domingo, 31 de octubre de 2010

Kesha

Nubia había preparado todo, ella sabía con precisión lo que necesitarían. Solo un paso más y todo listo.

_ Recuerdas, esto requiere de una compensación. -saca una pequeña daga de su bolsillo- la sangre es simbolo de vida, solo será un corte. -toma su mano y se pone seria- si te da impresión no mires-

Entonces la morocha sin temor alguno abrió la palma de su mano y se hizo un corte del cual dejó caer la sangre a un recipiente que tenía debajo. Su compañera la miró con admiración, entonces fue que Nubia le pasó el cuchillo.

_ Debes hacerlo tú también si quieres participar. -le ofreció la daga con la ilusión de que se arrepintiera-

Livia solo la tomó y besó el mango y sin mirar la acercó a su palma para comenzar. Nubia solo desvió la vista. Ya no había paso atrás. La joven de ojos oscuros recitó una plegaria a su Diosa.

"Diosa de la Luna, mi musa y compañera...ruego que me ayudes una vez más.
Mi poder solo es tuyo y por tí lo invoco, te quiero pedir que me des la luz que necesito.
Esta noche, bajo tu reino, abriré una vez más las puertas del pasado,
busco respuestas, la verdad y claridad para saber el destino de mi alma reencarnada.
Que tu fuerza me llene y que tu sabiduría me guíe."

Dicho esto trazó un círculo de tiza alrededor de ellas y empezó.
La mulata tomó una copa plateada, mezcló las dos sangres y luego las diluyó con un poco de agua. Sacó un hilo rojo de su manga y lo miró en silencio. Ató un extremo del hilo a su muñeco y también lo mismo con Livia.
Estaban con las piernas entrecruzadas una en frente de la otra, sus ojos estaban cerrados y la calma era plena.

_Las regresiones son el medio para conocer nuestras vidas pasadas, algo que no debería permitirse. -dijo Nubia cuya voz se volvía cada más profunda- Solo que es necesario saber los errores para no provocar más sufrimiento. -agarró la copa entre sus dedos y sin temor bebió un poco de su contenido- nuestro lazo va más allá de lo físico, yo invoco este lazo de sangre y te convertirás en una parte de mi ser para acompañarme en este viaje. -le ofrece el cáliz-

Livia lo sostiene, mira su reflejo en el turbio líquido y sin ver, bebe. Nubia la saca la copa y la deja a un lado. Le toma las manos y susurra:

_ Manto del olvido que ciega mi regreso, desvanécete en el canto de esta orden. Permítenos ver lo que hoy se repite. Te lo imploro por mi poder concedido.

Entonces la rubia comenzó a sentir un cosquilleo por todo el cuerpo como si algo intentara salir de ella. Era algo muy confuso y temeroso a la vez. Apretó fuerte las manos de su compañera. De pronto era como si su piel se cayera, se sentía más liviana con el correr del tiempo y creía que desaparecería. Entonces todo lo a su alrededor dejó de tener sentido, ya no sabía dónde estaba y le parecía estar flotando.
De pronto abrió los ojos y encontró a Nubia mirándola con una sonrisa algo siniestra.

_ Llegamos. - le dijo y al mostrar alrededor se dieron cuenta que estaban en el pasado- recuerda que solo es una ilusión, un reflejo, no podemos hacer nada. -le recordó la mulata y atravezó con la mano un árbol para demostrarlo-

_ Si, lo sé. -le respondió-

Caminaron un poco hasta llegar a una gran casa, casi diría una mansión. Todo era tan antiguo que maravillaba a las chicas tan acostumbradas a los altos edificios grises.
Muchas mulatas parecidas a Nubia salían y entraban cada una lucía estar ocupada. Livia se hizo la distraída pero se dio cuenta que su compañera tenía una mirada distante al verlas.
Llegaron a una habitación decorada de azul, estaba helada y en la que había un retrato de dos personas. Al parecer comprometidos.

_ Ellos son Diana y Alejandro. -le dijo Nubia- estaban comprometidos y faltaban pocos meses para la boda, pero nunca se casaron.

_ Fue por Vladimir. -la voz de la rubia era seria- recuerdo verlos juntos en un sueño.

_ Si.. -suspira- lo que no sabes es quién era Vladimir. -caminó hasta otro cuarto, sabía que la seguiría-

Salieron de allí y cruzando un tramo encontraron un casa más pequeña pero también bonita. De ella salió una mujer de cabello rubio rizado y largo hasta la cadera. Mash conoció por primera vez la imagen de Livia. Era muy distinta, pero más le sorprendió lo que sucedió a continuación.
Un hombre alto y de cabello claro salió de adentro, besó a Livia y se fue. Mash quedó atónita.

_ Él era Vladimir. -le dijo Nubia- eran esposos, no hermanos como ahora. -bajó la mirada, sabía lo que eso significaba-

_ ... -sus ojos mostraban dudas- no, no puede ser así. Eso querría decir que él..

_ -asentó con la cabeza- ven, te explicaré no es tan frío como parece.

La rubia ocultó su furia y solo escuchó a su amiga. Recorrieron todo el lugar, cada parte lucía como un rompecabezas que poco a poco tomaba sentido. Una vez que Mash se dio cuenta de todo, cambió su ira por tristeza. Era tiempo de irse pero antes faltaba algo más que averiguar..

_ Si Vladimir era el esposo de Livia, ¿Tú qué eras de mi? -la mira fijo, clavando sus ojos celestes en los marrones de ella-

_ -Nubia duda un minuto y después le dice- Yo era tu sirvienta favorita, casi tu amiga. -pese a que su voz sonaba dudosa, su rostro ni se inmutó- Ya vámonos.

Tomó su mano y como si cayeran de un décimo cuarto piso, un impulso de energía las devolvió al presente. Livia cayó encima de Nubia. Esta la abrazó y solo espero a que volviera a recuperar sus sentidos. La rubia no la vio pero al acogerla la mulata dibujó una sonrisa en su rostro.
Un vez que regresó a la normalidad, Livia decidió irse pero antes de atravezar la puerta la detuvieron.

_ -Nubia la sostuvo de los hombro y muy cerca de su oído le dijo- Me llamo Kesha.

_ No se permite... -al verla no pudo pronunciar palabra alguna- No conozco la razón.

_ No necesitas saberla, tómalo como un cambio, yo si conozco el tuyo. -le dijo y la dejó ir-

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Kesha, ese era el nombre real de Nubia, ¿Por qué se lo había dicho? Más aún en Mar Rojo donde solo se permiten seudónimos y nada de preguntas, podría meterse en un lio si alguien se llegase a enterar. La rubia solo intentó dar con lo positivo de la situación, ahora que sabía cómo habían sido las cosas con Vladimir y Diana tenía aún más motivos para evitarlo.
Comenzó a llover, corrió entre una calle y otra, de pronto mientras cruzaba una calle una figura se le apareció entre la caída de la lluvia. Era una mujer con flores en la mano, era tan misteriosa que quedó hipnotizada. Miles de recuerdos pasaron por su mente, cosas que Nubia no le había dicho. Fue tanto el tiempo que tardó que el semáforo dio el verde y ella seguía a mitad camino.
Un auto se dirigía a ella, iba muy rápido y no la vio por la intensa lluvia y aparte su obscuro abrigo era difícil de distinguir. Sólo al tenerla a unos pocos medios la reconoció, le tocó bocina mientas apretaba súbitamente el freno.
El sol aparecía, Mash abrió los ojos como despertando de la ilusión y lo primero que vio fue un auto...luego nada.

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Suena un teléfono, alguien corre tropezándose con algunos escalones. Atiende.

_ Hola. ¿Quién es? -pregunta con aún dormido-

_ ¿Usted es Stephan Espinosa?. -la voz era de una mujer mayor y detrás de ella se escuchaba un gran movimiento-

_ Si, soy yo que se le ofrece. -le dijo prestando un poco de atención-

_ Soy una enfermera del hospital, es que su hermana acaba de despertar y pide por usted. -le dijo con voz de secretaria-

_ ¿Qué me presente dónde?¿Qué le pasó a Mash? -su voz estaba llena de preocupación, más sabiendo que no se había percato que ella no había llegado a casa-

_ Tuvo un accidente, pero no se preocupe que no tiene lesiones graves. -le contesta más amable la mujer- ¿Podría venir?

_ Ya mismo estoy en camino. -cortó lo más rápido posible y corrió a su cuarto para cambiarse-

Una vez listo caminó unos pasos y pidió por un taxi. Subió y en el silencio del viaje comenzó a pensar en que estaba metida su hermana..





martes, 26 de octubre de 2010

Los Secretos

*Este capítulo, está lleno de vueltas, de perderse por favor consultar con Kirara iy-kilala.gif Kirara image by XxFallen_AngelxX de estar ocupada...tranquilos, hablen conmigo entonces.*

El destino tiene forma de mujer, una mujer que sin ser bruja ni tener hermanas se la ingenia para demostrar a los mortal cuán relacionada está la vida entre sus almas divididas por los cuerpos que los cubren.

En la costenera, una chica esperaba sentada en un árbol en la cercanía de un puente. Tenía una campera entre sus brazos y la sostenía con firmeza. A su lado otra chica la miraba extrañada.

