy delicadamente probó de ella- Lo entiendo, él está despierto también. -dijo de la nada y dejó a Masha acostada.- Debo irme, debo salvar a Mildred.

_ ¡Espera!¡Kesha! -le suplica la joven aún recostada- Déjame ayudarte, llévame contigo.

_ No puedo hacer eso. -la mira con tristeza y se pone encima de ella- No puedo hacerlo.

_ ¿Por qué? -le pregunta mirándola fijo, con dolor y desconcierto-

_ Porque tu ya no puedes ayudarme, solo intenta retener a Livia, después hablaré con ella. -la besa en la frente y se separa un poco, le sonríe apenas- Vamos, yo estaré bi...-antes de poder terminar la frase siente como su amiga la toma del cuello y la acerca a su rostro.La morocha se sonroja.-

_ Dile que lo siento, yo no quise hacerlo. -cierra los ojos- Tu eres mi maestra, dime, ¿Cómo ser más fuerte que esta entidad en mi interior? -apoya su frente contra la de ella-

_ Tú eres más fuerte que yo misma inclusive. -abre los ojos- Pero la diferencia es que yo si entiendo lo que pasa...-tuvo la tentación de besarle pero no podía no así. Se levanto con cuidado y la despidió, ahora debía atender algo más importante-.

Salió pensando, ¿Cómo demonios habían convencido a Livia a hacer algo así? La herida que tenía Masha, era una de defensa, alguien se lo había hecho. Y ese alguien había sido Mildred.

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Una joven de cabello castaño despierta, no había figura o luz que distinguir a su alrededor, un dolor intenso en su cabeza, un calambre en todo el cuerpo...¿Dónde estaba?
Solo recordaba que una noche en que sus padrea habían salido alguien había entrado a su casa. Esta persona intentaba capturarla o algo así y ella tomando un cuchilla de la cocina intentó defenderse y pensó que le había dado en el cuello cuando de pronto la golpean en la cabeza y luego nada.
Después de tomar un poco más de consciencia de su situación se percató que estaba atada en una silla con cinta adhesiva en la boca y todo estaba herméticamente cerrado. La única luz que pudo ver era de una pequeña lámpara a lo lejos. La habían secuestrado eso estaba seguro, pero no veía razón para ello, igual estaba muy asustada de solo pensar el motivo. Tenía problemas para distinguir las voces de aquellos extraños que no podía ver o siquiera sentir, solo cuando la alimentaban o le daban de beber tenía una conexión con ellos. Le costaba mantenerse atenta, sospechaba que le agregaban algo al agua que le daban, pero aún así se sentía desesperada. Pasados unos días, creía ella porque había perdido la noción del tiempo, alguién la fue a visitar. Era una mujer, esa voz era tan familiar.

_ ¿Estás cómoda Diana? -dijo con algo de malicia en la voz- Igual no me interesa, al que quiero herir es a Vladimir, y créeme lo lograré. -se acercó a ella y le susurró- Nadie podrá ayudarte, no está vez.

Entonces como si fuese una señal del mismo Dios, una de las maderas de la ventana se calló y la luz tenue de la luna iluminó la vista de la extra, ojos celestes...no..no podía ser..Mildred tuvo ganas de llorar allí mismo, no, cuando por fin lo había conseguido. Intentó decirle con todas sus fuerzas que ella no había matado a Vladimir pero la joven solo la ignoró. Pensó en lo que había dicho, temió más por Ephan que por ella en ese instante.
Los días después de eso se hicieron más difíciles, ya no sabían que querían de ella, solo quería salir de ese lugar como fuera.

(...)

Sentía el frío de la noche en su cuerpo, tenía un mal presentimiento, levantó la mirada algo la veía en la distancia. Se asustó de pronto, tragó saliva he intento salir de ese lugar...pero de pronto esa persona prendió la luz y la apuntó. Ella pudo ver el lugar, era una pocilga en verdad, la persona en la luz, era la Kesha...ahí si se asustó de verás...

_-se movía escandalosamente en aquella silla, y al ver que se acercaba escuchó su voz-

_ Shhh tranquila, yo te sacaré de aquí. - le dice por lo bajo mirando alrededor y sacándole la cinta de la boca-

_ Pero si tu estabas....Masha...¡Ella me trajo aquí! -dijo con enojo y agregó- No puedo creer que esté así de loca, al terminar de decir eso sintió la mano de la morocha rodear su cuello. Se calló-

_ No hables de lo que no sabes. -sonaba molesta por primera vez- No fue su culpa, la engañaron...-continuó desatándola hasta que por fin terminó y la ayudo a pararse- No debes decirle de esto a nadie.

_¿Cómo quieres que haga eso? -le dice algo dolorida en las piernas- He estado desaparecida días, creo, mis padres me matarían si les digo que fue una broma...

_ Miente, no me importa, pero si dices la verdad...Masha estará en aún más problemas...y también él podría hacerle daño si lo delata. -dice con preocupación mientras salían de la precaria casa-.

_ ¿Él quién? -pregunta con un poco más de atención sentir el aire de nuevo la había despertado de su retardo-

_ Alejandro, él tiene a Anael como Cynthia a Lucía....-"y Livia a Masha" pensó pero no, debía confiar en que  aún no estuviera bajo su control como los demás- Podemos arreglar esto, pero nadie te creerá si cuentas algo así.

_ Fue él, quien asesinó a Diana, yo lo vi. -le dice mirando bajo- Se lo quise decir a Masha pero no me escuchó.

_ -frena por completo y le dice con voz firme- No era Masha, era Livia, temo que su corazón aún sufre por lo de Vladimir....debemos pensar con más claridad. Aunque igual, te pide disculpas, ya no puede salir de su casa, al parecer está en más problemas que esto.

_ Inventaré algo entonces. -siguió caminando y le dijo- Por favor, dime ¿Cómo está Ephan?

_ -algo sorprendida por eso- Bien, algo decaído, pero bien.

_ ¿Decaído?

_ Mañana a eso de las tres ve y habla con él. Sabe acerca de esto, además de que creo que es el único con el poder para no ser influenciado por su otra parte.

Dicho esto, la joven solo asentó con la cabeza y siguió caminando.

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En la casa de la castaña, la recibieron con un gran estruendo, claro...estaba bien pero no tenían idea de anda de lo ocurrido. Mildred no era buena con las escusas, pero esa vez si lo hizo bastante creíble.

_ ¿Hija que sucedió? -le preguntaba su madre sin dejar de abrazarla y llorar-.

_ -respiró profundo- No lo recuerdo...mamá suéltame. -actuaba confundida- No se que hacía afuera, es más no recuerdo que estaba haciendo...

Todos la miraron confundidos. No podía ser que no recordara nada, o quizás le había pasado algo muy malo para evitar decirlo. Ella subió a su cuarto e hizo como si nada por un tiempo. Le hicieron ir con un psicólogo, pero el hombre no le encontraba nada malo, la policía también habló con ella, nada. Llegó un punto en que ni su hermana la molestaba más, todo se tornó extraño.
A los pocos días en que regresó a la escuela, nadie se animaba a hablarle y Masha ni siquiera se atrevía a mirarla. La cosa fue que fuera de todo, como habían metido a la policía en eso y la pequeño ciudad se enteró la noticia de su aparición salió por la radio...poca gente seguía escuchando la radio pero..

" El Lunes pasado la joven desaparecida Mildred Argüello regresó a su casa tras estar diez días sin paradero alguno. Según informes de la policía se niega a hablar y/o sufre de algún tipo de amnesia por sucesos inciertos . No hay pista alguna acerca de lo que le pasó a la joven, de solo quince años, seguramente secuestrada......"

El joven que estaba vistiéndose se detuvo en seco, no,  no podía ser...aunque..

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La pasarela, Mildred regresaba con su hermana, ya casi no la dejaban salir sola. De pronto alguien en la lejanía, parado mientras la gente pasaba a su lado, la joven sonrió y corrió hacia él.

