viernes, 1 de octubre de 2010

Anael

Una tarde verano fue cuando lo conocí.

No parecía nadie fuera de lo común pero había algo en él que no pude resistir, como si de alguna forma me llamara a saludarlo. Era alguien que nunca antes había visto pero desde que mi clavó la mirada no pude evitar caer en su encanto. Me acerqué, era muy tímida con las personas que no conocía y hasta en un momento pensé en lo tonta que que me veía. Lucía como en las escenas de las películas románticas donde los protagonistas se encuentran y corren a su encuentro como impulsados por una fuerza sobrehumana que domina sus cuerpos. Algo exactamente así me sucedió. Él estaba hablando con unos chicos, supongo que compañeros o amigos, yo quise detenerme e ignorarlo. Cuando menos me di cuenta estaba justo frente suyo. Mis labios se quedaron mudos de repente, no sabía que hacer y me sentía muy avergonzada...

_ ¿Tu eres Mildred cierto? -dijo él mirándome con unos ojos verdes que captaron toda mi atención--yo asentí con la cabeza y oculté mi mirada bajo mi abundante cabellera-

_ Debemos hablar, tu sabes del proyecto de física. -mintió tan bien, que hasta yo me lo creí- Me esperarías unos minutos a que termine de arreglar unas cosas?-volví a asentar y me dirigí a un banco cercano, me sentía la idiota más grande del mundo, ¿Qué demonios hacía hablando con alguien así? o peor aún ¿Por qué él me siguió la corriente? No saber que pasa a mi alrededor me molesta mucho, suelo ser bueno prediciendo las acciones de los demás pero esta vez solo fue la espectadora de la obra. Luego de un rato esperando y hojeando el libro de inglés por milésima cuarta vez, entonces siento a alguien acercase, por temor a caer en ese hechizo nuevamente mantuve la vista baja.

_ Vamos, debo hablarte de algo Mildred. -me dijo mientras me levantaba suavemente del brazo- no tengas miedo, ya no te haré desearme. -acotó con un gracia-

A esto yo lo miré con la misma inexpresión que le pongo a los comentarios que me desagradan, pero era cierto ya no pasaba nada. Esto se volvía cada vez más raro. Luego me di cuenta que jamás le había dado mi nombre, aunque seguramente lo había averiguado de algún lado, vivíamos en una ciudad pequeña. Lo miré con desconfianza, lo seguía o no, según mi conciencia no debería ir con un desconocido, pero por otro lado una parte de mí deseaba con fulgor averiguar que misterios ocultaban esos ojos verdes. Guardé el libro de inglés en mi mochila y le dije:

_ ¿Cómo te llamas? -el primer impulso-

_ Soy Anael, no me conoces pero vamos al mismo curso. -me mira esperando a que lo reconociera, cosa que no pasó- me transfirieron a mitad de año, el lento de la fila?

_ -ahí me acordé, una vez lo había llamado así- creo que si, pero ¿Qué quieres? -fui directa, no soy de dar vueltas al asunto-

_ Solo quiero hablarte, pero no aquí. -señala a un preceptor que se nos vigilaba desde la esquina del patio-

_ Está bien, donde entonces? -le dije mientras cargaba mi mochila-

_ En la parte trasera de playón de Ed. Física al terminar el tercer módulo, te parece? -respondió certero, estaba claro que lo tenía planeado-

_ Bien, solo escucha. -me acerqué a su oído- llega a ser una broma y lo lamentaras, sino pregunta lo que le pasó a García.

Ese chico era muy extraño a mi gusto, tenía algo familiar pero no agradable. Miles de sensaciones me invadía a su lado, como si fueran deja vus uno detrás de otro. En mi interior un mal sentimiento comenzó a crecer, pero era muy distraía para notarlo.

A la tarde luego de terminar con el turno tarde, les dije a mis compañeras que iría a la biblioteca para devolver un libro y con lo traga que me creen no tuve problemas.