_ Mily, ¿Este es el lugar cierto? -le preguntó la colorada- es que ya casi son las seis y sabes que le dijimos a Anael que lo acompañaríamos a la casa de Julian por el trabajo de ...

_ Si, Lucía, si lo sé. -le responde cansada de escuchar la misma pregunta por décima cuarta vez- tranquila estoy segura que Stephan pasará debo devolverle la campera.

_ ¿De dónde lo conoces? -le preguntó mientras miraba el río-

_ Es un conocido..de mi mamá. -la verdad no quería el sermón de "no hables con extraños"-

_ Ahh..¿Cómo es? -sigue mirando el río mientras el frío empieza a meterse en su camperita linda pero fina-

_ Te dije que te daría fría, eso te pasa por hacerte la linda. -la regañó su amiga- es alto rubio y ciego, así que no empieces con tu sabes...

_ ¿Le puedo preguntar..

_ ¡No! Nada de preguntas incómodas y basta de hablar por favor. -le dijo con un tono algo fuerte- Es el único lugar donde puedo tener algo de paz y contigo es difícil.

Su relación estaba tensa últimamente, era de esperarse a estar todo el tiempo juntas ahora estaban algo divididas entre la escuela y Anael. Era como que desde que Mildred se juntó con Anael, Lucía involuntariamente hubiese quedado de lado. Ella lo comprendía porque con otras amigas le había pasado lo mismo y también en su momento algo parecido había ocurrido cuando era Lucía la que tenía novio.
Ambas calladas, se empezaron a sentir incómodas, Mildred sabía que debía tenerle paciencia, aunque por otro lado también estaba cansada de tenerla como una niña todo el tiempo. Terminó por no decir nada.
De pronto y aún distraída como estaba escuchó unos pasos de la pasarela, se asomó un minuto y con una sonrisa se acercó.

_ Stephan. -le dijo en tono bajo-

_ Mildred. -le dijo con emoción al escuchar su voz de nuevo- ¿Qué haces por aquí sola?

_ Este, vine a traerte la campera que me prestaste. -le dijo con un humor humilde y entonces recordó que su amiga también estaba allí- no vine sola, estoy con Lucía una amiga mía. -dijo y le hizo una seña para que ella se acercara, mientras observaba esos malditos anteojos oscuros que no dejaban verle los ojos-

_ Un gusto. -apenas estiró la mano y saludó- pueden decirme Ephan. -dijo amable y cordial acotó- lamento dejarlas, pero llevo prisa.

_ Claro no hay problema, igual nosotras. -le respondió la colorada tratando de no sonar nerviosa, nunca había hablado con un ciego y le parecía raro pues era de hacer señas lo que le aprecía innecesario pero era costumbre.

_ Me alegra volver a verte Mildred. -le dijo sínico pero honesto y dedicó una sonrisa a ambas aunque más parecía inclinarse a la joven castaña- un día debemos juntarnos a hablar, un gusto hasta luego. -dio media vuelta y caminó mientras las saludó con un suave gesto de la mano-

_ Es muy educado. -acotó Lucía mientras lo veían alejarse-

_ Si, lo es. -le contestó algo perdida Mily- hey....-ojeó su reloj- ya son las 6:10 ¡Los chicos nos van a matar!

Dicho esto salieron corriendo, lo que les produjo varios golpes pero al menos en el camino se olvidaron de su pelea y la actitud volvió a ser la misma.

Vladimir caminaba pero una extraña sonrisa adornaba su pálido rostro.

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_ Creo que ya la conoció. -dijo la rubia mientras miraba a su compañera- El otro día volvió de caminar y parecía raro..

_ No dudo que si lo sientes sea así. Vladimir siempre a sido transparente en ese sentido, por eso jamás fue capaz de mentir. -le contestó Nubia con una voz algo apagada-

_ Noto que esto te vuelve cada más oscura, el fuego se desvanece en la noche pero eso no implica que debe arder hasta las cenizas. -le dijo algo preocupada-

_ La preocupación no logra nada más que temor. Solo es que esta situación es complicada, soñé con Alejandro y temo que las cosas que recuerdo no son gratas Livia. -dijo deprimida, algo distraída dejó caer su pincel- lo siento. -llegó a decir mientras se agachaba a recogerlo-

_ Yo lo siento, esto comenzó por mi culpa. -le contestó y fue a ayudarla, al rozar su mano la notó helada como la de un muerto- tu visiones están asustándote. -casi con un tono triste-

_ -ella se alejó un poco y solo miró el piso- ten cuidado recuerda que no se permiten las preguntas directas. -le recordó y luego cerró los ojos abrupta- Si, estoy asustada...-le confesó mientras levantó el rostro y la miró fijo pero no a los ojos, más bien como perdida-

_ Nubia..-se acercó un poco y la abrazó- Yo no permitiré que te hagan daño de nuevo, ya no es como antes y no lo será.

_ Es que.. -dijo y se separó para luego darle la espalda- tu no sabes cómo era y tampoco quiero que lo sepas. -su voz era ruda pero en realidad ocultaba un secreto por el cual lloraba todas las noches, pasó su mano delicadamente por su rostro y luego se regresó a Livia para decirle- mejor comencemos con el dibujo que ya es más tarde de lo normal.

_ Si, tienes razón. -le respondió mientras le miró la mano y notó que brillaban, seguramente se había secado lágrimas. A la joven le daba una gran impotencia cuando su amiga se ponía así y más porque nunca le confiaba el porqué..-

Una se puso a trabajar mientras la otra guardaban un silencio de tumba. Pero pese a todo, Livia seguía sientiendo paz al lado de Nubia y eso era todo lo que quería.

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Mildred miraba a Anael a su lado. Estaba en el cuarto de ella mirando una película de acción, obviamente elegida por él.
Lo miraba sin cesar, a veces se preguntaba...¿Por qué seguía bajo el encanto de su apariencia? Y como siempre al pensar en ello se decía que no lo conocía, bueno sabía algunas cosas pero le gustaría saber cómo pensaba..

_ Anael...-le dijo mientras se acostaba en su pecho-

_ Si Mily. -le contestó él un tanto más atento a la película que a lo que le decía-

_¿Cómo te diste cuenta de lo nuestro?¿Cómo descubriste que eras Alejandro? -desvía la mirada a la película-

_ ¿Cómo me di cuenta? -dijo mientras estaba serio- mm..al verte me di cuenta. No se como explicarlo. -en ese momento su gesto cambió como recordando algo desagradable-

_ Ya tampoco. -le dijo sin percatarse del gesto de él- La verdad no me importa, solo quería saber...

_ -Anael la toma por el mentón y la besa intensamente- yo te quiero Mildred, ¿Es sufieciente?

_ Yo también te quiero. -le respondió para nuevamente perderse en su encantó y dejarse llevar por sus deseos. Lo besó con pasión mientras él la acariciaba-

Lso novios estaban muy entretenidos hasta que la madre de Mildred entra a dejar unas ropas y cuando los ve se le ponen los ojos como platos y sutil levanta la manos en el aire y lentamente sale de la habitación.

_ Mildred, recuerda que estas en mi casa. -dijo casi al salir del cuarto-

La joven se saca a Anael de encima, y algo sonrojada le dice:

_ Mejor será que te vallas a casa, para que no se molesten. -suerte que fue mamá pensó para sí porque de haber sido su padre..mm...no hubo sido agradable-

_ Tienes razón.

Una vez que Anael se fue la joven se puso a reflexionar.

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Anael pensaba en varias cosas, caminaba tan distraído que se choco con medio mundo y casi se hubiera llevado por delante a un poste de no ser porque alguien llamó su atención. Un chica de vestido azul, pelirroja..Lucía. Ella desvió la mirada como ignorándolo.
El rubio solo se paró en frente de ella, su mirada se ensombreció. La tomó por el brazo y la llevó a un callejón de allí cerca.

_ ¿Qué sucede Cynthia ya no recuerdas quien soy? -su voz había cambiado como si fuera otra persona-

_ No, pero llevo prisa. Suéltame. -alcanzó a decir cuando se quedó paralizada al verlo.- Vamos Alejandro, basta de juegos.

_ ¿Quién dijo que eras un juego? -le dijo y se acercó a su rostro sonriendo malicioso- La culpa nunca fue algo que te detuviera, creo que ahora menos. - la besó sobre los labios sujetándola por la cintura-

_ Recuerda que no es como antes. Yo soy Lucía y no..no.. -la joven no pudo resistirse los ojos de Anael la tenían por completo y terminó por responderle-

_ Hablas demasiado. -le contestó entre beso y beso-

Se fueron juntos hasta la casa de ella y la puerta se cerró.

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Mash estaba en el baño de la escuela, se sentía mareada sin razón. Su miró al espejo y luego se mojó la cara. De pronto al volverse a ver notó que no era el mismo escenario, todo era como antes y hasta su ropa había cambiado. De pronto miró hacía atrás y alguien venía. Espero a que entrara era..Diana.

_ ¿Qué haces aquí? -le dice indigna pero perdida por completo en que era una regresión-

_ ¿Qué te pasa? -le dijo sorprendida-

_ ¿Qué que me pasa? Te diré una cosa o dejas a Vladimir en paz o juro que te arrepentirás, no permitiré que le haga daño otra vez. -su voz era furiosa como pocas veces se la ha escuchado-

_ Pero ¿De qué hablas? Estas loca. -va y la sacude un poco al notar que tenía la mirada algo perdida- ¿Masha qué te sucede?