_ ¡Ephan! -le gritó y lo abrazó con fuerza a pesar de los gritos y sorpresa de su hermana, era la primera vez que la veía sonreír desde que regresó-

_ ¡Mildred! -le devolvió el abrazo con la misma intensidad-

Se quedaron un rato así hasta que se separaron y ella lo miró con alegría, estaba bien al final. Él se quitó los lentes y le dedicó un sonrisa. Le tomó el rostro y apenas la acarició con los pulgares, le parecía tan tonto haber pensado que se había olvidado de él. En su rostro tenía una expresión de ternura, la besó dulcemente en la frente y le susurró:

_ ¿Estás bien? -le preguntó recordando lo que había escuchado-

_ -ella apenas apoyo su cabeza en él y le respondió- Ahora si.

La pequeña niña los miraba sin saber que decir, así que solo se adelantó un poco, pese a las órdenes de su madre ella no sería un pincha globo.
Los dos amigos, se quedaron en la costanera hablando un poco, él evitaba preguntar sobre lo pasado porque temía arruinar el momento, solo le decía cualquier otra cosa como si nada hubiera pasado desde la última vez que estuvo con ella. Mildred solo se quedó a su lado escuchando y respondiendo apenas, al verlo supo que Kesha tenía razón, él era más fuerte de lo que creía. Se recostó sobre su hombro y mirando las hojas caer de los árboles pensó en lo bien que le venía un poco de paz al fin. De pronto al abrir los ojos se quedó congelada, del otro lado de la calle, dos personas la miraban con malicia y enojo. La castaña tuvo miedo, justo debían verla con Ephan.
Alejandro y Cynthia desaparecieron caminando pero su presencia aún estaba sobre Mildred quien de pronto dijo:

_ Terminé con Anael, mi novio. -sonaba algo sombría-.

_ Lo siento. -dijo el chico pero sin mucha pena en realidad- ¿Quieres hablar de ello?

_ No, es mejor que no, sabes...-hizo una pequeña pausa- quiero estar contigo ahora, no quiero más que eso.

_-se puso un poco nervioso, le parecía raro esas palabras, él quería tomarlo de una forma- Bien, como quieras Mildred.

_ Ephan, tu sabes lo de Vladimir verdad? -fue directa, ya estaba anocheciendo así que no le quedaba mucho tiempo-

_ ¿Vladimir? -estaba calmo pese a la sorpresa, entonces deslizó su brazo por detrás de ella y la abrazo- Si, algo recuerdo, tu...

_ Si, Diana. -dijo en voz baja- Lo siento, se que ella lo siente, no merecía ese final.

_ -se confundió un poco, recordaba bastante bien lo ocurrido- Él no, había prometido que lo haría, solo puedo recordar a Diana, lo demás...no estoy seguro.

_ Ya veo, entonces no sabes de Livia. -tuvo dudas sobre decirle o no.- Ephan, es importante que sepas que..-se pronto al ver sus ojos azules no le encontró a él, escuchó a Diana llamarla y luego su conciencia desaprecio. Diana la tomó por unos instantes-

_ No permitas que lo diga, ya es demasiado con mi culpa por ello.-le decía con una voz más profunda- Pensé que no volvería a verte...

_ Yo también, pero henos aquí. -lo miró con detenimiento- Quisiera estar contigo siempre.

_ Siempre lo estarás. -la toma del mentón- Yo estaré para ti cada vez que me necesites, nunca dudes de ello.

_ -ella se acerca hasta casi rozar sus labios- ¿Me lo prometes?

_ Te lo juro. -la besó despacio, disfrutando aquel efímero momento-

Ephan, Mildred, despertaron. Unidos de los labios, él retrocedió sin saber que decir, ella solo calló y se sonrojó. Ambos sabían que Vladimir y Diana los habían tomado pero..aún así...quizás fue más que la voluntad de sus almas pasadas..
Mildred pensó en lo tonta que se vería, pero no le importó. Se levantó a penas y se puso enfrente de Ephan, quien apenas pudo mantenerse calmado, ella tomó su rostro con las manos. Se pusó bien cerca, parecía acosarlo y entonces le preguntó:

_ ¿Me podrías besar una vez más? -ella no lo haría, quería saber si solo eran ideas suyas-

_ Yo...-estaba nervioso pero de pronto pareció no importarle nada- lo haría con gusto.

Con algo de duda posó sus labios sobre los de ella, era cálida y se sentía extraño, jamás había besado a nadie. Entonces sintió sus labios moverse, acariciarlo de una forma muy dulce. Él le respondió ya un poco más desinhibido, se volvió apasionado. Ella solo se dejó llevar desde ese punto, se estremecía al sentirlo de esa forma, en un momento abrió los ojos y notó que él tenía los suyos mirando por lo bajo. Le pareció algo dulce y solo lo miró, cómo le gustaba.
En un momento, se separaron y ella se levantó, tendría que irse antes que fuera tarde, pero no tenía ni la más mínima intensión de hacerlo.

_ Debes irte ¿verdad? -preguntó él como leyendo sus pensamientos, se levantó y tomando su bastón se acercó a ella- Te acompaño.

_ -sonrió por lo bajo y se tomó del brazo de él.- Vamos entonces...

_ -él comenzó a caminar pero en un momento se detiene y levemente gira hacía ella- Mildred..

_ ¿Si? -dijo mirándolo-

_ Yo te quiero. -dijo tímido y prosiguió-

_ También yo. -deslizó su mano a la suya y la sostuvo- Siempre.

En ese instante, fue una unión, ambas almas sabían que no habían fallado al elegir esos cuerpos. El amor entre ellos iba más allá de ello. Caminaron juntos, pensando que ese momento era el mejor entre todo lo pasado.

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_ Entrega esta carta a Ephan sin que se de cuenta. -dijo una voz varonil muy poco amistosa- Y esta vez hazlo bien.

_ Si, se lo que hago. -le responde la pelirroja algo cortante-

_ Pues no parece.-le dio la espalda y se alejó-

_ Idiota...-sostuvo el sobre en sus manos, tenía dudas, pero sabía bien que pasaría si no lo hacía.- Ahhh, nuevamente, soy una idiota yo también. -suspiró resignada y emprendió su camino-.

CONTINUARÁ

domingo, 23 de enero de 2011

Problemas y Soluciones

La oscuridad se había apoderado de su mente, la joven no sabía qué hacer o qué había hecho. Regresó a su casa, no había nadie, miró el reloj y al ver la hora supuso que su hermano ya se había ido a la escuela.
Subió las escaleras, se dirigió al baño y entonces cuando iba a cerrar la puerta vio como una mano se lo impedía. La chica gritó del susto y esa personas entró al baño tomándola de la remera, su expresión era de alguien enojado, confundido.

_ ¡Ephan! -dijo intentando sacarlo del pequeño cuarto- ¿Qué te sucede? -preguntó asustada mientras sentía el frío de los azulejos contra la piel descubierta de su espalda-.

_ Ya me cansé que me ocultes cosas, dime la verdad...¿Por qué hiciste eso ayer? -le dijo con voz recia y sosteniéndola de la ropa, sin notar la cara de confusión que tenía su hermana-

_ No se de que hablas, en serio, suéltame por favor..-rogó por lo bajo hablando con verdad-

_ ¿No te acuerdas de lo que pasó ayer? -buscó a tientas la mano de ella y se la colocó en el rostro de él- Masha, estás cada vez más rara.

_ -esa palabra la había herido, él nunca le decía así, al sentir la piel de él rozar con su mano sintió un gran dolor. Pudo ver por un instante lo que Livia le había hecho, no a Vladimir, sino a Ephan. El corte en su cuello parecía arder más al recordarlo.- Lo siento hermano, lo siento.

