domingo, 17 de octubre de 2010

Stephan

Era un día extraño para Mildred, era temporada de lluvias.
Había salido de la escuela, no tenía nada a la tarde y debía ir a visitar a su abuela. Lo único bueno de eso era el camino, atravesar la costanera del río y estar rodeada de aquellos enormes árboles era una de las experiencias más agradables que se puede encontrar en un ciudad.
Mientras lloviznaba el cielo gris le daba un toque de tranquilidad, aunque el viento helado golpeando contra su cara no le era del todo refrescante por así decirlo.
Se recorrió medía costanera, tan solo bastaba con cruzar por una pasarela y ya estaría directo hacía lo de su abuela.
Cruzó mirando lo bajo que estaba el río, daba lástima casi pero quizás con la lluvia sería distinto. Al levantar la vista se percata que había alguien del otro lado, un joven encapuchado y con lentes de sol...le pareció extraño hasta que al verlo más de cerca notó un bastón blanco en su mano.
Era ciego ahh....pensó para sus adentros.
Siguió caminando pero al momento del cruce sintió algo entre ellos, como si hubiera un lazo entre ellos que los obligaba a frenarse en medio de aquel cruce. Apenas miró por encima de su hombro, él también estaba como congelado entre la llovizna.
Un nombre se le vino a la mente e inconsciente susurró:

_ Vladimir. -sintió un repentino impulso de llorar...fue algo muy extraño.... pero luego pensó en lo tonta que se veía, hablando sola en medio del río y mirando de reojo a un desconocido-

Se volteó y se escondió en su bufanda por la confusión de emociones. Siguió caminando hasta llegar al otro lado y tan pronto piso la vereda siguiente el chico caminó nuevamente.
Qué extraño, pensó y se percató que en los últimos meses nada había sido muy normal. Suspiró resignada y continuó con su camino. Su abuela la mataría si llegaba tarde.

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Al día siguiente, Mildred decidió pasar a visitar a su abuela, otra vez.
Salió, caminó y llegó al puente...y por coincidencia que pareciera él estaba allí de vuelta. Esta vez no bajó la mirada, lo examinó con atención, tratando de saber de donde le era tan familiar.
Intentaba verlo, pero entre los lentes oscuros y la capucha no podía siquiera saber qué color de pelo tenía.
A su lado, casi rozando sus brazos, la sensación era la misma. El viento la despeinó pero ella continuó inmóvil. Él hizo un paso, tanteó con su bastón un momento como si dudara de donde debía ir. Finalmente camino y esta vez fue él quien se alejó primero.
La joven de cabello suelto lo miró hasta que se perdió entre los árboles cercanos. Suspiró y apoyándose en el borde del puente miró el río pensando...¿Quién era?

Esa misma noche, a la hora de dormir recibió una llamada de Anael.

_ Hola, Mily. -dijo con su voz dulce de siempre- ¿Cómo la pasaste en lo de tu abuela?

_ Bien, bien solo que...-calló un segundo- el clima sigue horrendo, pero como mi mamá me tiene de chica de mandados creo que mañana voy a volver a ir.

_ Extraño que volvamos juntos de la escuela, tengo una idea ¿y si te acompaño? Así conocería a la famosa vieja cascarrabias como la apodas. -le preguntó en un tono gracioso al final-

_ Emm.. se tensó un poco- no quiero molestarte, además solo será por esta semana, mañana termino y luego volveremos a lo de antes. -le dijo más calma y disimulando el hecho que lo excluía-.

_ Esta bien, como quieras. -le respondió comprensivo o quizás ingenuo- Beso, nos vemos.

_ Beso Anael. -le tiró un beso por el celular y cortó-

Al hacer esto notó que su hermana la miraba con los ojos como platos. Se le acerca y con su actitud normal le dice:

_ ¿Qué miras engendro? -frunce el seño-

_ Ese chico logra maravillas, no recuerdo la última vez que trataste tan bien a alguien o aún peor cuando fue la última vez que no hablaste con ese tono de macho. -le dijo con risa mientras le hacía burla con lo del beso-

_ ¡Te voy a matar! -le dijo y se abalanzó sobre ella mientras comenzaba una de sus típicas peleas-

Terminada la pelea, ambas niñas, castigadas por los gritos se fueron a dormir. Una de ellas soñó con arco iris y unicornios medios gays..mientras que la otra..