_ -al sacudirle Masha se despierta de su sueño no tan sueño, aún estaba en la escuela y al ver a Mildred tan cerca se asustó al pensar en lo que había dicho- ¡No te toques! -le reprochó y la empujó-

_ ¡Estás loca! Recién gritabas cosas...que demonios..-recordó el nombre que le había mencionado- ¿Sabes quién es Vladimir?

_ No, no lo se. -le respondió ruda y mintiendo- déjame sola, idiota. -al decir esto tomó la puerta y salió casi corriendo-

La castaña se quedó pensando en las palabras, ¿Hacerle daño?¿Quién era Vladimir?

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Noche de sábado, otra visión...

Nieve, mucha nieve, el blanco del paisaje era tan inmaculado y puro que parecía irreal. Él caminaba entre todo eso, podía ver con tal claridad, aunque su corazón estaba afligido buscaba algo en medio de aquel lugar, llamaba sin cesar y hacía caso omiso al frío que llenaba su cuerpo.
De pronto cayó agotado, entonces un grito logró despertarlo.

_ ¿Dónde estas? -se levantó y buscó la voz-

De repente la encontró, una mujer con casi todo el cuerpo cubierto de nieve y el rostro pálido. Él la abrasó fuerte y sacándose el abrigo se le colocó mientras la tomaba el brasos y retomaba camino para llevarla un lugar seguro.
El camino era largo, creía que no tenía fin, no quería rendirse...pero simplemente no lo logró.
Sus piernas lo abandonaron y de rodillas en medio de la nada abrazó a su amada con toda la fuerza que le quedaba. Ella apenas despertó, sus labios se abrieron y cuando iba a hablar...

Stephan despertó, la sensación de frío aún permanecía en su cuerpo y la tristeza también. Se apresuró a abrir su ventana y al sentir el calor del sol pudo tranquilizarse. Alguien entra a su cuarto, por el silencio supo que era su hermana.

_ Ephan, ¿Estás bien? -le toma el brazo-

_ Si, tranquila Livia. -lo dijo inconcientemente-

_ ¿Cómo me llamaste? -le preguntó sorpendida-

_ Lo siento, yo no quise. -le respondió en cuanto reaccionó- No se de donde salió eso, los siento Mash.

_ No importa. -le respondió tranquilizándose, mientras que no se enterará del resto estaría bien.- debes estar aún soñando hermano, te espero en la cocina para desayunar si?

_ Si, ve yo me cambio y te alcanzo. -le dijo entonces la despidió-

Una vez listo, se acercó a su bastón y tanteando su escritorio hasta encontrar su campera. Desde que Mildred se la había devuelto Ephan tenía un extraño impulso de volverla a escuchar, como si de algún lado su voz le fuera familiar y quisiera saber por qué.
En la puerta su hermana lo espiaba con un gran furia dentro de sí.

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Livia entró súbitamente en el espacio de Nubia.

_ -la miró con desconcierto- Estas nerviosa. -llega a decir a modo de preguntar qué le sucedía-

_ Quiero que me lo digas todo, todo lo sabes no me importa cuán difícil sea debo saber que pasó. -sus ojos celestes brillaban con intensidad- ¡Ya no puedo seguir así! Me estoy volviendo loca, ya hasta veo cosas despierta. Yo..yo...quiero que esto termine. -se sienta en la silla de siempre pero cabizbaja y preocupada-

Nubia la mira con pena, a ella también le pasó por mucho tiempo, solo se calmó cuando recordó hasta el último detalle. Aunque eso también la asustaba, no quería que sucediera lo mismo con Livia...pero....

_ -la abrazó por la espalda y dulce le susurró al oído- esta bien, te haré saber.

La rubia solo pudo mirarla con más tranquilidad para después devolverle el abrazo. Por fin los secretos se acabarían...

CONTINUARÁ



domingo, 17 de octubre de 2010

Stephan

Era un día extraño para Mildred, era temporada de lluvias.
Había salido de la escuela, no tenía nada a la tarde y debía ir a visitar a su abuela. Lo único bueno de eso era el camino, atravesar la costanera del río y estar rodeada de aquellos enormes árboles era una de las experiencias más agradables que se puede encontrar en un ciudad.
Mientras lloviznaba el cielo gris le daba un toque de tranquilidad, aunque el viento helado golpeando contra su cara no le era del todo refrescante por así decirlo.
Se recorrió medía costanera, tan solo bastaba con cruzar por una pasarela y ya estaría directo hacía lo de su abuela.
Cruzó mirando lo bajo que estaba el río, daba lástima casi pero quizás con la lluvia sería distinto. Al levantar la vista se percata que había alguien del otro lado, un joven encapuchado y con lentes de sol...le pareció extraño hasta que al verlo más de cerca notó un bastón blanco en su mano.
Era ciego ahh....pensó para sus adentros.
Siguió caminando pero al momento del cruce sintió algo entre ellos, como si hubiera un lazo entre ellos que los obligaba a frenarse en medio de aquel cruce. Apenas miró por encima de su hombro, él también estaba como congelado entre la llovizna.
Un nombre se le vino a la mente e inconsciente susurró:

_ Vladimir. -sintió un repentino impulso de llorar...fue algo muy extraño.... pero luego pensó en lo tonta que se veía, hablando sola en medio del río y mirando de reojo a un desconocido-

Se volteó y se escondió en su bufanda por la confusión de emociones. Siguió caminando hasta llegar al otro lado y tan pronto piso la vereda siguiente el chico caminó nuevamente.
Qué extraño, pensó y se percató que en los últimos meses nada había sido muy normal. Suspiró resignada y continuó con su camino. Su abuela la mataría si llegaba tarde.

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Al día siguiente, Mildred decidió pasar a visitar a su abuela, otra vez.
Salió, caminó y llegó al puente...y por coincidencia que pareciera él estaba allí de vuelta. Esta vez no bajó la mirada, lo examinó con atención, tratando de saber de donde le era tan familiar.
Intentaba verlo, pero entre los lentes oscuros y la capucha no podía siquiera saber qué color de pelo tenía.
A su lado, casi rozando sus brazos, la sensación era la misma. El viento la despeinó pero ella continuó inmóvil. Él hizo un paso, tanteó con su bastón un momento como si dudara de donde debía ir. Finalmente camino y esta vez fue él quien se alejó primero.
La joven de cabello suelto lo miró hasta que se perdió entre los árboles cercanos. Suspiró y apoyándose en el borde del puente miró el río pensando...¿Quién era?

Esa misma noche, a la hora de dormir recibió una llamada de Anael.

_ Hola, Mily. -dijo con su voz dulce de siempre- ¿Cómo la pasaste en lo de tu abuela?

_ Bien, bien solo que...-calló un segundo- el clima sigue horrendo, pero como mi mamá me tiene de chica de mandados creo que mañana voy a volver a ir.

_ Extraño que volvamos juntos de la escuela, tengo una idea ¿y si te acompaño? Así conocería a la famosa vieja cascarrabias como la apodas. -le preguntó en un tono gracioso al final-

_ Emm.. se tensó un poco- no quiero molestarte, además solo será por esta semana, mañana termino y luego volveremos a lo de antes. -le dijo más calma y disimulando el hecho que lo excluía-.

_ Esta bien, como quieras. -le respondió comprensivo o quizás ingenuo- Beso, nos vemos.

_ Beso Anael. -le tiró un beso por el celular y cortó-

Al hacer esto notó que su hermana la miraba con los ojos como platos. Se le acerca y con su actitud normal le dice:

_ ¿Qué miras engendro? -frunce el seño-

_ Ese chico logra maravillas, no recuerdo la última vez que trataste tan bien a alguien o aún peor cuando fue la última vez que no hablaste con ese tono de macho. -le dijo con risa mientras le hacía burla con lo del beso-

_ ¡Te voy a matar! -le dijo y se abalanzó sobre ella mientras comenzaba una de sus típicas peleas-

Terminada la pelea, ambas niñas, castigadas por los gritos se fueron a dormir. Una de ellas soñó con arco iris y unicornios medios gays..mientras que la otra..

Querido Diario:
Hoy conocí a un joven amigo de mi primo. Es un ruso de la antigua ciudad de Moscú, es agradable y humilde...no tendría que escribir eso, ya que estoy comprometida con Alejandro, pero hay algo en él que me hace sentir miedo y confusión. Creo que es alguien especial, ya se que sonará estúpido más aún viniendo de alguien como yo, pero.. es que siento que el frío se va cuando está a mi lado. Lo encontré en el jardín cerca del lago, pensé que era Alejandro y por error le jugué una broma que terminó por hacerlo caerse al agua.
Espero que no haya dado una mala impresión, aunque él muy amable me disculpó e inclusive me agradeció ya que el día estuvo muy caluroso. Que vergüenza la mía, cosa que empeoró ya que Alejandro estaba mirándome y se acercó para hacer su presentación y de paso llevarme de vuelta a la casa con él. ¿Habrá tenido celos?
Al dulce de Alejandro no le cayó muy bien la visita de hoy, pero se bien que volverá a ser calmo como siempre. Mi corazón es suyo después de todo y la confianza es algo que yo aprecio, no creo que vuelva a ocurrir. Solo mi ilusioné por conocer a alguien nuevo, después de tantos años encerrada en este campo una olvida lo que es...estar en companía de alguien nuevo.
Diana

La joven apagó la vela de su escritorio y se recostó con una sonrisa...