Cerró los ojos y sin medirse lo empujó con fuerza y salió corriendo de allí. Salió a la calle corriendo lejos de allí. Su hermano intentó seguirla pero era imposible, no veía por donde se había ido, suspiró preocupado mientras se culpaba amargamente.
La rubia corrió unas cuantas cuadras, ya no, no permitiría que Livia lastimara a Ephan, aunque significara que debía escapar de él. Llegó a su cueva de las sombras, y pese a que era de día, el guardia le permitió pasar.
Fue a la habitación que Nubia tenía como trabajadora, era pequeña pero tenía todo, no le sorprendía que viviera más allí que en su "casa". Revisó el lugar, vio un diminuto baño y decidió que se quedaría hasta ver cómo solucionaría las cosas. Habló con los encargados, por la muy conocida relación que ambas llevaban, decidieron aceptarla al menos hasta que Nubia se recuperara.
Se bañó y tomó algunas prendas de Nubia, igual sabía no le molestaría, sintió nostalgia. Al ponerse la ropa sintió en ella el inconfundible olor a rosas que siempre llevaba su amiga. Se sentó en el suelo y se puso a meditar un rato, necesitaba arreglar las cosas antes de que empeorara. El problema ocurrió cuando intentó conectarse con los recuerdos de Livia, quien esta vez, se negó a compartirlos con su nueva personalidad.
Masha insistió e insistió, el cuerpo y la vida eran de ella ahora y tenía derecho a saber que había hecho esa alma tan fúrica que vivía dentro de ella.

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En medio de aquella prisión de cristal, la joven no gritaba ya más, su pobre alma estaba muriendo lentamente.  De pronto siente un golpe en su espalda, se levanta del suelo y mira a su alrededor, una sombra en el cristal. Intentó ver con más detenimiento pero le era difícil, el cristal era muy borroso donde esta figura se hallaba. De pronto la persona o lo que fuera le habló con una voz profunda.

_ ¿Quieres salir de allí? -parecía más bien una afirmación que una pregunta-

_ Claro que quiero, estoy atrapada. ¿Puedes ayudarme? -le decía ilusionada mientras aplastaba la palma de sus manos sobre la gruesa pared que la encerraba-.

_ Puedo hacerte salir, pero no tendrás control de tu cuerpo, Cynthia es más fuerte que tú. Y además tendría un precio. -suspiró y más amable acotó- Aunque si tu aceptas, yo podré asegurarte que te ayudaré desde la realidad.

_-lo pensó un instante nada más, no quería seguir así, no importaba que siguiera en ese lugar solo quería salir de esa prisión- Si, lo haré, no me importa pero ya no soporto más estar así.

_ Como desees, a cambio de llevar mi lazo podrás divagar todo lo que quieras, aunque te doy mi palabra de encontrar una solución. -Hace unos gestos con sus manos y el cristal se convierte en nieve dejando libre a la pelirroja-

Está sale a disfrutar nuevamente de una "casi" libertad, mientras no nota que la extraña desaparece, en la muñeca de la joven aparece un lazo de color rojo. No lo notó de la alegría pero eso significaba estar atada a ese mundo hasta que se pudiera revertir el conjuro.

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Masha tomó un gorro y pasando inadvertida por la multitud llegó al hospital. Caminó por lo fríos pasillos, ese olor particular de clínica la ponía nerviosa y a la vez la asqueaba. Hasta que llegó a su destino, la habitación 69, suspiró resignada y entró sin mucha emoción.
Abrió los ojos, allí estaba, como siempre. Acostada, con el cabello hacía atrás, los ojos cerrados y esa expresión serena en su rostro. Apenas sonrió y se acercó a ella, le acarició el rostro y mirándola con dulzura le dijo:

_ Hola Kesha, he venido a verte, como lo prometí ayer. -su voz era cálida, pero su semblante cambió a preocupación- No tienes idea de cuánto te necesito. -se sentó en la silla a su lado mientras todos sus pensamientos la llenaban de dudas y temores. Apoyó su rostro sobre el borde de la cama y mirándola le confesó- Quiero volver a oír tu voz, eres la única que sabe qué decir para hacerme sentir mejor, aunque odie admitirlo...eres la única que puede comprenderme, aún más que mi hermano.

Cerró los ojos, se quedó descansando un rato, mirando el blanco inmaculado de las sábanas que tenia debajo. Se sentía una inútil por no poder ayudar en nada y encima empeorarlo. Sus pensamiento se oscurecían, no, otra vez no. Pasó su mano por la herida de su nuca, un corte en limpio, aún no recordaba nada y le daba una mala sensación. Otra vez ese dolor que le penetraba las ideas, comenzó a sentirse mareada, no se movía. Creía que perdería el control en cualquier momento cuando de pronto...sintió a alguien acariciarle el cabello.
Esperanzada abrió los ojos pero al mirar alrededor vio algo que no le gustó en lo absoluto. Eran sus padres y Ephan. Sobresaltada se levantó y avergonzada les dijo:

_ ¿Qué hacen aquí?¿Qué escucharon? -miró hacía todos lados, no podía huir de allí.-

_ Venimos a buscarte.-dijo su padre muy serio como siempre- Stephan nos aviso que te escapaste, ¿Te parece prudente dejarlo solo en la casa? Estás castigada señorita, y ni se te ocurra decir nada.

_-miró a su hermano, estaba con los brazos cruzados, la había acusado. Sintió enojo y a la vez sabía que o había nada que pudiera hacer.-

_ Ya deja de estar parada allí y vámonos. -exclamó su madre tomándola del brazo con brusquedad-

_ ¡Ya iré sola en todo caso! -dijo y se la quitó de encima, pero antes de ir a la puerta se acercó nuevamente a Kesha y le susurró- Yo volveré.

Con su mejor expresión de ofendida cruzó la puerta, ella afrontaría lo que venía, sabía que sus padres jamás le creerían si les dijera la verdad. Tendría que inventar una buena historia, y en cuanto a su hermano, debía hablar con él antes de que arruinara todo.

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La noche de ese mismo día, algo sucedió, unos ojos llenos de terror brillaban en la oscuridad. ¿Dónde estaba?¿Qué había pasado? Estaba atada, no veía nada.
En su interior se escuchó el grito de una mujer, Diana, se oía desesperada. ¿Qué le estaba ocurriendo?

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Su mano se movió, su respiración se aceleraba, los monitores saltaban. Una enfermera escuchó el ruido de las máquinas, rápidamente en pocos minutos todo un equipo médico estaba intentando saber qué ocurría con aquella extraña paciente. De pronto su corazón también se disparó, en un segundo tenía taquicardia y al siguiente su corazón había parado súbitamente. En la fracción de minuto que tardaron en llevar el desfibrilador, la joven había abierto los ojos y sentado en la camilla. El monitor mostraba que estaba normal nuevamente. Todo el personal presente no lo podía creer, ella los miró y les dijo:

_ Perdón, no quise asustar a nadie. -sonrió apenas-

Una de las enfermeras se desmayó, mientras los demás revisaban a la chica, no era posible que después de una episodio así se hubiera despertado como si nada.
Unas horas después, Kesha estaba recostada y consciente. La harían quedar la noche para tenerla en observación, aunque la joven parecía estar mejor que los mismo doctores que la atendieron, la verdad le tomaron cierto temor. La chica de ojos oscuros miraba por la ventana, debía encontrar a Masha antes de que fuera tarde. En el mundo de sus almas predecesoras, había visto el encuentro de Livia con Alejandro.
Aquel trato, para vengarse de quienes los pusieron el ridículo no era algo normal. Se supone que el pasado no debe interferir en el presente actual, esto podía tener graves consecuencias...pero más que nada le preocupaba lo que hubieran hecho con Mildred...algo no se sentía bien.

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La joven estaba castigada, miraba la luna por su pequeña ventana, la luna...la luna..la luna. Tenía que salir de allí, un fuerte impulso crecía en su pecho y le decía que saliera, que buscara en la noche las respuestas a su llamado de auxilio. Abrió la ventana, y sonrió de forma casi desquiciada. Se acercó a las ramas del árbol que tenía enfrente y empezó a colgarse de la ramas con una gran agilidad.
Se bajó con cuidado y comenzó a caminar, las calles, iba con tan precisión y sin saber a dónde se dirigía. Tan solo sabía que debía estar en un lugar en ese momento. De pronto, en un terreno baldío donde no habitaba ni un alma, fijo su atención en la pequeña casa que aún, a duras penas, seguía en pie en medio de los pastos crecidos y la basura. Entró en la misma y lo que encontró la dejó sin palabras...lastima que antes de reaccionar su otra parte se apoderó de ella antes de que pudiera hacer nada.