Después de evitar a los profesores de Ed. física tomé mi libro más pesado y lo sostuve, nunca se sabe que pueda pasar. Me dirigí a la parte trasera y entre las sombras de la tarde pude distinguir su espesa cabellera oscura. Fue allí donde surgió una incógnita y yo simplemente la encubrí pensando algo vago.

Me acerqué y lo miré recia, él solo me sonrió y con una voz más dulce que la anterior dijo:

_ Te he buscado por mucho Diana. -en mi interior algo resurgió de entre mi alma- Aún no me reconocer ¿Cierto? No te preocupes ya habrá tiempo para eso. -se acercó a mi de forma que me despistó y sin más me besó apasionadamente-

Yo me lo quité de encima, ¿Qué demonios pensaba?. Me le arrimé y lo empuje tan fuerte que calló al piso y entonces mientras se levanta yo indignada le grité.

_ ¡Pero qué crees que haces! ¡Eres un pervertido! -no pensaba enojada y al mismo infeliz porque aquel había sido mi primer beso, yo obviamente no le esperaba así- ¡Idiota!

Pegué media vuelta y tirando el libro al suelo corrí al bicicletero y como si me persiguiera el mismo Lucifer salí lo más pronto posible de ese lugar. Escuché unos gritos detrás pero no pude entender nada y solo los ignoré.

Llegué a casa y la merienda ya estaba lista, yo no estaba de ánimos y lo dejé para después, me fui a mi cuarto y me puse a dibujar. De repente pensé en lo sucedido y una ira me invadió tuve deseos de cortarle los labios a aquel imbécil. Estaba tan triste por lo del beso, cosa que creí no me importaba, que terminé por ir caminando a la casa de mi mejor amiga (vive a 15 cuadras de mi casa).

el problema fue que al preguntar su madre me dijo que había salido. Ese día no podía empeorar.

Regresé a casa, le grité a mi hermana y me encerré en el baño. Puede que suene estúpido pero es el único lugar donde pienso con la mente bien tranquila. Me miré al espejo y como muchas veces antes me dije que no pasaba nada y lo olvidara.

Esa noche tuve un sueño extraño...

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Como si yo fuera solo una espectadora, mi cuerpo se movía sobre las paredes de un elegante edificio. Intenté ver mi reflejo en los vidrio de las enormes ventanas pero no pude. Tenía un vestido negro, eso lo recuerdo bien, estaba buscando algo o alguien con desesperación y mi voz se escuchaba diferente más profunda y solloza.

Continué así un tiempo, una música, una triste música se empezó a escuchar. Mis ojos lloraban sin control, mi cuerpo comenzó a temblar sin darme cuenta la nieve me rodeaba.

Entre la blanca prisión de hielo distinguí una sombra, alcé mi mano en busca de su ayuda pero esta no respondió, me abandonó a mi suerte.

La vida se escapaba con cada suspiró en forma de vapor que salía de mis gélidos labios, pensé que ese sería mi fin...cuando...una luz cálida y reconfortante apareció. Luego sentía como si me cargaran suavemente a un paso lento, apenas abrí los ojos un extraño de ojos azules me abrazaba como si fuera lo más delicado del mundo. Él me había rescatado de la agonía, quise decirle algo pero no tenía fuerza alguna.

A pesar de saber que estaba a salvo, el frío continuaba creciendo dentro de mí, la muerte caminaba a mi lado y susurraba palabras en un idioma desconocido. La mujer que era aceptó el trato con ella y después...nada.

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El despertador fue lo más amargo que escuché para salir de aquella visión tan lúgubre y melancólica. A penas me destapé el frío de mi sueño se hizo presente y quedé congelada unos minutos.

Mi hermana menor entró al cuarto y gritando como siempre reprochaba que me levantara para ir a la escuela. Tuvo que sacudirme un par de veces para que obedeciera su orden -maldita enana mandona-.

Tan pronto me arreglé me puse mi uniforme y salí disparada por la hora. Siempre llegaba tarde, la preceptora ya ni siquiera se molestaba por tenerme en cuenta. Contra viento me hice las 20 cuadras y pasando algunos semáforos la voz de Lucía me llamaba desde atrás.