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Mildred despertó, tocó su almohada y sintió ganas de quedarse, había soñado de nuevo y casi ni descansaba. Lo más extraño esta vez fue que no recordó nada del sueño, como que tenía la mente en blanco, literalmente.
Se levantó y cuando empezó a caminar para el colegio cuando de repente escuchó una voz detrás suyo.

_ ¡Mily! - cuando la joven se volteó vio a Lucía acercándose cuando de pronto la sintió abrazarla con emoción-

_¡Luu! ¡Podrías quitarte me asfixias! -le reprochó pero riendo en lo que se sostenía de un árbol para no caer- Años que no te veo.

_ Sip, pero es solo porque tuve unos problemas familiares. -se detuvo un minuto y luego se bajó de su amiga- pero ahora todo bien. -le dedicó una sonrisa de oreja a oreja-

_ Me alegro, la verdad ya te extrañaba con locura y todo. -le dijo cuando recordó la hora- ¡Vamos que debo pasar por Anael! -le dijo y tomándola del brazo la llevó a rastra a una corrida bastante densa-

Lucía se percató que su amiga no le veía para cambiar su expresión a una fría y hasta oscura, como ocultando algo que le era imposible mostrar ante Mildred.

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Esa tarde, Lucía y Anael se fueron juntos y Mildred continuó sola. La costanera ya no lograba abstraerla, porque en realidad estaba pensando en otra cosa, otra persona invadía su mente y eso la hacía perderse entre los árboles y arbustos que la rodeaban.
Llegó a la pasarela, caminó pero se detuvo justo frente a él. Entonces de su mochila se cayeron sus llaves. El misterioso joven se agachó a recogerlas, en lo que tardó un poco por tener que tantear hasta agarrarlas.

_¿Se te cayó esto? -le preguntó con una voz serena y gentil-

_ Emm..si, gracias. -dijo ella avergonzada por no haberlas recogido antes- este...

_ Soy Stephan. -la interrumpió casi con la misma ansiedad que ella sentía, luego le extendió la mano para saludarla-

_ Mildred. -le respondió y al tomar su mano se quedó admirada de lo cálido que era-

_ Un placer Mildred. -le dijo mientras una sutil sonrisa se dibujaba en su rostro-

_ Igualmente. -le contestó como las idiotas que tanto odiaba en los novelas- ¿Pasas mucho por aquí? -preguntó ingenua, mientras intentaba verlo más allá de todo lo que lo cubría-

_ Si, es el camino a mi casa en realidad. -dijo riendo por la inseguridad en la voz de la joven- no te impresiones, que no vea no significa que tu seas la que esté incómoda. -le dijo con una simpatía particular-

_ ¡No! No no no, no quise...yo solo...no es que esté incómoda. -se excuso pero en realidad había metido la pata como siempre- lo siento. -susurró y entonces comenzó a llover-

_ No pasa nada tranquila. -contestó y entonces alzó las cejas y le preguntó- ¿No tienes paraguas?

_ Lo olvidé. -contestó mientras la lluvia la mojaba- pero no importa estoy cerca de la casa de mi abuela, llego rápido. -diciendo esto y por escapar de la vergüenza siguió su camino cuando algo la detiene-

_ Espera. -le frenó el paso con su bastón, ella quedó inmóvil- Permíteme por favor. -se sacó la campera, y se la ofreció-

_ No hace falta. -le dijo pero al verle el cabello se pareció quedar hipnotizada, ¡Era el chico del parque! -...

_ No me tengas lástima y acéptalo. -le dijo firme, estaba cansado que el mundo entero le hiciera favores cuando él nunca era buscado para ayudar-

_ -tomó la campera y mirándolo fijo sintió ese lazo entre ellos- Gracias, pero ¿Cómo te la devolveré?

_ - él sonrió y con un tono cautivador le respondió- cuando nos volvamos a cruzar en este puente. Adios Mildred. -dicho esto se apresuró a salir del cruce para cubrirse con los árboles del otro extremo-

_ Adios... -dijo ellas mientras se ponía la campera y se cubría con la capucha-

Anduvo anonadada casi todo el resto del día y seguía con ganas de decir algo pero no sabía qué era.
Al regresar a su casa, fue directo a su cuarto y cerró la puerta. Tenía dos llamadas perdidas, amabas de Anael, pero no contestó. Solo se acostó en su cama y con la campera de Stephan en sus manos sintió algo particular en esa prenda.

_ Ese aroma, yo lo conozco. -entonces su vista se perdió y de la nada dijo- el jardín de Nubia.

Se quedó en esa posición un rato, sentía una paz que la llenaba por completo, era diferente a Anael pero a la vez se parecía. Algo complicado de explicar, una sensación de confusión inundó su corazón. El dulce sabor de una vieja melodía se le escurría en los labios. Tomó el celular y mandó un mensaje a su novio, como si eso le quitara la culpa, solo se dignó a esperar que el sueño llegara...

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_ No me dejes. -voz femenina-

_ No podemos seguir así, esto es una farsa. -le contestó una voz masculina y enfurecida-

_ ¡Por favor no lo hagas! ¡ Yo te amo a ti! -dijo temblorosa y llena de miedo, mientras un ruido de platos rotos de escuchaba a lo lejos- ¡Ya basta!¡Detente!

_ ¡Cállate! -algo se cayó he hizo un gran ruido- que...qué hice? -está vez el tono de volvió lastimero- ¡Diana!

_ ¡Qué sucedió aquí! -una tercera voz, también masculina se hizo presente- ¡Diana! ¡Qué le hiciste! -

Sonidos, peleas, cosas que se rompían todo se mezclaba en un escenario puramente blanco. El ambiente se sentía hostil y temeroso, Diana tuvo miedo y decidió intervenir.. pero simplemente no pudo...

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Mildred despertó cubierta en lágrimas. Sus ojos marrones brillaban con intensidad mientras su pecho se contraía de dolor...


-Continuará-

lunes, 11 de octubre de 2010

Livia

La rubia había regresado de la escuela, su cotidiana mueca de tranquilidad estaba quebrada por una antigua furia. Dejó su mochila en la entrada, se sacó el agobiante uniforme y semidesnuda se paseó por el living para buscar una botella a la cocina para luego irse a su habitación. Se vistió con un vestido gris adornado con flores marchitas violetas que ella le había pintado.
Se recostó y comenzó a retomar la lectura de un libro que le había recomendado su tío, era de misterio y lo único que tenía claro era que la protagonista era de origen alemán.
Pasada un hora había vuelto a su actitud normal y pasiva, ya ni sabía porqué se seguía preocupando por cosas que había sucedido tanto tiempo atrás. Se levantó y de forma inocente le dio un pequeño golpe a la pared. Segundos después se escuchó una respuesta al otro lado, ese juego siempre la ponía de buen humor.
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Pasadas las 12 de la noche su celular vibró, Mash se levantó y con mucha cautela empezó a prepararse. Se vistió y cubrió su atuendo con un sobretodo negro y se maquilló como pocas se atreverían.
Abrió la puerta de su cuarto, bajó la escalera con la delicadeza de un gato y cuando estaba a punto de escaparse una mano la toma por la espalda y la detiene.

_ ¿A dónde vas Mash? -la voz era clara y firme-

_ Ya, déjame ir, no es tu problema. -le contestó recia sin subir el tono- voy donde siempre.

_ Ten cuidado y recuerda que no es mi problema pero me preocupo. -le dijo dulce y la soltó- mamá regresa a las 6, pórtate bien. -le regaló una sonrisa sumisa-.

_ Nunca cambies. -lo besó en la mejilla- buenas noches hermano.

Cerró la puerta y se fue, tenía algo de culpa pero sabría que estaría bien. Las calles eran solitarias y el ambiente hostil, aún así ella no tenía miedo. Caminó unas cuadras hasta encontrar su dulce averno.

"Cueva del Mar Rojo"

Era un club para góticos, freak, de todo un poco pero anormal. El tesoro de las ruinas de la vieja Nothigplace.
Refugios de muchos, encuentro de inadaptados, musa de poesía negra y edén de los pecadoras eran algunos de los apodos con los que se conocía aquel lugar.
La casi despedazada masión era inmensa y lúgubre. Cada cual a su sector sino las gárgolas te sacaban enseguida. Pagabas la entrada y te daban el pase, prohibidas las peleas y violencia, permitido todo lo demás.
Masha ya era conocida por aquellos extraños personajes. Apenas se acercó la gárgola le musitó:

_ Tt-zone ¿Verdad? -el guardián la miró pacífico-

_ Dame el pase y guardame esto. -le aventó el abrigo dejando ver sus prendas gothic vamp- Lucius, no te tientes para eso son las Lolitas que te visitan. -recibió el pase y le dedicó una sonrisa maliciosa para luego tirarle en un suspiro un beso-

_ Ya entra pequeña Livia. -le dijo cariñoso para luego tornarse serio nuevamente-

El interior era muy oscuro, la mayoría de los principiantes se perdían y tenía que ser guiados. Un eterno de pasillos, las puertas con letreros que indican qué zona eran o que cosas se hacían...
Mash caminó casi con los ojos cerrados, se sabía los lugares de memoria y además no tenía prisa alguna. Entonces llegó a su destino, la puerta de olor a tinta y melodías creppy.
Abrió y entró rápido cosa de evitar curiosos. Su santuario la esperaba, pasó por otros como ella y luego en un pequeño puesto solo cubierto por una cortina como las camillas en el hospital llamó a su ayudante.