_ ¿Estás cómoda Diana? -dijo con algo de malicia en la voz- Igual no me interesa, al que quiero herir es a Vladimir, y créeme lo lograré. -se acercó a ella y le susurró- Nadie podrá ayudarte, no está vez.

CONTINUARÁ

lunes, 17 de enero de 2011

Posesión

El tiempo pasó, las cosas parecían algo estancadas, y a nadie parecía gustarle.
Nubia en el hospital, Masha con culpa, Mildred más despierta que nunca pero sin certeza sobre qué hacer y Stephan intentando ignorar lo que su interior le decía...pero mientras esto ocurre...¿Qué pasa con los otros dos?

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Anael estaba en su habitación, revisó la hora, 15:45. Tomó su celular, empezó a escribir pero luego borró todo.

_ Mily no me creerá. -se dijo para sí- Se ha enojado mucho esta vez.

Se sienta en frente de la mesa que tenía para estudiar o dibujar y se apoya con ambos brazos en ella. Apoya la cabeza, no tenía mucho que decir al respecto, últimamente no se sentía él mismo. Desde que vio a Mildred algo en él había cambiado, o más bien, algo había aparecido.
En su interior Anael no deseaba hacerle daño, aún la quería, pero no sabía porqué actuaba como un imbécil cada vez que Lucía se le aparecía. Era un buen chico antes de conocerla, y quería seguir siéndolo. Cerró los ojos, los reabrió y entonces alguien estaba sentado del otro lado de la mesa, un hombre de cabello enrulado y largo atado en una coleta.

_ Así que eres tu, no pareces parte de mí en lo absoluto. -le dice con una voz penetrante- Pensé que tendrías más cerebro, pero eres muy ingenuo y tonto. -lo mira con soberbia-

_ ¿Quién eres tu? -le dijo sin levantar la voz e ignorando los insultos- Me haces ver como un idiota cuando apareces.

_ ¿Qué quién soy? Deberías saberlo, es más me sorprende que no lo veas. -sonríe con malicia- Soy Alejandro, la parte de tí que piensa de vez en cuando.

_ Yo puedo pensar por mi cuenta, tu eres el imbécil. -se levanta y lo mira con furia- ¡Quiero que desaparezcas!

_ -con un gesto de la mano le ordena que se vuelva a sentar y el joven sin poder controlarse obedece- No me iré, no aún. Necesito tenerte para cumplir mi cometido, e íbamos bien hasta que Cynthia regresó con sus encantos, vaya cuerpo que le tocó esta vez...

_ ¡No digas eso de Lucía! -le dice furioso- ¡No pienso ayudarte! Solo me has dado problemas.. -nota que no se puede mover- ¿Pero que suced..

_ Ves, eres MI sirviente, soy más fuerte que tu. -se levanta y camina con tranquilidad por el cuarto- Y es evidente que tu amiguita también es más débil que mi bella amante. -dice con seriedad-

_ ¿Amante? -dice sorprendido- Eso no puede ser...Diana y tú estaban..

_ De verdad eres tonto niño. ¿Tu crees en los cuentos? Por favor, ve la realidad. -clava sus mismo ojos verdes en él- Yo nunca quise a Diana, a diferencia de ti que si sientes algo por Mildred. -entonces piensa un momento- Tampoco quiero a Cynthia pero es más divertido estar con ella.. -en su voz había un tono desagradable-

_ ¡Deja de decir cosas sobre ellas! -le gritaba con indignación- Jamás haría algo así con Lucía, yo nunca..lo haría... -entonces unos recuerdos olvidados invaden su mente, para deleite de su alter ego, él quería que viera lo que era capaz de hacer con él-

_ Niños, nunca aprender cuando cerrar la boca. -dice por lo bajo- Pero yo te enseñaré a ser más cordial. -ríe con malicia-

Anael levanta la mirada, no lo podía creer, todas esas noches que pensaba estar soñando habían ocurrido en realidad. Quedó paralizado un momento, Mildred tenía derecho a odiarlo por aquello, pero no había querido hacerlo solo...que Alejandro lo había dominado.
Al despertar, sus ojos no se veían iguales, tomó una campera y salió del cuarto con determinación.

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En un cuarto rosa, las cortinas blancas se movían al copas de la suave brisa que entraba desde afuera. Parecía ser una chica normal, pero en su interior no estaba todo en orden. Su misma imagen se encontraba atrapada en un especie de caja de cristal, ella gritaba pero nadie la escuchaba, solo había una sombra que se regocijaba con su desesperación.
En un momento la dejó completamente sola, en ese mundo tan extraño, nada parecía cambiar. Lucía ya no tenía control de nada, desde que había visto esa sombra en su mente ya no había podido volver a actuar por su cuenta. Estaba en una pesadilla, ya no quería estar así.
Era Cynthia tan fuerte que la había confinado, exenta de voluntad o poder, se pudriría en aquella prisión. De pronto la presencia volvió, esa que la había despertado por primera vez...Alejandro.
Ambos amantes se dejaron llevan por la lujuria una vez más, era lo que siempre hicieron y claramente no cambiarían. Pero esta vez, él tenía una idea más comprometedora, quería venganza, de toda la humillación que le había causado. Entonces la aprisionó contra la pared y la tomó del cuello de forma que parecía querer ahorcarla. La joven sintió como apretaba sus manos cada vez con más fuerza, el aire se le escapaba. Puso sus manos sobre las de él y con un hilo de voz preguntó:

_ ¿Por qué lo haces? Fue Diana quien te traicionó, no yo. -clavó sus ojos claros en él, sabía que tenía razón, siempre la tenía.-

La soltó y aún encima de ella la miró con atención, debía buscar la forma de saciar su sed de compensación. Muerte más humillante que la de él nunca se había visto en su país, miles se rieron y mofaron por siglos. Entonces la pelirroja comenzó a  besarlo con intensidad, ponía sus manos en su cuello nuevamente y un gemido salió de su boca.

_ Sé bueno conmigo y te diré como herirla. -la acarició con una sonrisa torcida-

_-apenas presionó su cuello y con la misma sonrisa preguntó- ¿Te gusta que te trate así?

_ Si...me encanta. -dijo y sus manos descendieron a su pecho- Y creo que a ti también. -sintió algo rozando con su vestido- Hazme feliz Alejandro. -susurró a su oído haciéndolo estremecer-.

_ Lo que desees, pero recuerda nuestro trato. -la tomó de la cintura y la tiró a la cama de ella- Debes decirme como...-es interrumpido por un beso inesperado-

_ Ya cállate, nunca te he fallado. -le reclama y lo acerca a ella-.

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Ella leía, leía y leía. La bronca se acumulaba con cada hoja que pasaba, todo era su culpa. De repente se cansó y tiró el libro contra la pared, se tiró en el respaldar de su cama y con la mano en la frente intentó despejar su mente, no podía encontrar como salvarla.
De pronto, sintió un perfume, las rosas. No, no podía en ese momento ¡No! Se sostuvo la cabeza, tenía que mantener el control de ella misma. Cerró la puerta de su cuarto con traba y se escondió entre las sábanas de su cama, Livia no podía aparecerse de esa forma. Poco a poco el dolor fue pasando, creyó que volvería a la normalidad...pero eso no ocurrió. Alguien tocó la puerta, era Ephan que le preguntaba si iba a cenar con él o más tarde. Masha intentaba responderle pero no podía concentrarse, se levantó pero entonces todo le parecía confuso y terminó por tropezarse con un mueble emitiendo un grito de dolor al sentir la dureza del suelo en su cara. Al escuchar esto, su hermano comenzó a golpear la puerta, nadie respondía y no le gustaba lo que había oído.
La joven rogaba que no entrara, su voz solo parecía empeorar todo. Sintió como la traba cedía por los golpes y cuando todo cesó al levantar apenas la vista lo vio... perdió el control.