Querido Diario:
Hoy conocí a un joven amigo de mi primo. Es un ruso de la antigua ciudad de Moscú, es agradable y humilde...no tendría que escribir eso, ya que estoy comprometida con Alejandro, pero hay algo en él que me hace sentir miedo y confusión. Creo que es alguien especial, ya se que sonará estúpido más aún viniendo de alguien como yo, pero.. es que siento que el frío se va cuando está a mi lado. Lo encontré en el jardín cerca del lago, pensé que era Alejandro y por error le jugué una broma que terminó por hacerlo caerse al agua.
Espero que no haya dado una mala impresión, aunque él muy amable me disculpó e inclusive me agradeció ya que el día estuvo muy caluroso. Que vergüenza la mía, cosa que empeoró ya que Alejandro estaba mirándome y se acercó para hacer su presentación y de paso llevarme de vuelta a la casa con él. ¿Habrá tenido celos?
Al dulce de Alejandro no le cayó muy bien la visita de hoy, pero se bien que volverá a ser calmo como siempre. Mi corazón es suyo después de todo y la confianza es algo que yo aprecio, no creo que vuelva a ocurrir. Solo mi ilusioné por conocer a alguien nuevo, después de tantos años encerrada en este campo una olvida lo que es...estar en companía de alguien nuevo.
Diana

La joven apagó la vela de su escritorio y se recostó con una sonrisa...

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Mildred despertó, tocó su almohada y sintió ganas de quedarse, había soñado de nuevo y casi ni descansaba. Lo más extraño esta vez fue que no recordó nada del sueño, como que tenía la mente en blanco, literalmente.
Se levantó y cuando empezó a caminar para el colegio cuando de repente escuchó una voz detrás suyo.

_ ¡Mily! - cuando la joven se volteó vio a Lucía acercándose cuando de pronto la sintió abrazarla con emoción-

_¡Luu! ¡Podrías quitarte me asfixias! -le reprochó pero riendo en lo que se sostenía de un árbol para no caer- Años que no te veo.

_ Sip, pero es solo porque tuve unos problemas familiares. -se detuvo un minuto y luego se bajó de su amiga- pero ahora todo bien. -le dedicó una sonrisa de oreja a oreja-

_ Me alegro, la verdad ya te extrañaba con locura y todo. -le dijo cuando recordó la hora- ¡Vamos que debo pasar por Anael! -le dijo y tomándola del brazo la llevó a rastra a una corrida bastante densa-

Lucía se percató que su amiga no le veía para cambiar su expresión a una fría y hasta oscura, como ocultando algo que le era imposible mostrar ante Mildred.

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Esa tarde, Lucía y Anael se fueron juntos y Mildred continuó sola. La costanera ya no lograba abstraerla, porque en realidad estaba pensando en otra cosa, otra persona invadía su mente y eso la hacía perderse entre los árboles y arbustos que la rodeaban.
Llegó a la pasarela, caminó pero se detuvo justo frente a él. Entonces de su mochila se cayeron sus llaves. El misterioso joven se agachó a recogerlas, en lo que tardó un poco por tener que tantear hasta agarrarlas.

_¿Se te cayó esto? -le preguntó con una voz serena y gentil-

_ Emm..si, gracias. -dijo ella avergonzada por no haberlas recogido antes- este...

_ Soy Stephan. -la interrumpió casi con la misma ansiedad que ella sentía, luego le extendió la mano para saludarla-

_ Mildred. -le respondió y al tomar su mano se quedó admirada de lo cálido que era-

_ Un placer Mildred. -le dijo mientras una sutil sonrisa se dibujaba en su rostro-

_ Igualmente. -le contestó como las idiotas que tanto odiaba en los novelas- ¿Pasas mucho por aquí? -preguntó ingenua, mientras intentaba verlo más allá de todo lo que lo cubría-

_ Si, es el camino a mi casa en realidad. -dijo riendo por la inseguridad en la voz de la joven- no te impresiones, que no vea no significa que tu seas la que esté incómoda. -le dijo con una simpatía particular-

_ ¡No! No no no, no quise...yo solo...no es que esté incómoda. -se excuso pero en realidad había metido la pata como siempre- lo siento. -susurró y entonces comenzó a llover-

_ No pasa nada tranquila. -contestó y entonces alzó las cejas y le preguntó- ¿No tienes paraguas?