(El lenguaje utilizado aquí es de sumo respeto y con mucha analogías y psicología por favor pregunten de no entender alguna parte igual creería que se darán cuenta)

_ Nubia, he llegado. -le dijo elegante como acostumbraba a tratarla-

_ Bienvenida Livia, toma asiento. -le ofreció una joven de piel morena y cabello ondulado- Hoy estás alterada, háblame.

Mash, ahora Livia, se sentó y sacó una hoja de su bolsillo, se la alcanzó a la extraña y luego le contestó:

_ Me encontré con la chica de mis visiones. -su voz se tornó seria y fría- quiero que me hagas este en el omóplato.

_ Permítete. -al ver el dibujo su expresión se tornó compadeciente- un hombre con la cabeza de su enemigo, dime ¿Qué sentiste al verla? -la acercó una silla de tatuador-

_ -se sentó y descubrió su espalda- Furia, rencor, desagrado todo se confundió con un sabor a rosas. -le recitó mientras sentía como limpiaba su piel con alcohol- y no solo eso, Alejandro también está aquí y con ella parece que el árbol quiere volver a perecer.

_ No pienses tan negativa o solo harás que se realice. -le dice y colocando el dibujo a un costado toma un pincel y comienza a trazar suavemente en la piel de su acompañante- recuerda que solo viste el final, no sabes que sucedió con claridad es irrazonables que juzgues sin ver. -ella no decía ciega por respeto-

_ Tienes razón, lo lamento pero solo expreso lo que siento mi conciencia también descansa. -le dijo bromeando pero en verdad apenada, se relajaba con la caricia del pincel en su espalda- Quisiera saber que ocurrirá, conoces mi temor. No es por mí, sino por él que ando nerviosa y el término del otoño me perturba los sueños.

_ No te he reclamado, haces bien al hablar solo eso quiero. -remojó el pincel en tinta roja- esto tomará un rato, te diré lo que pienso. Las cosas, al igual que la vida, fluye sin escombros y si vas contra la corriente solo terminarás sola...permite que tu alma siga lo que tenga que ser.

_ Seguiré tu consejo, eres sabia y solo por eso lo intentaré. Lástima que mis impulsos ganen a mi pensar y mucho a más a mi razón. -le dijo apenada de si misma- Pronto te dejaré tatuarme de verdad, falta poco para mi cumpleaños.

_ Ya no estoy segura de ello. -le dijo con tono bajo-

_ No te creía persona de inseguridad. -le dijo casi con tristeza, ella siempre dibujaba en su piel y pronto querría marcarla para siempre y solo confiaba en ella para ella-

_ No malinterpretes, solo que ahora te conozco demasiado y no quisiera lastimar tu piel, si me equivocó jamás me perdonaría. -le contesto mientras trabajaba con cautela pero ahora con un tono de desilusión por admitir su debilidad-

_ Aunque hicieras mal el dibujo o terminaras lastimando mi piel, yo no querría que fuera nadie más que tu. -le dijo sonriendo mientras se sentía cada vez más relajada por la voz de su misteriosa amiga-

_ Me siento alagada, hasta me dieron ganas de preguntarte algo pero no hallo las palabras. -le dijo mientras se sonrojaba entre la tenue luces del velador que apenas las alumbraba-

_ Recuerda que está prohibido las preguntas en este lugar, pero quisiera que me dejaras la duda así tengo más motivos para regresar. -le dijo-

Así se quedaron un tiempo largo mientras una dibujaba y la otra solo le confiaba. En cuanto Nubia terminó su "obra" sopló suavemente sobre la espalda de su compañera haciéndola estremecer lo que me despertó un leve sonrisa a su inmutable rostro.
Tan pronto Livia miró el trabajo de Nubia en su hombro terminado tomó su abrigo y se dignaba a irse cuando de repente se para y sin mirarla le pregunta:

_ Evitar que Diana se encuentre con la otra parte de su corazón es algo que quiero hacer, quiero protegerlo y que no termine como antes. -su voz era directa pero con cierta duda-

_ Deja que las cosas fluyan y todo saldrá como deba salir, recuerda Livia, esto no es nuestro asunto. -la última parte lo dijo con mucha cautela, ya que quisiera o no ella también le tenía cierto desprecio a la joven que ahora se llamaba Mildred-

Livia salió casi enojada al escucharla, ya que hubiera querido que la apoyara. En realidad su rostro estaba furioso al mencionar o pensar en aquella traidora como la había nombrado.
Ocultando su ira en las sombras regresó pronto a su casa, abrió la puerta con cuidado y subió rápidamente a su cuarto. Se desvistió y se puso el piyama para poder dormir lo poco que le quedaba de horas antes de volver a levantarse para la escuela.
Entonces cuando el sueño quiso hacerse presente un leve sonido la sacó de quisio y se levantó. ¿Qué era ese silbido?¿Sonido?¿Algo?
Al pasearse por el pasillo supo que venía del cuarto de su hermano, recordó que hacía noches que tenía un pequeño problema. Se acercó a la puerta y golpeó, no respondió, ahora se preocupó y entró aún sin su permiso.

_ ¿Qué pasa? Si tienes pesadillas al menos intenta no despertar... -al verlo sobre la cama notó que se cubría los ojos, algo extraño- ¿Stephan?¿Qué sucede?

_ Nada...lamento haberte despertado, déjame estoy bien. -le dijo y se refregó los ojos con las manos para luego mirarla- vete, solo fue un sueño. -su voz era algo temblorosa-

_-al verle los ojos rojos supuso que estaba llorando, pero su hermano no era de llorar y menos por algo tan ordinario como un sueño. ¿O si? - Mejor me quedaré contigo.

Dicho esto fue y se recostó a su lado mientras lo abrazaba y se apoyaba en su pecho. Él no se opuso solo la abrazó con un brazo y tanteando con el otro le recorrió el rostro.
Se quedó así un rato hasta que por fin ambos se quedaron dormidos.

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Al despertarse, Livia regresaba a ser Masha. Se levantó y acarició el cabello de su hermano, ella lo debía proteger a pesar de ser la menor siempre fue muy atenta con él.

_ No te preocupes que no dejaré que nada malo te pase. -lo miró con extrañeza y pensó en solo una persona- no volverá a ocurrir, lo prometo.

Se fue a su cuarto mientras su hermano a penas consciente musitó:

_ ¿Qué no volverá a ocurrir?


CONTINUARÁ...

domingo, 10 de octubre de 2010

Masha


Hacía varias noches que a Mildred la venía incomodando un sueño. Creía que asimilados sus recuerdos anteriores estos enigmas desaparecerían pero no fue así. Esta vez el sueño era medio desubicado para su parecer.
Diana normal, peinándose frente al espejo, entonces alguien aparecía, no era Cynthia ni Alejandro, esta persona tenía una vibra muy diferente. Su sonrisa era torcida, como si no pudiera mover la mitad de la cara. Esta persona la acosaba, en el cuarto, en el jardín, en donde sea como una sombra que la vigilaba constantemente.
Un fuerte aroma a lavanda se hacía presenta, su sombra era ese olor, se volteó y se veían en un lugar donde nunca antes había estado, esperaba a alguien se notaba en su mirada atenta. La sombra detrás de ella solo se había congelado mientras observaba alrededor.
De pronto estaba rodeada de candelabros todos llenos de velas y encendidas, de pronto uno se apagó, luego otro, y otro y otro...la oscuridad la envolvía poco a poco.
Diana no estaba asustada, es más estaba sonriente, pero...¿Por qué?

Luego todo se hacía muy borroso, por un tiempo no le importó y hasta lo olvidó. Hasta que un día se cruzó con alguien muy extraño.
Ella iba con Anael del brazo, paseaban por el parque, ahora esa era su nueva costumbre. Entonces dos chicos adelante de ellos captan la atención de Mildred. Una chica gótica, de cabello rubio platinado y corto al estilo roxette y el chico...el chico era alto de cabello rubio también pero por los lentes de sol que llevaba no pudo verle los ojos. Algo en ellos la cautivó por completo, se congeló un momento mientras pasaban a su lado, luego continuó y miró detrás. Seguían el paso, quizás solo fue una sensación pasajera pensó y volvió a mirar al frente.
Fue allí cuando el misterioso joven volteó a verla, su acompañante le golpeó la nuca y siguieron caminando también.

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Unos días más tarde, la primera noche de verano, Mildred salió a su terraza a disfrutar de la dulce vibra que hacía frente al intenso calor. Estaba con un piyama de remera y pantalón corto. Respiró profundo y abrió su ventana de par en par.
Se apoyó en la reja y miró las estrellas, eran casi imperceptibles con las luces de la cuidad entonce pensó...que a veces se ve apagar la luz para poder ver lo que ha detrás...en ese pensamiento..una mano fantasma acarició su mejilla. Mildred se sobresaltó y casi se cayó de la baranda de no ser porque su hermana la sostuvo.