_ ¿Masha estás bien? -la buscaba con su bastón cuando sintió un tirón del pantalón. Cayó al suelo y sintió como alguien lo tomaba del brazo- ¿Mash? -dijo con duda-

La joven lo miraba, era él no había duda, las emociones en su interior se perturbaron. Primero cariño, luego lástima, al final enojo. Tomó su rostro y levantó una mano dándole un cachetazo que quedó marcado por un buen tiempo, el joven no sabía porqué había hecho eso, se puso la mano en la mejilla sintiendo un leve ardor.
Se levantó del piso y la dejó sola, Livia estaba furiosa, tomó unos abrigos y salió por la ventana de la habitación...
De pronto al salir, una chico de ojos verdes la estaba esperando, ella lo ignoró y tomo otro camino. Pero él no se rendiría tan fácilmente, la siguió unas cuadras y la tomó por la espalda. Ella se resistió pero luego no tuvo más opción que prestarle atención. En un callejón cercano, había otra mujer, una pelirroja, ambos se miraron.

_ A ti también te traicionaron, ¿No es así? -dijo Alejandro con soberbia-

_  Tu lo deberías saber, fue con su "querida" esposa. -le respondió con sarcasmo- ¿Qué hace ella aquí? -señala a Cynthia, su horrenda forma de  no pasar de ser perciba no había cambiado-

 _ Ella puede ayudarnos, Livia, yo era malo pero tu....tu no te merecías aquello. -si voz era muy convencedora- Tu sabes eso, por eso estámos aquí, queremos proponerte algo.

_ ¿Qué quieren? -sus ojos celestes reflejaban desconfianza, no los conocía demasiado, pero parecían que aún no olvidaban.-

_ Hacer un poco de justicia. -la pelirroja le dijo y se acercó a ella, sabía que era débil ante las mujeres, en muchos sentidos. - Livia, es hora de que Vladimir pague por lo que te hizo. -mostró su sonrisa más seductora-  Solo se esconde bajo la cara de ese joven, en realidad Vladimir es tan consciente como tu y yo. Le gusta que te sientas mal al atacar un inocente, ese cuerpo no es suyo al igual que este no es mio. -pasó su mano sutilmente por su cadera, ya estaba más atenta.-  Toma venganza con nosotros, se que lo deseas tanto como yo.

La rubia la observaba con atención, su enojo persistía, ¿Y si tenían razón? ¿Si Vladimir la tomaba de tonta? Ya lo hizo una vez, entonces porqué no lo haría de nuevo.
No era mujer de dejarse burlar por un imbécil. Su peor pecado, la ira, la incitó a aceptar. Estiró la mano y cerró el trato, ella les ayudaría.

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Masha despertó, estaba en un banco de la plaza, qué había ocurrido no sabía pero algo le decía que no había sido nada bueno. Se levantó y se dirigió a su casa, miró el celular, ningún mensaje. Era extraño, ya había amanecido y Ephan no la había llamado ni nada.
Sentía un dolor punzante en el cuello, se pasó los dedos en la nuca y sintió algo. Se miró y tenía sangre, era un corte en limpió. ¿Qué demonio había pasado esa noche? Apuró el paso, sería mejor que llegara antes de que alguien lo notara. En su mente imágenes borrosas, preocupantes y sin sentido. Una medalla de oro colgaba de su cuello....en él un nombre...Diana.


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Ya se que es corto, no critiquen eso....hoy no :P . Este....algo pasa, pasó, no puedo dar adelantos...soy mala!!! xD

domingo, 2 de enero de 2011

Cueva del Mar Rojo

Lilith, la primera esposa de Adán, anterior a Eva abandonó el Edén por propia iniciativa y se instaló junto al Mar Rojo, uniéndose allí con Asmodeo, que sería su amante, con quien procreó miles de demonios, los Lilim, quienes salieron de su encierro a enfrentar aquel mundo...o más bien para que el mundo los enfrentara a ellos...

Y allí estaba, frente a un edificio oscuro y lúgubre, estaba insegura. Una compañera le había aconsejado ese lugar, según lo que había escuchado "Allí encontraras lo que sea", eso le basto como motivo.
Mildred se acercó a la puerta, había dos guardias con cara de pocos amigos, la miraron algo sobrando y le preguntaron:

_ ¿Quién te ha invitado? -la voz era recia.-

_ Nadie, yo solo vine porque me dijeron que me pueden ayudar par encontrar algo. -dijo la joven algo nerviosa-

_ Lo lamento, pero aquí nadie entra si no es por invitación de un miembro, además seguramente ni siquiera debes saber a dónde quieres ir y por tanto no puedes entrar. -el gran hombre se colocó delante de la puerta y no se movió-

_ -Mildred suspiró, no tenía idea de qué haría, pero era claro que no se arriesgaría a desafiar a aquellos gorilas. Se volteó algo desilusionada y fue entonces que la vio, la joven de los ojos oscuros.-

_ Buenas noches Mildred. -dijo con su cortesía habitual, la tomó del hombro y se dirigieron juntas a la puertas del club- Ella viene conmigo, aunque está noche estaré en la sección P avísenle a Livia cuando llegue.

_ Nombre. -dijo el guardia mirándome-

_ Diana. -le contestó como invento y entonces entraron. La castaña solo veía a su compañera, la seguía sin omitir palabra. Livia ese nombre resonaba en su cabeza, el lugar era oscuro seguro tendría que tener cuidado de no perderse. Llegaron a una puerta con la letra P y entraron, era un pasillo con muchas puertas, la mayoría tenía un letrero rojo, al encontrar una en verde la joven morocho entró y la invitó a pasar, claro antes de eso puso su nombre en la placa.-

Era una habitación vacía, de paredes negras y en un pequeño mueble había varios libros y objetos extraños. La joven miró a la desconocida.

_ No se quien eres, pero creo que puedes ayudarme. -le dijo calmada-

_ Tienes razón, yo quiero ayudarte, pero primero debes saber que quizás no eres la única en este problema. -la miró con ojos compasivos- Me llamo Nubia y si me explicas que sucede veré que puedo hacer. -apenas sonrió-

_ Tengo sueños, dormida o despierta, sobre una de mis vidas pasadas. Una mujer llamada Diana. -entonces su voz se tornó seria- pero no solo me pasa cuando estoy sola también con ciertas personas...algo me está pasando y quiero que se detenga.

_ Entiendo, respóndeme. ¿Tiene idea de por qué Diana te muestra sus recuerdos? -le pregunta seria mientras toma uno de los libros y comienza a ojearlo-

_ No, pero creo que algo le pasó estando viva...algo malo y por eso no puede descansar. -miró el piso- Y también creo saber quien se lo provocó. -recordó a Anael, aquel momento en que sus ojos cambiaron, Alejandro no era como ella creía.-

_ -notó la expresión triste de la joven y se le acercó- Tranquila, veremos como arreglarlo pero no puedo comenzar sin mi ayudante. -la invita a sentarse en una silla- ¿Por qué viniste a este lugar?

_ Según lo que me han contado en este lugar se puede encontrar lo que sea. -miró a la joven a su lado- ¿Por qué me ayudas?

_ Así lo quiero, además, también es parte de mi este problema. -respiró profundo y continuó- Al igual que Diana es para tí, yo soy para Kesha. -no le diría su nombre solo lo cambiaría para evitar ciertos inconvenientes.-

Se quedaron en silencio, Nubia sacó varias velas libros y cosas raras para su acompañante. Mildred solo la miraba a menos. En medio de un silencio no incómodo pero si un tanto aburrido entró la tan extraña ayudante de la joven. Tenía el pelo parado, varios tatuajes y un maquillaje gótico que en parte daban miedo. Pero al verla bien le pareció familiar. Entonces se levantó para saludarla y le dijo:

_ Hola yo soy Mildred...-entonces abrió bien los ojos mostrando una clara expresión de sorpresa.- ¡Eres M---- -fue interrumpida por un fuerte manotazo en la boca-

_ ¡No digas eso aquí idiota! -Nubia las separó y saludó a Livia con un suave beso en la mejilla, La rubia se tranquilizó y luego se dirigió a la castaña susurrándole- No está permitido usar tu nombre real, ni siquiera las preguntas directas, aunque en está sección es una excepción.

_ P-pero t-u te ves...¿Livia?...- al ver la mirada asesina de su compañera de clase solo pudo hacer silencio.-

_ Ya cálmate Livia, vino porque yo lo quise. -le dijo con dulzura y entonces miró a Mildred- Ella quiere saber lo que pasó con Diana, quizás sea lo mejor a seguir ocultándole la verdad...