_ ¡Espérame Mily! -gritaba mientras pedaleaba más rápido a alcanzarme- ¡Vamos para un poco!

_ ¡Apurate nena! -le contesté mientras paraba en la esquina- ¡Otra vez llegaremos tarde!

Sin importa cuanto nos esforzamos, otra vez tarde tuvimos que esperar hasta que abrieran el portón de entrada. Mientras nos moríamos de calor ante el sol del amanecer le contaba a la pelirroja sobre mi extraño sueño de fantasía. Ella muy imaginativa y romántica comenzó con sus delirios. Que quizás era una señal de que pronto aparecería un noble príncipe que me rescataría de la maldición de la soltería que me fue impuesta cuando me negué al chico más lindo de la escuela. Esta es la teoría que más gracias me dio por eso será la única en ser mencionada.

Una vez en el aula, la profe "hola, buenos días, qué raro tarde ustedes dos."; nosotras "si, buenas...". Todo normal, hasta que al llegar a mi banco me encontré con una desagradable sorpresa. Me paré, puse mi mochila en en la silla y dije:

_ ¿Qué haces aquí? -le dije a Anael mirando sus inconfundibles ojos verdes-

_ Ya te dije que soy tu compañero de clase. -dijo en voz baja y medio avergonzado- vamos, quiero hablarte sobre lo de ayer...-casi en un susurro-

_ Pero qué ayer, ni qué c...uartos..-dije percatando la mirada asesina que la profesora me había dedicado con su sonrisa retorcida- vete idiota. -lo dije más cerca y bajo mientras tomaba mi lugar-

_ Lo lamento, yo.. -pensó unos segundo, me pareció algo forzada su respuesta- te confundí con otra persona.

_ No me interesa, vete de mi lado o te arrepentirás. -le clavé mis ojos marrones con la seña "shi-ne"-

_ Pero yo...

_¡Dejen de hablar Arguello y Ruffiner! Se quedan donde están y no quiero oir no una palabra más por el resto de mi clase, ¿Entendido? -nos amenazó con la regla en mano-

Ambos asentimos y nos callamos. Entonces comenzó el típico cuchicheo de las chusmas. "Oh, si Mildred le habló así le debió haber hecho algo""Ellos nunca se hablaron por qué de repente entonces...""Serán novios en secreto?" y muchas estupideces más, me enferman.

En tanto iba copiando, Anael me miraba, copiaba dos renglones y me miraba y no era nada disimulado. Ahora más que mal recuerdo me ponía incómoda al punto de querer lanzarle con el compás, abierto.

Cuando tocó el timbre fue el momento más feliz del día, salí con Lucia al kiosco que de costumbre estaba lleno de chicos. Me compré unas galletitas cualquiera y las compartí con ella, era muy despistada la mayoría de las veces dejaba el dinero en la mesa de la cocina y se lo olvidaba.

Entonces en cuanto nos sentamos en el lugar de siempre empezó con su juego de interrogatorio.

_ Hey Mily, ¿De qué hablaban vos y Ruffiner? -dijo casi imperceptible como un zumbido de abeja-

_ De nada, ayer me jugó una broma y tu sabes. -le contesté cortante, lástima que eso nunca la detiene-

_ En serio? Tu nunca te has hablado con él, es más dudo que supieras que era tu compañero como siempre ignoras a los chicos. -intentó hablar mientras comía pero como no lo entendí nada empezó a hacer unas señas con las manos que solo alguien que la conoce tanto como yo puede comprender o al menos intentarlo-

_ Nah, es que nos tropezamos y no se, el idiota se le dio por jugarme una y no la banqué. -miró ahcia otro para mentir mejor- me molesta...

3 comentarios:

  1. :), me gusta mucho, aunque todavía no ocurren demasiadas cosas y otras no están muy claras, espero que la sigas, buen trabajo Sa-chan ^^

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  2. Ese es el punto, todo tiene un porqué lo tengo tibiamente calculado Alfo-chan, gracias por comentar :3

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  3. Esta muy buena. me copó, voy a seguir leyendo :D

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