_ Mill ¡Ya te dije que no te apoyes en la terraza! -le grita y la tira al suelo con ella- qué irresponsable eres para ser mi hermana mayor!!

_ Ya engendro. -le respondió con cara de pocos amigos- es que me estaba cocinando allí dentro.

Vuelve a la cama y se recuesta aún mirando por la ventana. Siente como si alguien la observara, abrió los ojos exaltada. Había unos ojos en la oscuridad que la veían. Prendió la luz y no había nada...no durmió en toda la noche.

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A la mañana siguiente se dirigió a la casa de Anael para ir con él hasta la escuela, antes iba con Lucía pero últimamente siempre andaba volando en otra cosa y medio que se distanciaron un poco. Estaba cansada y algo cabizbaja. El ojiverde la abrazó como siempre y le levantó el rostro.

_ Vamos Mily, fue solo un sueño no te preocupes por esas cosas. -le dijo con su tono dulce y al besó en la mejilla-

_ Tienes razón, quizás solo estoy exagerando. -le respondió y aún abrazada de él continuaron caminando-

Al final, Anael no había sido tan malo como ella creía, en realidad era muy caballeroso y eso le gustaba. Le pasaba bien con él y no podía quejarse ya que siempre encontraba en sus sonrisas una tranquilidad reconfortante como ninguna.
Al entrar al salón tomaron sus asientos. Lucía no había ido de vuelta, ya era de preocuparse, a la tarde pasaría por su casa se dijo Mildred.
La profesora abrió la puerta y detrás de ella apareció una joven de cabello rubio y seria. Al principio, como estaba vestida de uniforme no se dio cuenta pero luego se percató que era la misma chica del parque, se sobresaltó un poco. La rubia le dedicó una mirada asesina y volvió a mirar al frente.

_ Chicos, desde hoy tendremos una nueva compañera en el curso. -anunció la vieja Martines- preséntate niña.

_ -dio un paso al frente y con una voz recia dijo- Soy Masha Espinosa, y espero que nos llevemos bien y sino ahi ustedes... -su tono fue tan serio que ni la profesora se dio cuenta del sarcasmo, tomó asiento en la última fila detrás de Anael y empezó la clase.
Mildred la miró por unos instantes, si era ella el solo que estaba peinada y con un traje normal a la otra vez.
Al tocar el timbre, la joven de pelo atado se dirigió a la pelo corto, que como era de esperarse estaba sola sentada en un rincón del patio.

_ Hola. -saludo amistosa- soy Mildred, un gusto Masha. -le estiró la mano para saludarla-

_ Mash. -dijo en voz baja y no respondió al saludo, es más luego la ignoró- vete, no quiero companía.

_ Pero... te vas a aburrir si no hablar aunque sea con alguien en esta escuela. -le dijo a modo de aconsejarla, ella también era algo antisocial, pero al parecer esta chica le ganaba-

_ En todo caso, con la última persona con la que hablaría serían contigo Mildred. -le dijo y la miró de reojo- ¿Por qué mejor no te vas por ahí con tu novio? -lo dijo sarcástica pero tan firme que parecía saberlo aún cuando recién la conocía-

_ Solo intentaba ser amable. -le respondió con enojo, y se volteó pero luego la sintió en su espalda-

_ Escucha con atención, no me agradas. -le dijo con voz fría y penetrante-

Mildred la miró con atención, en su mirada no se podía ver nada, parecía como de hielo aquella chica. A todo en este encuentro Anael las miraba desde la distancia y cuando Mildred se puso a la defensiva decidió interferir por si había algún malentendido.

_ Disculpa. -se metió entre las dos- hola, tu eres la nueva, soy Anael. -le dijo sonriendo-

_ No puede ser... -dijo por lo bajo- manga de idiotas. -les dijo de la nada- déjenme sola.

Se alejó de ellos. Mildred ya le iba a contestar cuando el ojiverde la contuvo y tranquilo le dijo:
_ No le lleves el apunte, debe tener algún problema.

_ Pero... ella nos dijo.. -al mirarlo se olvidó de lo iba a decir y terminó por besarlo mientras se le caía la hebilla de su espesa cabellera castaña-

_ ¡Arguello!¡Ruffiner! -gritó la preceptora que justo pasó por ahí- recuerden que están en la escuela, ahora atese el pelo señorita y déjense de besos.

Se puso en medio de ambos y luego de unos segundos se fue. Mildred y Anael se quedaron mirando para luego reírse...
A lo lejos, la rubia los miraba con odio, quizás aún no la reconozcan pero pronto sabrían quien era Masha o mejor dicho Livia.
Aprovechando que nadie la veía se despeinó y se dirigió al otro lado del patio donde esperaba encontrar algo "productivo" para hacer. Ya tendría tiempo para poner a corriente a Diana y Alejandro..



sábado, 9 de octubre de 2010

Diana

Diana

Me desperté y esa persona, ese cuerpo, nada era yo misma. El cuarto era el de mi sueño pero esta vez no podía despertar, no podía gritar o moverme. Era como estar atrapado en un cuerpo con voluntad propia. Me levanté y miré por la ventana. Todo normal, tan solo me vestí y peiné frente al espejo. Era alguien parecida a mi, pero como del siglo XX o por ahí, la ropa era muy diferente y la decoración del lugar también. De pronto en la habitación entró una joven con traje de sirvienta, su cabello era colorado y tenía pecas en las mejillas.

_ Cynthia ayúdame con esta coleta que no llegó con los brazos. –dije y le hice un leve gesto con la mano-

_ Claro Diana. –respondió-

Al escuchar ese nombre, así me llamaba, así….me había llamado Anael en el encuentro de la escuela. ¿Qué sucedía? Era parte de todo pero como una simple sombra sin voz no voto. De pronto sentí como si esa parte de mí se separara de Diana, entonces de verdad me convertí en su sombra. Al pasar el día comprendía menos, ella era una mujer calma, dulce, cortes, educada.. nada que ver conmigo. Al parecer vivía solo con su padre, tenía dos sirvientas muy amigas de ella. Una era Cynthia y la otra no dijo su nombre.

Era como ver una película antigua y sin sentido, al menos para mí.

De pronto la música, esa triste melodía que me despertaba en noches anteriores se hacía nuevamente presente. Me quedé mirando a Diana, era ella, estaba triste y mientras escuchaba la canción lloraba incesante aunque bajo para no ser escuchada. Se desmoronaba al estar sola, entonces me di cuenta de lo hipócrita que era, me dio asco. Pero de repente alguien entró al cuarto, un hombre era alto rubio y de ojos….de ojos verdes. Anael pensé inmediatamente. Él fue la abrasó y consoló, ella lo llamaba y le hablaba, los dos se conocían de hacía tiempo atrás y entre ellos también había un gran sentimiento.

_ Yo solo puedo quererte Alejandro. –fue lo único que logre entender entre sus sollozos-

Entonces lo besó y la música se detuvo, ella miró hacía otro lado, me miraba a mi. Yo me asusté, quedé paralizada y luego muchas imágenes pasaron en mi cabeza. Diana me miraba y estábamos solas. Se acercó y me abrazó volviéndose parte de mi. Yo entonces experimenté miles de sensaciones, todas, eran de ella..mi vida pasada.

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Volví a despertar, ya estaba cansada y confundida ¿Sería otro sueño?¿Otra regresión?¿Estaría despierta en realidad? Un gran dolor en mi cabeza y especialmente en mi cuello me mantuvieron recostada un buen tiempo. Entonces noté, mirando a mi alrededor que estaba en mi cuarto, suspiré aliviada. Alguien tomó mi mano, miré con atención (como las persianas estaban bajas había poca luz) era Lucía.

_ Lucía tu.. –dije, ella inmediatamente me interrumpió-

_ Lamento lo que pasó Mily, pero no había otra forma de hacértelo ver. –respiró y continuo- lo que soñaste es algo más que un simple reflejo de tu inconsciente. Son los recuerdos de tu vida anterior.

Jamás la había escuchado hablar con tanta elocuencia, después me confesó que había buscado acerca del tema. Me contó que Diana era la prometida de Alejandro, ambos murieron en un accidente de tren y nunca llegaron a casarse. Según lo que ella creía, esa era la razón de por qué Anael estaba tan obsesionado conmigo, él era la encarnación de Alejandro cuya alma continuaba buscando a Diana, yo. Al principio me sonó muy descabellada, dado los acontecimientos pasados le di la satisfacción de la duda.

_ Pero..¿Tú qué tienes que ver en todo esto? -le pregunté y me senté en la cama-

_ Yo, soy Cynthia. -dijo con naturalidad- esa es la parte de la historia que no logro enganchar, por qué Cynthia siguió a Diana, ves, te dije que no eramos amigos solo por casualidad. Todo tiene una razón. -me sonrió- pero creo que es porque debimos ser tan cercanas como ahora.

Le respondí la sonrisa, si, quizás era cierto. En ese momento no me dijo nada más solo estábamos algo nerviosas por lo ocurrido. Una vez que ella se fue y la noche comenzó a caer.