_ Mmm si quizas tengas razón linda. -pasa su mano disimuladamente al hombro de su compañera y la mira.- Aunque no se si podrá con eso. -su mirada era de preocupación-

_ -Mildred las observó, eran raras, pero fuera de eso...- ¿Qué verdad? ¿Tú sabías lo de Diana? -su voz sonaba algo histérica, no tenía idea de qué pensar, tan solo se dejó caer en la silla a su costado-.

_ No hagas aspamento, ya eres grande M--Diana. -la reta Livia y entonces suelta a Nubia pero no se aleja- Ves a lo que me refiero, es muy emotiva, además de pend..-Nubia le tapa la boca y solo responde sonriendo de forma nerviosa-

_ Si ya entendí. -ella conocía los riesgos pero no existe casualidad, el hecho de encontrarse a Mildred en aquel momento era por algo. En todo su pensamiento aún no sacaba su mano de la boca de su amiga, cosa que cambió al sentir un lenguetazo- ¡Livia! ¡No hagas eso! -le dice casi gritando mientras se limpia la baba y se sonroja.-

_ ¿Ustedes son más raras que mis sueños? -dijo con cara de wtf ante lo que acababa de presenciar- Hablemos en serio, ¿Qué saben sobre Diana?

_ -Nubia se pone seria y le explica- Aquí ser como nosotras es normal, numero uno y numero dos, sé que Diana fue tu vida pasada y sé el motivo de porqué se manifiesta en tu vida presente. Ahora el problemas es que quizás no solo sea un problema de Diana, sino también de muchos más...-voltea los ojos, quizás hasta eso tendría que explicarle.-

_ Si lo sé. -ambas jóvenes la miran sorprendidas- Se que Anael mi nov-amigo se llamaba Alejandro y era el esposo de Diana, Lucía mi ex mejor amiga era Cynthia...y creería que tú también Mas- Livia. -las mira esperando respuestas.-

_-Masha se voltea- Creo que te das cuenta que no solo yo te odio entonces, verás es complicado, Livia odia a Diana. -cierra los ojos- Ella fue la razón de que fuera abandonada...

Mildred y Kesha callan por un momento, era claro que la tristeza estaba plasmada en esos recuerdos. La rubia tardó unos minutos en poder volver a verlas.

_ Mejor será que sepa, esto está saliéndose de control. Livia está tomando mi cuerpo de formas abruptas a veces y temo que llegué a hacerle algo a ... tu sabes. -se dirigió a Nubia-

_ Comprendo, ya hablaremos de eso después. -intentó aplacar el ambiente y se sentó entre las cosas del piso, los libros y varios elementos- Vengan siéntense.

Mildred y Masha hicieron lo que la morocha les pedía, esta se levantó y dibujó un círculo de sal alrededor de ellas. A lo bajo susurró:

_ Este círculo es cerrado y nunca violado. -se sentó dentro y cerró los ojos-

_ Nubia es una wicca, ella conoce el poder la magia y al trazar el círculo abre un portal entre nosotras, debe concentrarse para que funcione. -le explicaba la gótica- Si esto resulta, podrás conocer la vida de Diana con todo detalle. -entonces le toma una mano- Debes hacer todo lo que nosotras, de lo contrario no podrás verlo.

_-Mildred tomó la mano con algo de duda, ella no creía en la magia o las brujas pero no tenía muchas otras alternativas- Bien, como digas.

La morocha las mira entonces las toma a las dos formando un círculo de tres. Recita por lo bajo las misma palabras de cuando lo había hecho con Livia y entonces mira a su ahora "ayudante".

_ Cierra los ojos Diana. -le pide- No puedo ir contigo, tu verás las cosas por ti sola pero debes estar tranquila no te pasará nada. Livia escribirá todo lo que relates por si lo olvidas al regresar...-entonces en medio de aquellas oraciones, la castaña terminó por dormirse sin darse cuenta. Había entrado en trance.-

Nubia la sostuvo y recostó en medio del círculo, Livia fue al otro lado. Mientras la joven de ojos oscuros posaba sus manos encima del pecho de la chica, su ayudante tenía a mano un cuaderno y una lapicera. La regresión había comenzado.

_ Mily. -dijo muy bajo y solo como apodo- Dime ¿Qué ves? -preguntó la wicca con un tono amable-

_ Veo un campo, una casa muy grande y un lago en frente, esto ya lo he visto en un sueño. -respondía con un tono bajo y parecía totalmente ajena a cuestionar-

_ Estamos en buen camino entonces. Ahora quiero que entres a la casa y me digas quién vive allí.

La joven se veía como un espectro, no podía hacer nada solo obedecer y observar. Entro a la lujosa casa, todo estaba ordenado, algunos tejidos por allí y uno que otro juguete en el suelo. Nada fuera de lo común. Un retrato, una familia, todos felices.

_ Vive una familia, la madre, el padre y el hijo. -respondió y continuó- pero al parecer hay más gente, muchas mujeres pasan a mi lado...

_ Son las sirvientas Mily. -le responde su guía- Tranquila, necesito que encuentres a la madre, ¿Podrás hacerlo?

_ Claro, creo que es por aquí...-de pronto la chica se asusta- ¡Es Diana! Ella es la madre. -su respiración se alteraba-

_ No te asustes, ella está fuera de ti ahora, tu solo veras como era. Respira y escúchame. -seguía tranquila, debía terminar bien la sesión.-

_ -tardó unos segundos y luego con voz insegura exclamó- Ella no es felíz en ese lugar, está sola, ¿Por qué está sola?

_ No lo se. -mintió, no podía revelar nada por su cuenta- Deberíamos averiguarlo.

_ Si, tienes razón. -parecía un zombie pero sería mejor así-

Mildred recorrió el lugar, había un hermoso jardín y una mujer lo cuidaba con devoción absoluta, alguien más estaba allí pero no era una sirvienta, sino una doncella de larga cabellera. Estás miraron a la joven y le sonrieron.

_ ¿Pueden verme? -preguntó sorprendida-

_ Claro que podemos, somos Livia y Nubia. -dice la rubia- también estuvimos aquí, solo que de otra forma.

_ Ya veo, ustedes también están solas...no me gusta este lugar. -sonaba desanimada, antes de decir nada más Diana apareció detrás suyo-

Habló con los jóvenes, al parecer las conocía, una trabaja para ella y la otra solo era una acompañante en los días que su esposo pasaba por el valle para ayudarle con algunas cosas de la casa. A la castaña no le pareció importante, pero al ver como Diana miraba a Livia sintió culpa en sí misma. Había algo en la mirada de la rubia, odio o quizás rencor. ¿Qué había hecho ella para que la mirase de esa forma?
Diana terminó y volvió a la casa, estaba sola casi todo el tiempo, recorriendo los pasillos y viendo antiguas fotos. Al parecer algo la afectaba. Su esposo, Alejandro, no era el mismo desde que había hecho aquel viaje hacía la ciudad vecina. Estaba alejado, desconsiderado y su la forma de tratarla se había vuelto algo hostil. Ella le temía, varios recuerdos comenzaron a azotar su mente.
Él la golpeaba, tiraba y rompía todo en sus ataques de furia. Diana nunca gritaba, solo se callaba por temor a empeorarlo, aún así en su interior el miedo la llenaba por completo. ¿En qué se había convertido?
Varias eran las noches en que se dormía de cansancio a causa de varias horas llorando en medio de la oscuridad de la sala. Muchas de sus sirvientas lo sabía, ellas mismas arreglaban los desastres que causaba su "señor", pero no era su asunto entonces no intervenían.
Aunque las marcas se iban en unos días, el dolor dentro de Diana crecía.

_ Tengo miedo. -dijo de repente he intentó levantarse, asustada por lo que veía-

_ -la recostaron nuevamente- Aún no, tienes que ver, quizás las cosas mejoren...-la animó Nubia-

_ -Livia la miró con el ceño fruncido, algo preocupada.- Nubia, creo que esta..

_ Relájate, tan solo concéntrate. -estaba preocupada, las cosas se verían complicadas desde allí- Mily ¿Ella quiere a alguien?