_ Lo olvidé. -contestó mientras la lluvia la mojaba- pero no importa estoy cerca de la casa de mi abuela, llego rápido. -diciendo esto y por escapar de la vergüenza siguió su camino cuando algo la detiene-

_ Espera. -le frenó el paso con su bastón, ella quedó inmóvil- Permíteme por favor. -se sacó la campera, y se la ofreció-

_ No hace falta. -le dijo pero al verle el cabello se pareció quedar hipnotizada, ¡Era el chico del parque! -...

_ No me tengas lástima y acéptalo. -le dijo firme, estaba cansado que el mundo entero le hiciera favores cuando él nunca era buscado para ayudar-

_ -tomó la campera y mirándolo fijo sintió ese lazo entre ellos- Gracias, pero ¿Cómo te la devolveré?

_ - él sonrió y con un tono cautivador le respondió- cuando nos volvamos a cruzar en este puente. Adios Mildred. -dicho esto se apresuró a salir del cruce para cubrirse con los árboles del otro extremo-

_ Adios... -dijo ellas mientras se ponía la campera y se cubría con la capucha-

Anduvo anonadada casi todo el resto del día y seguía con ganas de decir algo pero no sabía qué era.
Al regresar a su casa, fue directo a su cuarto y cerró la puerta. Tenía dos llamadas perdidas, amabas de Anael, pero no contestó. Solo se acostó en su cama y con la campera de Stephan en sus manos sintió algo particular en esa prenda.

_ Ese aroma, yo lo conozco. -entonces su vista se perdió y de la nada dijo- el jardín de Nubia.

Se quedó en esa posición un rato, sentía una paz que la llenaba por completo, era diferente a Anael pero a la vez se parecía. Algo complicado de explicar, una sensación de confusión inundó su corazón. El dulce sabor de una vieja melodía se le escurría en los labios. Tomó el celular y mandó un mensaje a su novio, como si eso le quitara la culpa, solo se dignó a esperar que el sueño llegara...

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_ No me dejes. -voz femenina-

_ No podemos seguir así, esto es una farsa. -le contestó una voz masculina y enfurecida-

_ ¡Por favor no lo hagas! ¡ Yo te amo a ti! -dijo temblorosa y llena de miedo, mientras un ruido de platos rotos de escuchaba a lo lejos- ¡Ya basta!¡Detente!

_ ¡Cállate! -algo se cayó he hizo un gran ruido- que...qué hice? -está vez el tono de volvió lastimero- ¡Diana!

_ ¡Qué sucedió aquí! -una tercera voz, también masculina se hizo presente- ¡Diana! ¡Qué le hiciste! -

Sonidos, peleas, cosas que se rompían todo se mezclaba en un escenario puramente blanco. El ambiente se sentía hostil y temeroso, Diana tuvo miedo y decidió intervenir.. pero simplemente no pudo...

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Mildred despertó cubierta en lágrimas. Sus ojos marrones brillaban con intensidad mientras su pecho se contraía de dolor...


-Continuará-

3 comentarios:

  1. Sa-chan.. perdoname, tuve unos problemas con internet y no pude leerlo antes... Simplemente ME ENCANTO... Stephan es el hermano de Livia y es ciego y el final intrigante y knsfñjgbvÑGFÑSDOFJÑDSOJÑSOñasdokas... sos una geniaa y no se si te lo dije, SOS MI IDOLA <3

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  2. GRacias Caro-chan! jajaj no hay problema ^^
    Qué bueno que te guste, ya el otro tiene un pequeño aviso que seguro te va a gustar ajjaja xD

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  3. oh Sa-chan, perdón por no leer antes, de verdad que ando muy corta de tiempos, ya te dije esta historia me E N C A N T A y me intriga xD, excelente trabajo, ya sigo con el otro cap ;)

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