Pensaba en la relación de Alejandro con Diana, quería saber cómo había sido. Tenía curiosidad, para que dos almas se volverían a encontrar tendría que haber un lazo muy fuerte entre ellas. Entonces miró hacía su interior, el amor de Diana estaba latente como una vieja cicatriz que persiste en el corazón.

Mildred decidió entonces darle una oportunidad a Anael..

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El tiempo fue pasando, el crudo otoño había florecido en una nueva primavera, dejando atrás el frío invierno. Dos desconocidos fueron también sembrando una ilusión que poco a poco fue creciendo como realidad hasta que por fin floreció y cruzaron sus caminos.

Dejando el orgullo de lado, superando diferencias, todo parece posible y cuando la felicidad da un efímero placer mutuo uno cree que ha encontrado lo que nunca buscó pero siempre quiso...amor. Mildred estaba bien con Anael, eran novios ahora y parecía que la historia podría esta vez tener un final feliz.

Pero esta historia estaba incompleta, un eslabón se escapaba de su vista, esa persona que cambiaría todo y haría salir a la luz la verdad. Las sombras que rodeaban el corazón de Diana se desvanecían con Alejandro cerca, pero volvían a dominarla, un secreto....el secreto que terminó con su juventud pasada sería revelado. Y el destino fue más cruel que antes.

Continuará..


viernes, 1 de octubre de 2010

Lucía

La pelirroja, histérica, gritona y desconcertada a todo hora era mi mejor amiga desde que comencé la secundaria. Me gustaba estar con ella porque al ser todo lo contrario a mi persona jamás me aburría y de cierta forma nos complementábamos con las locuras que imaginamos juntas. Nunca creí que cambiaría, bueno, que maduraría para ser honestos, lo que reafirmó mis sospechas cuando las cosas con ella se pusieron algo tensas.
Por lo que averigüe de mis contactos, alias hablé con los idiotas que más saben de chismerios y les pregunté, al parecer el "acosador" había tenido una pequeña charla con ella el día en que tuvimos el pequeño lio con la profe de matemática. Qué le habrá dicho no se, pero si el objetivo era alejarla de mi funcionó.
Al verme, Lucía se transmutaba, se ponía tímida, callada y inquietamente calma. Con eso supe que algo no andaba bien. Era como si me tuviera miedo o me evitara, lo que sea no nos hablamos por toda una semana. Fueron días tristes sin sus divertida e infantil mente de niña. Pensé que se había enojado o algo, pero simplemente no había razón para ello.
Mientras escuchaba un cd de Frank Ferdinan que recibí una llamada al celular. Como nunca suena me asusté y casi caí de la cama.

_ Hola, ¿Quién es? -dije con voz de azafata-
_ Soy Lucía. -respondió tímida- te quería pedir un favor...
_ Si, claro dime. -dije sin pensar, como la extrañaba estaba dispuesta a cualquier cosa para saber que pasaba-
_¿Me acompañarías mañana a comprar unas cosas al centro? Es que mi mamá no está y no quiero ir sola. -dijo y suspiró-
_ Si si si, solo dejame arreglar con mi vieja y te mando un mensaje queres? -hablé rápido, me sorprendí sola-
_ Bueno soo....nos vemos. -cortó sin más-

Yo me quedé un rato mirando el celular, las incertidumbres se hacían más y menos coherentes. ¿Qué la pasaba al mundo? Para colmo de la vacía conversación, más tarde recibí otra llamada y a que no adivinan quien era.

_ ¿Hola? -dije aún masticando, justo estaba cenando-¿Qui--e-n- es?
_ Soy Anael. -su voz era amable- puedo..
_ ¡No! ¡No quiero hablar! -dije y casi me atraganto- Porque mejor no me dejes en paz, ya canso el jueguito. -dije harta de escucharlo cerca- ¿quién te dio mi número?
_ Nadie, dame una oportunidad en serio quiero explicarte que pasó la otra vez... -dijo casi rogando-
_ Ni loca, ahora, si no te molesta me voy. -colgué y maldije un par de veces ya era insoportable-

No relacioné, en ese momento, ambas conversaciones. Lo que sí, sospeché por cómo sabía tanto sobre mi aquel chico. ¿Lucía le estaría ayudando? Me lo negué a mi misma, ella no haría algo así sin preguntarme.
Me fui a dormir, encima de mi cama había un atrapasueños que mi mamá había comprado cansada de encontrarme deambulando por la casa a las tres de la mañana. A penas sentí el frío de la sábanas caí profundamente dormida, como siempre..solo que esta vez el sueño había cambiado.

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No había nieve, ni edificio, solo una pequeña habitación azul. Yo miraba el paisaje. Era de noche y bajo la luz de la luna un hermoso lago jugaba con las sombras.
Una persona a mi espalda me llamó, yo le contesté pero no quise ir donde me decían. Ella me miró con preocupación y dejó una taza de porcelana sobre el escritorio a mi lado y se retiró de mala forma. Al probar la bebida fue como haber tomado alcohol puro, quemó mi garganta sin compasión. Aun así no exclamé ni una sola queja. Me estremecí contra la ventana mientras susurraba un nombre.
_ ¿Por qué lo hiciste Cynthia? -mis párpados caían fuera de mi voluntad, sin poder hacer nada me desmayé encima del escritorio-
Luego al despertar no podía ver nada...nada...nada..
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Intenté levantarme cuando me di cuenta del enredo de sábanas y frazadas que tenía, estaba prácticamente sepultada bajo ellas. Mi hermana entró y al ver el lio se largo a reír mientras yo no sabía por donde salir. Me quedé pensando en el sueño, en todos en realidad, los recordaba con detalle pero no sabía qué eran o qué significaban.
Se vistió u disfrutó la mañana de sábado, día favorito de la semana, solo se dejó llevar por el lindo sentimiento de no tener que hacer nada y eso que aún estaba en piyamas.
Recién a las tres y media se dignó a vestirse. Se preparó cargó su celular y llaves, saludo a el vecino que tanto odiaba y se dirigió al centro.
No le gustaba las multitudes, entonces comenzó a buscar a Lucía pero no la encontraba. Media hora más tarde pensó que quizás se había arrepentido y no había ido, pero justo cuando le faltaba una cuadra para llegar a su casa sintió una voz detrás suyo.

_ Mily..-era Lucía que la llamaba desde la esquina de una cortada- ven..-y corrió hacia adentro de aquella calle-

Me dirigí hacía allá, doble en la esquina, siento a alguien detrás mio...me agarra y Lucía no hizo nada. Sentía que me faltaba el aire, me costaba mantenerme en pie, luego solo me desmayé.

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Me desperté con un terrible dolor en la cabeza, no lograba recordar mucho de lo sucedido...pero en cuanto me levanté supe que algo había ocurrido. Miré mis manos, mi ropa, ¡Nada de eso era mio! Busqué un espejo con desesperación y al hallarlo.....¡¡No era yo!!


Anael

Una tarde verano fue cuando lo conocí.

No parecía nadie fuera de lo común pero había algo en él que no pude resistir, como si de alguna forma me llamara a saludarlo. Era alguien que nunca antes había visto pero desde que mi clavó la mirada no pude evitar caer en su encanto. Me acerqué, era muy tímida con las personas que no conocía y hasta en un momento pensé en lo tonta que que me veía. Lucía como en las escenas de las películas románticas donde los protagonistas se encuentran y corren a su encuentro como impulsados por una fuerza sobrehumana que domina sus cuerpos. Algo exactamente así me sucedió. Él estaba hablando con unos chicos, supongo que compañeros o amigos, yo quise detenerme e ignorarlo. Cuando menos me di cuenta estaba justo frente suyo. Mis labios se quedaron mudos de repente, no sabía que hacer y me sentía muy avergonzada...

_ ¿Tu eres Mildred cierto? -dijo él mirándome con unos ojos verdes que captaron toda mi atención--yo asentí con la cabeza y oculté mi mirada bajo mi abundante cabellera-

_ Debemos hablar, tu sabes del proyecto de física. -mintió tan bien, que hasta yo me lo creí- Me esperarías unos minutos a que termine de arreglar unas cosas?-volví a asentar y me dirigí a un banco cercano, me sentía la idiota más grande del mundo, ¿Qué demonios hacía hablando con alguien así? o peor aún ¿Por qué él me siguió la corriente? No saber que pasa a mi alrededor me molesta mucho, suelo ser bueno prediciendo las acciones de los demás pero esta vez solo fue la espectadora de la obra. Luego de un rato esperando y hojeando el libro de inglés por milésima cuarta vez, entonces siento a alguien acercase, por temor a caer en ese hechizo nuevamente mantuve la vista baja.

_ Vamos, debo hablarte de algo Mildred. -me dijo mientras me levantaba suavemente del brazo- no tengas miedo, ya no te haré desearme. -acotó con un gracia-

A esto yo lo miré con la misma inexpresión que le pongo a los comentarios que me desagradan, pero era cierto ya no pasaba nada. Esto se volvía cada vez más raro. Luego me di cuenta que jamás le había dado mi nombre, aunque seguramente lo había averiguado de algún lado, vivíamos en una ciudad pequeña. Lo miré con desconfianza, lo seguía o no, según mi conciencia no debería ir con un desconocido, pero por otro lado una parte de mí deseaba con fulgor averiguar que misterios ocultaban esos ojos verdes. Guardé el libro de inglés en mi mochila y le dije:

_ ¿Cómo te llamas? -el primer impulso-

_ Soy Anael, no me conoces pero vamos al mismo curso. -me mira esperando a que lo reconociera, cosa que no pasó- me transfirieron a mitad de año, el lento de la fila?