_ Si, a Alejandro, aún cuando la lastima. Está enferma. -opina desde su punto de vista- Nadie debería dejar que la traten así.

_ Tienes razón. -debería formular mejor la pregunta- ¿Ves que alguien la ayude?

_ ¿La ayude? -piensa un momento y regresa a su silencioso recorrido-

Había desaparecido, no estaba en la casa. Salió afuera, era de noche, algo en el ambiente se sentía mejor. Mildred paseó por el lugar, estaba vacío todos dormían, entonces en el pequeño jardín se veía una distante luz. Había dos personas viéndose en secreto...una era Diana y el otro era un hombre muy diferente a Alejandro. Este la contenía y consolaba, ella solo le contaba lo sucedido y lloraba mientras lo abrazaba, feliz de verlo nuevamente.

_ ¡Si! Alguien la ayuda. -dijo más animada- un hombre muy amable está con ella. -se dedicó a ver la triste pero a la vez dulce escena-.

El hombre y ella se sentaron en un pequeño banco, ambos tenían los ojos brillantes. De repente él le susurró algo, ella se sonrojó y su expresión se tornó preocupante.

_ No deberíamos estar aquí, está mal...-él coloca uno de sus dedos sobre los labios de ella-

_ Él no está esta noche, no podrá hacerte daño si te ve conmigo. -le dice con voz serena-

_ Tu sabes que no es eso a lo que me refiero. -mira por lo bajo- ¿Qué dirá tu esposa si se da cuenta que te escapas de esta forma?

_ No me importa, al menos no ahora. -le sube suavemente el rostro.- Diana, ven conmigo. -entonces acerca su boca deliberadamente y la besa.-

Mildred quedó en shock y se negó a ver más. Se levantó de golpe y no lograba ver nada, como si aún siguiera en el pasado. Algo malo pasaba, alguien gritaba, el frío de nuevo...
En el presente Nubia intentaba calmarla, pero ya no podía escucharla, entonces no solo Mildred se puso difícil ahora también Masha se veía mal, se había puesto pálida.

_ ¡Livia! -gritó mientras aún sostenía a la joven que luchaba por salir de aquel trance- ¡Respóndeme! -los ojos de Nubia se llenaron de miedo cuando vio que Masha se desvanecía hasta caer y romper el círculo con un movimiento de su mano.-

Soltó a Mildred he intentó componerlo pero era demasiado tarde. Tendría que sacarla rápido o podría quedarse atrapada. Entonces colocó su mano en medio de la frente de ella y recitó cuando rezos y conjuros sabía, debía actuar rápido.
La castaña veía la furia de Alejandro atentar contra Diana, los había descubierto. Pero no terminaba allí, algo más...Vladimir...la nieve...todo desaparecía frente a sus ojos. En medio de la oscuridad escuchó una voz, alguien la llamaba. Abrió los ojos y el rostro de Nubia se hizo presente, miró a un lado Masha estaba inconsciente.

_ ¿Qué le sucedió? -se levantó y vio como las manos de la morocha temblaban-

_ Cálmate, ya pasó. -la soltó dejándola y dirigiéndose hacia Masha-

La miró con atención, no estaba herida, pero su cuerpo se sentía frío. Le levantó la cabeza y le acarició el cabello, la abrazó con cuidado. Debió haber sido el espíritu de Livia, se había alterado con el relato de Mildred.
La joven solo la miró, no sabía porque le daba la impresión que había sido su culpa. Se acercó y le ofreció su ayuda. Entre las dos, la sacaron de esa parte y al otro extremo de la habitación Nubia se sentó en el piso y recostó la cabeza de Livia encima de sus piernas. La miraba y suspiraba, no debió haberla involucrado.

_ La quieres mucho ¿Verdad? - le dijo Mildred cautivada por el trato dulce que le tenía-

_ Si...mucho. -le responde y sonríe. Entonces la miró y le dijo.- ¿Recuerdas lo que pasó?

_ Algunas cosas, pero en cuando abrí los ojos todo se mezcló. -se sentía algo deprimida-

_ Ve y lee lo que Livia anotó. -le ordena señalando las hojas tiraba en medio de la sal dispersa-

La chica fue y las juntó, se sentó cerca de Nubia y comenzó a analizar las cosas con cuidado. Al leer las notas todo fue más claro, hasta la parte del "engaño" y entonces tuvo que parar.

_ Diana estaba casada, pero engañaba a Alejandro. -dijo algo desilusionada-

_ Depende como lo mires, quizás el término no es el correcto. Ella sufría mucho a su lado. -le dice la morocha aún con expresión preocupada- Piensa que antes se casaban por conveniencia y no les importaba si se amaban o no.

_ Creo que si, pero aún así, Vladimir -hizo una pequeña pausa por el eco que le hacía mencionarlo- él también engañaba a su esposa, eso me hace pensar que él era como Alejandro. Porque él también lo hacía con Diana. -su inconsciente estaba hablando-

_ Tan solo tómate un tiempo y cuando estés tranquila intenta recordar, no pienso volver a hacer una regresión. -le dijo seria- el problema es que la historia es propensa a repentirse, debemos evitar que eso pase. Es muy doloroso que lo diga así, pero...el final de esa historia es trágica.

_ ¿Quieres decir que alguien... -calló por un momento-

_ Si, alguien murió. -mira por lo bajo y luego con más fuerza en su rostro le dice- Por eso, si lo logramos, estoy segura que Diana estará en paz. Es por ella que todos nosotros hemos despertado.

_ Anael no es como Alejandro. -le dice de la nada- Él nunca me haría daño, no es así.

_ Quizás él no, pero su alma si...no te ha pasado que Diana te controla, por encima del cuerpo, su alma te domina. -le dice con frustración- Eso le puede pasar a cualquiera de nosotros porque nuestras almas están perturbadas, no deberíamos recordar el pasado de esa forma.

Piensa un rato bastante largo, era por eso que él se comportaba tan raro...incluso ella misma olvidaba lo que hacía, ¿Diana se estaba apoderando de ella?¿Qué quería?
Todo tenía más sentido, pero si se estaba repitiendo, si Anael hacía lo mismo que Alejandro eso querría decir que él...
Cerró los ojos resignada, Lucía...
El silencio reinaba en la habitación, todo se había tornado melancólico y las caras reflejaban dudas. Media hora estuvieron así, entonces una de ellas dijo:

_ ¿No te parece raro que Livia no haya despertado aún? -como un niño con una pregunta inteligente, esas palabras resonaron en la mente de su compañera.

_-abrió los ojos sorprendida.¡Cómo no lo había notado! El tiempo pasaba pero su mente estaba tan dispersa que se había olvidado de Livia.- ... -no tenía fuerza para emitir palabra alguna-

Mildred se levantó y sacudió un poco a la morocha, el rostro de Livia seguía pálido. La tocó, estaba fría, entonces comenzó a desesperar. Nubia intenta entender, si fuera una posesión interrumpida debería haber despertado a los pocos minutos pero entonces eso debería ser que...

_ ¡Masha! -gritó con los ojos llenos de lágrimas. Tomó el rostro en sus manos e intentó despertarla- ¡Despierta!¡ Despierta! -la joven apenas abrió los ojos pero los tenía de color negro-

La wicca se asustó y comprendió. En la regresión, Livia intentó entrar al cuerpo de Masha, por eso estaba nerviosa. Al sacar a Mildred tan rápidamente dejó el portal abierto y entonces al ser Masha la única tranquila ella fue quien se quedó atrapada.
Se enderezó y comenzó a abrir cuanto libro de conjuros encontraba, nada, no encontraba nada. Estaba desesperada, Ephan la mataría, no podría sacarla de ese estado y todo estaría arruinado. Mildred la veía con preocupación, no sabía que pasaba, entonces le preguntó:

_ No se despierta, deberíamos llevarla a un hospital. -intenta acercarse a Nubia-

_ ¡No!¡No!¡No! ¡Es mi culpa! -dijo muy nerviosa y comenzó a llorar de furia, buscaba una solución pero no tenía nada. Ella no tenía a nadie, pero Masha en cambio si y ahora no sabía que hacer.-

_ Pero quizás... -tenía miedo, la joven lloraba en medio de todas esas hojas y ella no podía ayudar en nada. Maldecía el día en que conoció a Anael, de no ser por ello nada habría pasado.-

Nubia cortó una hoja y con rapidez fue hacía Masha, la castaña la siguió, ¿Había encontrado la solución? La morocha se sentó y le dijo a Mildred.