_ -ahí me acordé, una vez lo había llamado así- creo que si, pero ¿Qué quieres? -fui directa, no soy de dar vueltas al asunto-

_ Solo quiero hablarte, pero no aquí. -señala a un preceptor que se nos vigilaba desde la esquina del patio-

_ Está bien, donde entonces? -le dije mientras cargaba mi mochila-

_ En la parte trasera de playón de Ed. Física al terminar el tercer módulo, te parece? -respondió certero, estaba claro que lo tenía planeado-

_ Bien, solo escucha. -me acerqué a su oído- llega a ser una broma y lo lamentaras, sino pregunta lo que le pasó a García.

Ese chico era muy extraño a mi gusto, tenía algo familiar pero no agradable. Miles de sensaciones me invadía a su lado, como si fueran deja vus uno detrás de otro. En mi interior un mal sentimiento comenzó a crecer, pero era muy distraía para notarlo.

A la tarde luego de terminar con el turno tarde, les dije a mis compañeras que iría a la biblioteca para devolver un libro y con lo traga que me creen no tuve problemas.

Después de evitar a los profesores de Ed. física tomé mi libro más pesado y lo sostuve, nunca se sabe que pueda pasar. Me dirigí a la parte trasera y entre las sombras de la tarde pude distinguir su espesa cabellera oscura. Fue allí donde surgió una incógnita y yo simplemente la encubrí pensando algo vago.

Me acerqué y lo miré recia, él solo me sonrió y con una voz más dulce que la anterior dijo:

_ Te he buscado por mucho Diana. -en mi interior algo resurgió de entre mi alma- Aún no me reconocer ¿Cierto? No te preocupes ya habrá tiempo para eso. -se acercó a mi de forma que me despistó y sin más me besó apasionadamente-

Yo me lo quité de encima, ¿Qué demonios pensaba?. Me le arrimé y lo empuje tan fuerte que calló al piso y entonces mientras se levanta yo indignada le grité.

_ ¡Pero qué crees que haces! ¡Eres un pervertido! -no pensaba enojada y al mismo infeliz porque aquel había sido mi primer beso, yo obviamente no le esperaba así- ¡Idiota!

Pegué media vuelta y tirando el libro al suelo corrí al bicicletero y como si me persiguiera el mismo Lucifer salí lo más pronto posible de ese lugar. Escuché unos gritos detrás pero no pude entender nada y solo los ignoré.

Llegué a casa y la merienda ya estaba lista, yo no estaba de ánimos y lo dejé para después, me fui a mi cuarto y me puse a dibujar. De repente pensé en lo sucedido y una ira me invadió tuve deseos de cortarle los labios a aquel imbécil. Estaba tan triste por lo del beso, cosa que creí no me importaba, que terminé por ir caminando a la casa de mi mejor amiga (vive a 15 cuadras de mi casa).

el problema fue que al preguntar su madre me dijo que había salido. Ese día no podía empeorar.

Regresé a casa, le grité a mi hermana y me encerré en el baño. Puede que suene estúpido pero es el único lugar donde pienso con la mente bien tranquila. Me miré al espejo y como muchas veces antes me dije que no pasaba nada y lo olvidara.

Esa noche tuve un sueño extraño...

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Como si yo fuera solo una espectadora, mi cuerpo se movía sobre las paredes de un elegante edificio. Intenté ver mi reflejo en los vidrio de las enormes ventanas pero no pude. Tenía un vestido negro, eso lo recuerdo bien, estaba buscando algo o alguien con desesperación y mi voz se escuchaba diferente más profunda y solloza.

Continué así un tiempo, una música, una triste música se empezó a escuchar. Mis ojos lloraban sin control, mi cuerpo comenzó a temblar sin darme cuenta la nieve me rodeaba.

Entre la blanca prisión de hielo distinguí una sombra, alcé mi mano en busca de su ayuda pero esta no respondió, me abandonó a mi suerte.

La vida se escapaba con cada suspiró en forma de vapor que salía de mis gélidos labios, pensé que ese sería mi fin...cuando...una luz cálida y reconfortante apareció. Luego sentía como si me cargaran suavemente a un paso lento, apenas abrí los ojos un extraño de ojos azules me abrazaba como si fuera lo más delicado del mundo. Él me había rescatado de la agonía, quise decirle algo pero no tenía fuerza alguna.

A pesar de saber que estaba a salvo, el frío continuaba creciendo dentro de mí, la muerte caminaba a mi lado y susurraba palabras en un idioma desconocido. La mujer que era aceptó el trato con ella y después...nada.

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El despertador fue lo más amargo que escuché para salir de aquella visión tan lúgubre y melancólica. A penas me destapé el frío de mi sueño se hizo presente y quedé congelada unos minutos.

Mi hermana menor entró al cuarto y gritando como siempre reprochaba que me levantara para ir a la escuela. Tuvo que sacudirme un par de veces para que obedeciera su orden -maldita enana mandona-.

Tan pronto me arreglé me puse mi uniforme y salí disparada por la hora. Siempre llegaba tarde, la preceptora ya ni siquiera se molestaba por tenerme en cuenta. Contra viento me hice las 20 cuadras y pasando algunos semáforos la voz de Lucía me llamaba desde atrás.

_ ¡Espérame Mily! -gritaba mientras pedaleaba más rápido a alcanzarme- ¡Vamos para un poco!

_ ¡Apurate nena! -le contesté mientras paraba en la esquina- ¡Otra vez llegaremos tarde!

Sin importa cuanto nos esforzamos, otra vez tarde tuvimos que esperar hasta que abrieran el portón de entrada. Mientras nos moríamos de calor ante el sol del amanecer le contaba a la pelirroja sobre mi extraño sueño de fantasía. Ella muy imaginativa y romántica comenzó con sus delirios. Que quizás era una señal de que pronto aparecería un noble príncipe que me rescataría de la maldición de la soltería que me fue impuesta cuando me negué al chico más lindo de la escuela. Esta es la teoría que más gracias me dio por eso será la única en ser mencionada.

Una vez en el aula, la profe "hola, buenos días, qué raro tarde ustedes dos."; nosotras "si, buenas...". Todo normal, hasta que al llegar a mi banco me encontré con una desagradable sorpresa. Me paré, puse mi mochila en en la silla y dije:

_ ¿Qué haces aquí? -le dije a Anael mirando sus inconfundibles ojos verdes-

_ Ya te dije que soy tu compañero de clase. -dijo en voz baja y medio avergonzado- vamos, quiero hablarte sobre lo de ayer...-casi en un susurro-

_ Pero qué ayer, ni qué c...uartos..-dije percatando la mirada asesina que la profesora me había dedicado con su sonrisa retorcida- vete idiota. -lo dije más cerca y bajo mientras tomaba mi lugar-

_ Lo lamento, yo.. -pensó unos segundo, me pareció algo forzada su respuesta- te confundí con otra persona.

_ No me interesa, vete de mi lado o te arrepentirás. -le clavé mis ojos marrones con la seña "shi-ne"-

_ Pero yo...

_¡Dejen de hablar Arguello y Ruffiner! Se quedan donde están y no quiero oir no una palabra más por el resto de mi clase, ¿Entendido? -nos amenazó con la regla en mano-

Ambos asentimos y nos callamos. Entonces comenzó el típico cuchicheo de las chusmas. "Oh, si Mildred le habló así le debió haber hecho algo""Ellos nunca se hablaron por qué de repente entonces...""Serán novios en secreto?" y muchas estupideces más, me enferman.

En tanto iba copiando, Anael me miraba, copiaba dos renglones y me miraba y no era nada disimulado. Ahora más que mal recuerdo me ponía incómoda al punto de querer lanzarle con el compás, abierto.

Cuando tocó el timbre fue el momento más feliz del día, salí con Lucia al kiosco que de costumbre estaba lleno de chicos. Me compré unas galletitas cualquiera y las compartí con ella, era muy despistada la mayoría de las veces dejaba el dinero en la mesa de la cocina y se lo olvidaba.

Entonces en cuanto nos sentamos en el lugar de siempre empezó con su juego de interrogatorio.

_ Hey Mily, ¿De qué hablaban vos y Ruffiner? -dijo casi imperceptible como un zumbido de abeja-

_ De nada, ayer me jugó una broma y tu sabes. -le contesté cortante, lástima que eso nunca la detiene-

_ En serio? Tu nunca te has hablado con él, es más dudo que supieras que era tu compañero como siempre ignoras a los chicos. -intentó hablar mientras comía pero como no lo entendí nada empezó a hacer unas señas con las manos que solo alguien que la conoce tanto como yo puede comprender o al menos intentarlo-

_ Nah, es que nos tropezamos y no se, el idiota se le dio por jugarme una y no la banqué. -miró ahcia otro para mentir mejor- me molesta...