_ En cuanto despierte dile que estoy bien, llévenme a un hospital, aquí no podré quedarme. -entonces su voz se quebrantó- No tengo familia así que no importa, tan solo creerán que estoy en coma o algo así, pero no sospecharán de nada más...yo, tomaré el lugar de Livia. -comenzó a recitar unas palabras en latín, se acercó a Masha y entonces un humo blanco salió de su boca y entró al cuerpo de Nubia. Quien se desmayó al instante.

Mildred estaba muy confundida, primero una ahora otra, ¿Que debía hacer? Se preguntaba histérica, entonces se dirige a la puerta, iría por ayuda. Cuando un ruido detrás de ella le llama la atención.

_ Ayy mi cabeza...-dijo la rubia despertando perezosamente- ¿Qué demonios hago en el piso?

Entonces miró a Mildred, qué hacía en la puerta si la sesión aún no terminaba....esperen...ella se había desmayado. Sintió algo frío a su lado, se volteó y vio a Nubia tirada en el piso.

_ ¡¿Qué le hiciste?! -preguntó completamente asustada-

_ Ella lo hizo, fue para despertarte, yo no entiendo nada. -intentó defenderse pero la mirada de furia de la rubia la intimidaba- Dijo que deberíamos llevarla a un hospital.

_ -Masha se quedó un momento mirándola y entonces se levantó y la tomó de un hombro- ¡Entonces ayúdame imbécil!

La cargaron hasta la recepción y allí uno de los guardias se alarmó y llamó a una ambulancia. Ellas esperaron, nadie comprendía nada, pero aunque lo explicaran nadie les creería.
Los paramédicos la atendieron, parecía estar estable pero nada señala la causa de su desmayó. Le frotaron en el tórax, nada, de verdad estaba inconsciente. La cargaron con ellos y fueron al hospital.
Masha se quedó paralizada, mientras veía como el vehículo se alejaba. Entonces se tomó del pecho y una lágrima negra recorría su rostro. La ira la dominó, tomó a Mildred de la remera y la acorraló contra la pared.

_ Es tu culpa, de no ser por tí, nada de esto hubiera pasado. -no gritaba pero el tono de su voz era desgarrador, una mezcla de enojo con tristeza- No te acerques nunca más, ni a Nubia ni a Ephan, quizás ellos sean capaces de perdonarte pero yo no. -la tiró al suelo- No haz cambiado nada, tú merecías morir, solo causas dolor a quienes te rodean. Ahora y siempre. -salió caminando hacía su casa-.

_ ¡Espera! -le gritó Mildred he intentó alcanzarla-

La rubia solo se la sacó de encima y se alejó. Masha no quería que la viera así, porque bien sabía en su interior, que no había sido culpa de nadie.

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La joven estaba deprimida, desde lo ocurrido aquella noche no tenía ánimos para nada. Tres semanas encerrada en su cuarto, no tenía escuela porque era época de vacaciones de verano, cosa que no ayudaba.
Su habitación la deprimía, su música la deprimía, ver la ventana la deprimía...era un tiempo difícil. Sus padres lo notaron, comenzaron a preocuparse pero la joven no hacía caso a sus sugerencias. Solo su hermana menor, y por persistente, logró que saliera de aquel lúgubre lugar que había convertido en su cuarto.
Caminaba por la calle, nada nuevo, nada que llamara su atención. Andaba cabizbaja, quería olvidar todo lo que había pasado, tan solo podría animarla.
Pasó una hora caminando y entonces optó por ir a ver a Lucía, si quería que la historia no se repitiera debería decirle lo ocurrido...y quizás volver a ser amigas. A fin de cuentas, Anael tenía razón ella no tenía pruebas de nada. ¿Habrá sido prejuiciosa?¿Se habría equivocado?
Llegó a la gran casa y fue recibida por el padre de la pelirroja.

_ Sube, está arriba con otra compañera. -dijo sin importancia-

_ Gracias, Sr. Devani. -le sonríe y entonces sube por la escalera en silencio. Se escuchaban voces desde la habitación, pero no parecía una voz femenina. Mildred se puso atenta, se quedó detrás de la puerta.-

_ Basta deja de jugar, que mi papá está debajo. -le dice riendo-

_ Si no fueras tan chillona...-la voz también reía- Ven aquí.

_ ¿Cómo resistirse a esos ojos? -le dice juguetona y entonces se hace silencio-

La castaña se asoma por la puerta, Lucía estaba besando a un chico, ambos parecían "divertirse" entonces ella se separa y la joven queda atónita con lo que vio...era Anael.
Se tapó la boca y corrió escaleras abajo, debía salir de allí. Nadie en esa casa se dio cuenta.

Corría por la calle, no tenía idea de a donde ir, solo quería escaparse y desaparecer de ese maldito lugar. Pasó por la casa de Ephan, quiso entrar, pero algo la detenía. Si Masha tenía razón, solo terminaría por lastimarlo a él también. No quería eso.
Dio media vuelta y sintió el frío nuevamente, la noche a su alrededor, todo se volvía borroso. Se sentó en el cordón de la calle y esperó a ver si se mejoraba. Se tomó de la cabeza, sentía algo moslesto. Se sacudió el cabello, algo blanco caía de él...no era caspa.

~La nieve, todo estaba blanco, la misma escena de siempre. Pero algo estaba distinto, Diana no estaba tirada, es más, solo admiraba el paisaje. De repente alguien la toma por la espalda y la voltea, Alejandro, la mira con furia y comienza a golpearla ferozmente.
Mildred intentaba evitarlo, era en vano, solo era un visión. De pronto la deja, tirada en la nieve, se aleja, la abandona.
Diana pedía por ayuda, nadie la escuchaba, como pudo se levantó he intentó caminar hacía la casa nuevamente. Todo era inútil, se cae, está sola. La sombra de la muerte se sienta a su lado, como esperando a oír su último suspiro. De pronto una mano se tiende a ella...los ojos azules aparecen en la mente de Mildred...~

_ ¿Quién está ahí? -pregunta una voz cálida-

_ -la castaña siente un golpecito en el braso. Despierta finalmente y entonces ve a Ephan allí, su mente se abrió y finalmente se dio cuenta- ¡Ephan! -grita emocionada y se levanta- ¡No fue Diana! -le dice eufórica, y lo abrasa con fuerza-

_ -él la recibe totalmente desorientado- Este...que bueno. -dice por decir, Diana, le sonaba el nombre-

_ No sabes cuanto. -se recuesta en su pecho- Después de todo no fui quien arruinó la vida de todos...

_ -quien la cara de WTF aumentó considerablemente, la aleja un poco y le sostiene el rostro- ¿Tomaste algo? Estas hablando muy raro. -apenas sonríe-

_ -Mildred lo mira, quizás él no sabía nada, sería mejor así.- No, pero no importa.

El joven solo la contuvo hasta que le pasó la ansiedad, de verdad que era una chica muy distinta a las que conocía y por eso le gustaba tanto...que demonios, ya casi no podía soportarlo más, quería decirle...

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En una habitación blanca, frente a un cuerpo inmóvil se encontraba Masha, cuidando de Kesha. La miraba con una gran tristeza, quería escucharla hablar de nuevo, necesitaba hablar con ella.

_ Kesha...-toma su mano- debí habértelo dicho antes...-se arrepintió- Lo siento, todo es mi culpa, pero encontraré la solución. -la aprieta fuerte la mano, esperando en vano a que ella le respondiera.-

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Debajo de unas sábanas rosas, una joven se despierta, se levanta con cuidado y susurra.

_ Él nunca me lo dirá, al menos no en serio. -Cynthia se apoya sobre la ventana- Él no me ama y solo me está usando, pero aún así...yo si lo amo.

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~Te quiero~

CONTINUARÁ

-Si alguien no entendió la última parte, por favor no tengan miedo de preguntar ^^-